Por Zaira Moreno
Me interno en mi caparazón cuando las voces externas sofocan.
Una eternidad con el deseo de ser vista.
Y ahora que me veo, puedo respirar.
Frente a mi reflejo cubierto de bruma, las cicatrices laten, como si cada una tuviera recuerdos.
Los granos rosáceos se aferran a la piel quemada por el sol, los dedos largos alcanzan la punta del espejo para dar consuelo.
¿Por qué no me vi antes?
