Avispero


Por Claudia Canseco


Llevé mi cuerpo a vivir al avispero, una ciudad remota donde la muerte bate las alas a través de ríos y montañas; inoculando veneno que hace agonizar a todo un pueblo. Ponzoña de violencia y destrucción. 

Escapé del sitio caótico y con brío. La ciudad del origen que grita, contamina, recibe; pero también desecha. El lugar del parto y del corazón que late. El sentido no se cura y enfermo anhela el lugar de la cuna.

Mi mente infinita revolotea, observa al cuerpo que sucumbe ante el ascenso de temperatura. Se esconde en grietas y hendiduras, intenta sobrevivir. Hibernar en sus montañas, el avispero anida ahí.

Mi cuerpo se encuentra en un estado larvario, necesita mudarse hasta los huesos. No es un visitante que agobia, sino quien traza en silencio el sentido de este lugar. Desea un cuerpo sin memoria y una mente que formar. 

Basta de esa vorágine del cuerpo que vive entre mudas, larvas y heridas. Buscan el cuerpo y la mente pertenecer. La caricia de las alas de quienes ligeros viajan y el arraigo de los que en celdas hexagonales anidan.

A casi dos años de vivir en Chilpancingo, Guerrero, escribo sobre el transitar del origen al destino. La palabra Chilpancingo es de origen Náhuatl y su significado es “Lugar de Avispas”.

Preocupada y ocupada por la educación en México soy profesora e investigadora. Además de tener intereses por el arte en manifestaciones como la pintura y la literatura pienso que escribir es «un acto revelador de la mente” y me pregunto ¿Cómo representar el conocimiento? Pinto, escribo, danzo y canto, el imaginario mental es el instrumento.

Publicado por LaCoyolRevista

No sé quien soy. No ando en busca de estilo, sino de retos.

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