Sólo conmigo


Por Quenimo

Sábado en la tarde, como últimamente lo hago, hoy me toca consentirme. Día de ir al baño de vapor; tradición ancestral, antes era el temazcal. Toda la semana preparo minuciosamente las cosas para disfrutarlo al máximo: hierbas, jabones, estropajos, mantas, champú, mascarillas, toallas y demás artículos. Son las 3 de la tarde, todo listo. Entro al vestidor, me desnudo lentamente. A mi nariz llega el sutil aroma de la combinación de hierbas en ebullición: menta, romero, té limón, lavanda, albahaca, que escogí para este día. Oigo el agua, el vapor; a lo lejos se oyen las estrofas de «Love Myself» de Hailee Steinfeld. Desde aquí empieza mi disfrute.

Me veo frente al espejo, ya el tiempo se ve reflejado en mi cuerpo; me gusta, me gusta mi imagen. Entro al cuarto de vapor. Me acuesto en la plancha de granito, descanso y a la vez mi cuerpo empieza a relajarse.

Ante todo, la limpieza es el motor de hacer este hermoso ritual. Empiezo en mi pie izquierdo, lo froto suavemente para retirar células muertas, sigo hacia arriba en la pantorrilla, a la pierna y llego a mis muslos. Del lado derecho es lo mismo.

Recorro mis manos, codos, brazos. Mi torso, mis senos, mi bajo vientre, mi espalda. Enjuago, repito la frotación, vuelvo a enjuagar. Es hora de aplicar la deliciosa mascarilla: miel y yogur. Nuevamente recorro todo mi cuerpo, todo mi ser. Siento todos los recovecos que existen en mí. Este es mi momento de acariciarme, de consentirme, de sentirme, de quererme, de amarme.

Derechos reservados a su autora

Publicado por LaCoyolRevista

No sé quien soy. No ando en busca de estilo, sino de retos.

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