Maleni Cervantes
Cada vez me cuesta un poco más levantarme tarde como cuando era niña y me despertaba con lagañas en los ojos y baba en las mejillas. La rutina de la semana provoca que mi cuerpo se acostumbre a reaccionar desde temprano y con ganas de hacer algo más que estar viendo el techo de mi cuarto.
Así que este domingo no fue la excepción. Mi vejiga me dio los buenos días de manera puntual y exacta. Por lo que fui al baño y de una vez aproveché para desviarme hacia la cocina a prepararme un café amargo y empoderado que despertara mis chacras, neuronas y pensamientos más oscuros.
Pero, luego entré en la incertidumbre de: ¿qué haré un domingo por la mañana?, ¿qué se hace a estas horas en las que el sol te sonríe con la malicia de la juventud que madura cada vez más?
El razonamiento fue sencillo: si ya me estoy convirtiendo en señora, ¿por qué no hacerlo de la manera más estereotipada posible? Tomé mi taza de café y corrí en cámara lenta hacia la sala, como si estuviera en una película de superhéroes, y derrapé de último momento cayendo en el suelo, sosteniendo con los brazos arriba mi café en tipo ofrenda. Lo único que se mantendría a salvo.
Bueno, no, no fue así, aunque sí quería hacer esto un poco más épico para que te maravilles con mis hazañas de espía profesional. No obstante, permíteme continuar con mi relato de los hechos.
Esa mañana del domingo primero de septiembre de 2024, yo, Maleni Cervantes, me preparé un café antes de alistarme a una misión más que complicada: caminar hacia la sala sin derramar una gota de ese líquido cafesoso.
Fueron exactamente diez pasos cortos cuando logré hacerlo, sin problema alguno. Sin duda, sería capaz de recibir una medalla por mi concentración tan efímera como la brisa de la mañana.
Cuando, de repente, de uno de mis libreros salió un ruido ensordecedor. «Mierda, una rata», pensé. Caminé despacio, me puse en cuclillas y me di cuenta de que… Ahí no había nada. No era una rata, tampoco una cucaracha, mucho menos mi gata.
Tú te preguntarás, ¿entonces qué era? No me lo vas a creer, pero era un libro empolvado que no había leído aún y que se encontraba envuelto en el plástico transparente que lo conservaba nuevo, en teoría porque llevaba meses ahí, a la espera de que alguien se acordara de su existencia.
Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin. Cuando vi el título, creí que era una señal. Los domingos eran el día de arreglar la casa. Sin embargo, aún no era el momento. Lo tomé entre mis manos y me senté para comenzar a hojearlo. ¡Quién diría que me encontraría con tremenda sorpresa!
Lucia Berlin es una escritora que toma aspectos comunes de la vida cotidiana para crear historias entretenidas, y sin duda alguna, llamativas. Tiene la capacidad de contarte a través de cuentos breves los traumas de la infancia de un personaje; pero, también, te puede narrar las obsesiones más extrañas que puede tener una chica que le gusta lavar su ropa en lugar deplorable; e incluso puede contarte la infancia de una chica que cuida de su padre que padece una enfermedad mental.
Por ejemplo, hay un cuento que te relata la vida de una niña que vive con su madre y abuelo, quienes no se llevan del todo bien. La niña tiene la obligación de ayudar a su abuelo en el trabajo, ya que él es dentista y necesita de una asistente. Más, de esta manera, la autora tuerce la trama de una manera ruda, gráfica y descriptiva que da como resultado un suceso sangriento que presenció la niña una noche mientras ayudaba a su abuelo.
Digamos que la escritora hace que situaciones comunes y reales tengan un toque oscuro y retorcido, exponiendo conductas para nada perfectas de sus personajes. Sin contar que hay veces que une historias entre sí y que encontrarás dispersas a lo largo del libro lo que hace un poco compleja su lectura, al mismo tiempo que la hace más entretenida.
Además, otro aspecto que me llamó la atención son las referencias que hace a otros autores que son muy relevantes. Un caso en específico fue un cuento donde hizo referencia a Antón Chéjov con su cuento «La Tristeza», que quien ha leído mis columnas anteriormente sabrá que es uno de mis autores favoritos y mi cuento preferido de este.
Era obvio que me llamaría la atención desde un principio. Y, lo más curioso, es que en el cuento, donde hace dicha referencia, logra exponer la perspectiva de que ella es la autora y que dependiendo de su narración sería la manera en que podría crear cierta emoción del lector con respecto a los personajes. Por lo que expone la vida de una de sus personajes y te va explicando la función de cada uno de los tipos de narración que ella pudiera utilizar para que sientas empatía, hartazgo y demás. Lo que como lector puede ayudarte a comprender un poco más cómo funciona la escritura y construcción de cuentos.
Y por si todo esto no fuera suficiente, ¿qué crees? En los relatos los personajes principales siempre se tendrá una figura femenina que te invitará a conocer un fragmento de su vida diaria que bien pudiera ser la de alguna conocida nuestra. Aunque es necesario resaltar que al ser mujeres sus personajes principales, son mujeres firmes, fuertes, astutas, figuras que escapan de la clásica caracterización del género femenino. Porque sus personajes siempre van un paso más allá de lo que tú, como lector, piensas que puedes esperar de ellas.
Un libro que es la mezcla ideal entre una pizca de realidad y rutina; fantasía y psicología humana. Sin duda, si te gusta el chisme, este libro es para ti. Encontrarás tantas historias de vida que después podrás contarle a tus tías y se las creerán como si fueran reales.
Debo de confesar que todavía no termino el libro, pero eso no me impide hacerte la invitación a tener una muy buena lectura para la semana, así como lo será para mí. Los cuentos son breves y sencillos, no tardarás ni diez minutos en leer cada uno, así que, si eres un lector con bloqueos, perezoso o sin tiempo este libro es para ti, ya que lo puedes llevar a tu ritmo y sin presiones.
Ahora sí, me retiro a tomarme mi café ya frío. Aunque con la sensación de que valió la pena levantarme temprano una mañana de domingo.
Referencias
Berlin, L. (2019). Manual para mujeres de la limpieza. México: Penguin Random House.

