Cartografías del Instante| Rodar Cuesta Abajo

Rodar Cuesta Abajo

Por Anyela Botina

Hoy noté que hace días no dices nada. Antes me hablabas sobre lugares que no sé si algún día conocerás o conociste. Me gustaba que me preguntaras qué era lo que veía a través de la ventana. Entonces, yo te contaba que de niña me imaginaba que rodaba por esas montañas verdes y amarillas.

Lo noté hoy, mientras veía a la lechera subir por ese camino hasta perderse en la montaña. Tú me miraste con sorpresa y te fuiste. Me di cuenta de que era solo yo, detrás del vidrio recordando cosas.

Después de eso, no te he visto en ninguna parte de la casa. Aunque extraño tus palabras, no puedo imaginármelas, no puedo predecir tus pasos, y tu piel, solo es una idea, igual que tus manos. Es como darme cuenta de que solo estoy imaginando que ruedo por la montaña, pero que en realidad no podría; la montaña no es lisa. Si me tiro a rodar en el potrero, podría golpearme contra las piedras, caer al abismo o quedar incrustada en una rama.

Así es el olvido, pienso. Al final, una se echa a rodar en la montaña, sin pensar en la caída. ¡Qué cuentos! Y después de sacudirse, se queda con una espina incrustada en alguna parte que duele. A veces te acostumbras a que duela un poco, te acostumbras tanto que se vuelve una parte de ti. Hasta el día que recuerdas ese amor que era como salir viva de las llamas y deseas sentirlo nuevamente, pero sabes que no puedes sentir otra cosa que no sea la espina, entonces, la busco y la encuentro, pero en lugar de sacarla, la entierro aún más, hasta sacarme lágrimas, hasta que la espina enrojece la carne y la hace palpitar de fiebre. Hasta creer que vuelvo a sentir ese fuego, pero es la espina que se pudre; mi cuerpo diciendo que el dolor tampoco me pertenece.

Entierro la espina más profundo hasta creer que el amor lo puede todo. Que puedo volverte a sentir cerca, que puedo presentir si estás en peligro o triste, pero ya no puedo. No puedo desde que tu recuerdo no dice mi nombre, desde que tus palabras se han ido confundiendo con otros sonidos de la casa. A veces pienso que este dolor de olvidarte es peor que saberte lejos, pero es mentira. El dolor de este olvido es manso y pequeño, es tan sutil que las lágrimas no aparecen, que no ven la necesidad de sacar la cabeza.

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Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. También, puedes escucharme en Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí👇

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