Para las mujeres, la poesía no es un lujo. Es una necesidad vital. (…) La poesía es el instrumento mediante el que nombramos lo que no tiene nombre para convertirlo en objeto del pensamiento.
Audre Lorde

Por Silvia Santaolalla
Este texto era una carta para mí. Empezaba algo así: ¿Seré la misma después de este mes? Era una carta para mí porque pensaba que era relevante recordarme todo lo que había cambiado en mi vida en el último año. Y aunque lo personal es político, también hay que recordar que las vivencias que compartimos como comunidad atraviesan nuestras experiencias particulares. Así que este texto, que es ahora un homenaje a mujeres que en los últimos días han incendiado mi corazón, realmente empieza así:
¿Cómo se empieza un mes así? Con el corazón atravesado y las entrañas llenas de fuego. A inicios de septiembre, a la mitad de mi emoción por el próximo otoño y los planes personales, A compartió conmigo una serie de notas en Instagram que me hicieron sentir terrible. Le dije: A, debes darte un descanso de redes. Sin embargo, es claro que ninguno de esos acontecimientos debía permanecer silenciado en nuestras mentes y nuestros feeds. Es terriblemente difícil vivir bajo el espectáculo, en medio de un genocidio transmitido en línea, matando el tiempo que medio nos sobra después de largas jornadas laborales entre videos de perritos tiernos, bromas sin sentido y notas rojas. Cuando A y yo nos damos un descanso de redes, casi nunca significa dejar el celular a un lado. Significa pasar los siguientes minutos intercambiando videos tiernos, bobos, llenos de maquillajes y manualidades que quizá nunca haremos. Significa pausar el terror de la realidad tan violenta en la que vivimos.
Si hoy pongo esto en palabras es porque creo que ese día mi comentario quedó muy corto en la discusión. Creo que solo quería fingir que las cosas podrían mejorar aún si no las veía, si no me mantenía al tanto de lo que pasa «allá afuera». Fue cuando leí la declaración de Gisèle Pélicot cuando decidí que quizá lo que decía A era: ¿qué podemos hacer frente a todo esto horrible que sigue atravesándonos? Y yo no supe qué debía decir.
La vergüenza tiene que cambiar de bando, dijo la francesa cuando decidió que su juicio debía ser público, y sentí que mi corazón se rompía e incendiaba a la vez. La historia de Pélicot es el ejemplo perfecto de que la igualdad no está ganada ni en el llamado primer mundo. Su historia nos recuerda que los monstruos son en realidad aquellos que supuestamente nos aman. Me recordó la historia de muchas de mis amigas y mujeres cercanas. Me recordó por qué nos cuesta confiar.
Después fue Rebecca Cheptegei. Cinco litros de gasolina y fuego. Toda una vida destruída mientras Dickson Ndiema Marangach la atacaba. Si él no hubiera muerto días después que la maratonista quizá estaríamos frente a una situación similar que la que vive María Elena Ríos con el largo proceso que ha sostenido contra Juan Antonio Vera Carrizal, presunto autor intelectual de la tentativa de feminicidio en su contra. Proceso que parecía haber terminado cuando a mediados de agosto el juez José Gabriel Ramírez Montaño había decidido dictar absolución y libertad al exdiputado priista y empresario.
Pero quizá lo más decepcionante, son los acontecimientos que parecen no tener mayor peso que una discusión entre amigos o colegas. Una plática casual en la cena, un post furioso en Facebook dónde te comentan que lo tomes con tranquilidad. Porque son los supuestos «temas ligeros» los que permiten saber desde donde se enuncia la gente cercana. Son los comentarios tomados a la ligera los que muestran con quien convivimos a diario. Por supuesto que estoy hablando de dos de los personajes más virales entre finales de agosto e inicios de septiembre: Roro y Adrián Marcelo. La primera una influencer viral por su supuesto estilo de vida que remite a las tradwifes con el giro de ser novias que deciden quedarse en casa para cuidar de sus novios. El segundo el youtuber y psicólogo que se volvió controvertido por su misógina participación en la versión mexicana del reality La Casa de los Famosos. Y aunque es verdad que la mediatización de ambos no es responsabilidad del consumo de los espectadores, sobre todo cuando es casi imposible no encontrarte con su contenido, nuestras reacciones frente a los temas que plantean sí lo es. La responsabilidad de los cuidados, la violencia psicológica y verbal, la manipulación, las actividades codificadas como femeninas, la carga emocional de las mujeres en las relaciones, el gaslighting. Todos temas que nos atraviesan a todas, todes y todos, pero que quizá muchos de nuestros conocidos están manejando de maneras que nos alertan sobre su posición política y ética.
Al final quizá esta era una carta para ti A. Para que sepas que ese día a mí también me incendiaron las notas que me enviaste. Para que sepas que no solo dije que descansáramos para nunca volver a pensar en eso, sino que lo pensé todo este tiempo para poder entender qué podemos hacer ahora. Y aunque quizá no sea lo que buscabas, creo que lo que sí podemos hacer es no dejar de hablarlo, no callarnos nunca, no olvidarnos. Como siempre escribirlo. Como siempre, convertir a la palabra en una necesidad vital. Como decía Lorde, que escribirlo sea la manera mediante la que nombramos lo que no tiene nombre para convertirlo en objeto del pensamiento.

Silvia Santaolalla, habladora, malcriada y rebelde. Escritora y artista visual. La primera de las dos ñañas siamesas. Su trabajo aborda temas como: el género, la sexualidad y el cuerpo. Ha sido publicada en las revistas: Marabunta (2018), Gata que ladra (2019), Punto de Partida UNAM (2022, 2023), Página Salmón (2022), Especulativas (2022).
