De recuerdos, aventuras y reflexiones|Diciembre fue…

Por Tania Farias

La hora de los adioses había llegado y mi hijo no ocultó su tristeza. Mientras una lágrima resbalaba por su mejilla, el corazón se me apachurraba incapaz de calmar ese dolorcito en su alma infantil. Yo también había estado a punto de llorar al envolverme en los brazos de esos seres queridos a los que les repetía un «hasta luego» sin saber cuándo sería la próxima vez. 

Una vez en el carro, mi niño se soltó en un llanto quieto, pero lleno de emociones. Busqué consolarlo con caricias, un abrazo y diciéndole que regresaríamos en poco tiempo, que tan solo se trataba de un hasta pronto. Mas mis palabras sonaban un tanto vacías pues no tenía una fecha precisa en el calendario.

El movimiento continuo del carro aunado al cansancio acumulado después de tantas reuniones, desveladas y emociones, hizo efecto y después de un momento, mi pequeño se quedó dormido recargado sobre mi hombro. Mientras acariciaba su mejilla, aún humedecida por el llanto, un pensamiento asaltó mi mente: ese fin de año nos había sorprendido con muchas emociones, las cuales, sumergida en las actividades cotidianas no había encontrado el momento para reflexionar ni procesar. 

Un año entero se había ido y en otras circunstancias me habría dado la oportunidad de repasar y evaluar lo que el 2024 había sido para mí y los míos, sin embargo, en esa fresca mañana de inicio de año no tenía la energía para remontar doce meses: diciembre, por sí solo, había sido lo suficientemente intenso. Frente a mis ojos desfilaban esos paisajes tan conocidos conforme el carro se alejaba y el recuento del mes, en mi cabeza.

Diciembre fue un mes de nuevos encuentros. Después de más de un año de haber regresado al país y de vivir en esa gran ciudad, sentía que finalmente había comenzado a crear relaciones que podrían tener un futuro. Mi hijo también había empezado a sentirse aceptado y adaptado en este nuevo ambiente; tenía nuevos amigos y un día volviendo de sus clases me había dicho con serenidad que aunque seguía extrañando Canadá, vivir en México no estaba mal. Recuerdo haber sentido un calorcito que se expandía desde el corazón hacia todo mi cuerpo y que culminó con una sonrisa en mis labios. 

Diciembre también había sido un mes de reencuentros. Las fiestas de fin de año son sin duda una época ideal para reunirnos con amigos que vuelven a casa y, por supuesto, con la familia, en especial cuando se vive a una distancia lo suficientemente larga como para poder disfrutar de reuniones frecuentes. 

Diciembre fue volver a casa, al pueblo. Fue volver a caminar por las calles que me vieron crecer, de subir los senderos que algún día recorrí, fue volver a abrazar a aquellos que nos acompañaron durante nuestra niñez y de quienes la vida adulta nos obligó a alejarnos.

Diciembre fue un mes para volver a ver caras que un día habían sido cotidianas y que la distancia las había vuelto difusas. También fue un mes para recordar y revivir a través de las palabras aquellos momentos en que la vida pasaba sin mayores preocupaciones.

Diciembre fue un mes para abrazar, para besar y reír a carcajadas, pero también fue un mes de adioses, de corazones tristes al despedirnos de amigos queridos que se mudaron a un nuevo país con la promesa de hacer todo lo posible por conservar esa amistad que el cotidiano había fortalecido. 

Y al final de las vacaciones, una vez que las fiestas terminaron y la hora de volver a casa marcó también el momento de los adioses con la familia, diciembre también fue un último abrazo, un último beso, un adiós con la mano a través del cristal del auto, con las lágrimas agolpándose en las pupilas, deseando que este nuevo año nos traiga muchas oportunidades para reencontrarnos de nuevo.

Si te gustó este artículo también te podría interesar:

Publicado por tanif24

Nací en Zapotlán el Grande, México y después de haber vivido en el extranjero por dos décadas regresé a mi país y actualmente resido en CDMX. Soy Licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Colima, México y Maestra en Recursos Humanos por la Universidad París XII, Francia. Colaboré en la revista cultural Ventana Latina en Londres, Inglaterra y después de un pasaje por Toronto, Canadá he participado en diferentes antologías como Nostalgia Bajo Cero (2020), Laboratorio de Historias Breves (2021), La Casa en el Arce (2022), Sexta Antología de Escritoras Mexicanas (20239. Actualmente publico para las revistas Bikiniburka de España y Lacoyol de México.

Deja un comentario