Por Vasthy Santoyo
Podemos culpar a las hormonas que cíclicamente juguetean con las emociones femeninas pero lo cierto es que, en los últimos cinco años, cada vez que he llorado hay una mezcla de lágrimas del hoy y añejas, éstas últimas son caprichosas y tercas en busca de la libertad.
Hace días mi hija participó en un concurso de oratoria y sucedió: lloré con la fuerza con la que un agricultor espera la lluvia para su siembra, lloré de orgullo por ver a mi hija teniendo logros y también lloré por saberme madre, mujer, hija, hermana, amante, amiga.
Pocas veces entro en calma para verme a mí en la vida, pocas veces me reconozco en la querencia del otro, en las vidas ajenas.
De fondo, la voz de mi hija hablando de “Los jóvenes como futuro de México”, y dentro mío, el saberme con la suerte de ser su mamá, empujaba aquellas lágrimas añejas para sentir cómo se aligeraba mi ser.
Aún sigo creyendo que las hormonas juegan con las emociones, me gusta detenerme, entrar en esa calma que me lleva a drenar con lágrimas instantes del ayer y de hoy. Incluso me gusta que, de pronto, venga la clara imagen de aquella maldita-bendita última vez que me enamoré.
Para variar
Para variar, en domingo sus ojos querían permanecer cerrados con los candados que él se había tragado al atreverse a mirarle.
Para variar, se había enterado que era de una especie rara, probablemente extinta, que solo vivía en una espiral de suelos roídos y ajenos.
Para variar, había tenido conversaciones interminables con tallos de flores marchitas a las que, con ternura y sin vergüenza, les pedía sonrieran cuando les lloraba encima.
Para variar, acarició su cicatriz pavimentada de lodo sintiendo que, debajo, su corazón estaba lleno de inmaculada intimidad.
Sin abrir los ojos el diablo le leyó el alma, tan inaprensible como todas las vulgaridades del mundo.
Su guerra había terminado, por segunda vez, aquel domingo…para variar.

Vasthy Santoyo (San Luis Potosí, 1982)
Psicóloga de profesión. Escritora. Logrando la integración de su primer libro de cuentos Los perros no tienen piedad (2019) por la editorial Vocho Amarillo. La revista digital Desierto publicó su cuento “La suerte es la muerte con una letra cambiada” para su primera edición en 2019. Forma parte del libro 28 voces en el desierto (2023).
