Por Araceli Plasencia Mota
Estoy sola en casa esta tarde, paladeando un tinto carmenere. Todo el interior de mi boca está inundado de olores y sabores que me provocan remembranzas que se suman a las del álbum de fotografías abierto sobre mis muslos.
Te veo más de 40 años atrás, cuando juntos recorrimos los caminos del deseo y el éxtasis, envueltos en la flor del amor y las promesas. Aún tienes pelo y tus ojos vacunos, enormes, me miran directamente a través de la foto. Muestro mis diez kilos de más, pero todavía conservo la sonrisa y los hoyuelos que tanto te gustaban. Ambos, tú el de entonces, yo la de ahora, conservamos lo bueno que cada quien tiene.
Las cosas que nos separaron ya no importan.
Abraxas y la música de Santana me llevan en milisegundos o más aprisa al tiempo en que nos encontramos y nos envuelven esos que fuimos.
Éramos jóvenes e impetuosos, recuerdo que vi el brillo de tus ojos, correspondido con el fuego repentino de los míos. Te acercaste y ardiste en mi hoguera, me envolviste en el rincón más tibio de tu ventrículo izquierdo, y el tum-tum de nuestros corazones fue uno solo.
De pronto estoy en ese momento mágico de la vez primera. Tu aliento de sándalo me envuelve, el mío de flores te estremece, y nuestras bocas juguetonas se llenan de suaves mordiscos, humedades, de sabores a frutos prohibidos que nos provocan sensaciones infinitas.
Sabes a mango, a fresa, me hueles y soy un melón. Mi piel es durazno, es manzana; estoy jugosa como sandía, tú, dulce como plátano que muerdo con coquetería.
Siento la fuerza de tu centro enhiesto buscando el hueco del centro mío, y en la extensa pradera recién descubierta, cabalgo corcel brioso que baja y sube por montes y valles. Nuestras pieles se adhieren calientes y húmedas, las manos exploran salientes y huecos, la respiración se agita, y así pasa el tiempo, todo el tiempo. Me cimbro, te transformas en maestro esgrimista y lanzas la espada a fondo, ahora juntos nos cimbramos.
Recuerdo que no hablábamos. No tenía sentido. Sabíamos lo que cada quien quería y, en esta cabalgata, las palabras se apagan y los cuerpos se entrelazan volviéndose uno. Hay confusión de cuerpos, no sabemos dónde comienza uno y acaba el otro, qué será mañana o qué pasó ayer, solo importa el hoy, este placer, esta inundación de amor expresado en sentires exquisitos, deliciosos y avasalladores, como un mar agitado que ya tornará a la calma.
Me lleno de aleteos de mariposas al recordarlo. Comienzo a sentir que salto de estrella en estrella, que la luna menguante es mi columpio y soy esa niña adolescente que fui. Apenas puedo contener las lágrimas y surge mi espíritu fuerte, resiliente, de bruja ancestral que me dice y les dice a todas: lo viviste, pues bien vivido. Recuerda, recuerden siempre lo mejor, que esos recuerdos te alcancen, les alcancen para siempre jamás.

Hija de maestros, madre de Zak y abuela de Ruy,
Graduada en la Facultad de Medicina UNAM como Médica Cirujana, especialista en Hematología Clínica y Maestra en Ciencias.
Profesora en pregrado y posgrado en la Facultad de Medicina de la UNAM y en el IPN.
Conferencista en alrededor de 175 ponencias. Autora y coautora de Monografías, capítulos de libros y artículos científicos.
Asesora de Tesis en las especialidades de Hematologías, Medicina Interna y licenciatura en Química
Alumna Cursos de Literatura clásica y medieval en Centro Cultural Helenico y FFyL UNAM
Taller de escritura creativa, maestra Tere Perez Cruz en línea 2022
Talleres de escritura creativa Maestra Violeta Alumbre en línea 2022, 2023 y 2024
Imagen por Iris Arellanes (IA)
