El cielo estaba estrellado. Recordé a mi madre diciendo
Agustina Bazterrica
que el gran apagón generó un colapso mundial, peor que un
terremoto o la erupción de un volcán. Pero lo único positivo,
decía mamá, es que en las ciudades volvimos a ver las estrellas.

Por Silvia Santaolalla
Han pasado casi diez meses desde el inicio del genocidio al pueblo palestino. Solo hace una semana Israel masacró a más de 23 personas en un ataque a una escuela de la ONU en Nuseirat. Hace tres días Biden renunciaba a su candidatura mientras una mezquita en Gaza era bombardeada. El 13 de julio mientras el nombre de Trump era tendencia en redes, refugiados palestinos eran bombardeados en Al Mawasi.
Microsoft sufrió un fallo informático que dejó afectaciones en servicios de todo el mundo. Transporte público, vuelos internacionales, bancos globales, hospitales colapsados debido a una actualización de software. Mark Zuckenberg no solo elogió a Trump en una entrevista reciente, sino que Meta introdujo su nuevo asistente impulsado por inteligencia artificial. «Asistencia inteligente que puedes usar gratis».
México está dentro de los 10 países con mayores problemas de deforestación. Hace 14 años que los manglares son una especie amenazada en el país que ahora vende sus playas a las inmobiliarias y hoteleras de lujo. México es de los países más violentos si eres defensor del medio ambiente, si eres una persona trans, si eres periodista, si eres una madre buscadora de justicia, si eres una niña, si eres migrante, si eres prietx.
Escribo desde ahí. Desde la comodidad de no estar en medio de un genocidio, pero ante la violencia normalizada que se esquiva diario nada más salir a la calle. Desde la tranquilidad de que hoy y mañana y el día siguiente voy a comer, pero ante la incertidumbre de si el trabajo no estable, sin contrato y sin prestaciones me sostendrá lo suficiente para ser vieja. Desde la paz que da tener un techo sobre la cabeza, aunque el techo no sea mío y con la certeza de que nunca tendré uno.
Hace poco me encontré con un texto de Ham: «Y llorar te es fácil porque los que quieres mueren. Y llorar te es difícil porque ya te has acostumbrado». Y recordé que hace dos años simplemente me quería morir. Porque para mí todo lo horrible que hay en el mundo superaba con agobio a cualquier cosa que pudiera darme paz. Porque la depresión y la ansiedad son dos demonios que fácilmente te devoran el cerebro. Porque sabemos que vivimos sobre un mundo que en cualquier momento va a colapsar. Pero sobre todo porque la gente se muere tanto, tan pronto, tan sin razón.
Ahora es verano, las lluvias van y vienen sobre un calor húmedo e insoportable. Los moscos se multiplican. La muerte sigue ahí. Pero hoy puedo ser la flor que crece en el asfalto. Hace dos años me pedía a mí misma a gritos partir la tierra en dos, echar raíces, respirar. Hoy puedo decir que la vida también sigue aquí, viví para ver más bebés, para amar más, para soñar con Hector y el mar, para perseguir cosas que jamás pensé ver. Ahora es verano y te puedo decir que aunque todas las estaciones son crueles y el mundo parece a un paso de desaparecer, la muerte siempre le abre paso a la vida. Hoy puedo pensar que las atrocidades de este mundo las vamos a arreglar poco a poco si vivimos lo suficiente para seguir luchando por los demás. Si aprendemos que callar siempre será peor que morir.

Silvia Santaolalla, habladora, malcriada y rebelde. Escritora y artista visual. La primera de las dos ñañas siamesas. Su trabajo aborda temas como: el género, la sexualidad y el cuerpo. Ha sido publicada en las revistas: Marabunta (2018), Gata que ladra (2019), Punto de Partida UNAM (2022, 2023), Página Salmón (2022), Especulativas (2022).
