Por Tania Cisneros
Durante los últimos meses, estoy armando un rompecabezas en mi cabeza de todo aquello que ya he olvidado. Me sorprendo al reconocer en pequeñas imágenes y personas una parte de un pasado que siento tan lejano a mí. Las miro borrosas y mi intuición me dice que son parte de mi historia, pero no logro recordar quiénes son o qué relación tienen conmigo. Así he pasado los días, tratando de descifrar quién soy en realidad y quién es esta persona que miro al espejo ahora porque tampoco la reconozco totalmente. Me siento un poco perdida.
No tengo recuerdos vívidos de mis primeros 13 años de vida; no sé qué debo responder cuando me preguntan cuál era mi color favorito, quiénes eran mis amigas durante la primaria o qué me gustaba jugar en el recreo. En algunos casos, tengo la sensación de haberlos vivido de forma automática, como si me hubiera ausentado de mi propia historia. En esos años y durante mi adolescencia, me sentía como un fantasma, como alguien a quien nadie veía ni escuchaba. En ese tiempo solo vivía porque tenía que vivir, no porque tuviera alguna razón para hacerlo. Y desde entonces me acostumbré a la tristeza, pero sobre todo a la soledad. Me escondía en mi cuarto, en las escaleras que llevaban a la azotea de mi casa y detrás de muchísimos libros para que la gente no me mirara ni escuchara, aunque ya estaba acostumbrada a que nadie notara mi presencia.
Ahora, muchos años después y con ayuda de la terapia, he tenido pequeñas olas de recuerdos que, así como el mar, vienen a mi mente y se van; dejándome los pies mojados y la sensación de haber sentido algo en algún momento de mi vida. A veces esas sensaciones se presentan ante mí en forma de imágenes de flores rosas y moradas, de palomitas de azúcar en cucuruchos hechos de periódico, de sillones verdes rotos que escondían debajo de ellos una biblioteca prohibida, de nombres de compañeros de la escuela. Incluso he logrado percibir sonidos que en algún momento de mi vida tengo la certeza de haberlos escuchado. Todos estos son trozos de recuerdos.
Entonces, tomo esos fragmentos y los abrazo para conectarme con ellos y descifrar qué significan para mí y así sentir que esa persona también soy yo. Tal vez me lleve toda la vida armar ese rompecabezas en mi cabeza, pero al final, espero reconocerme o al menos conocer a esta nueva persona que crece del otro lado de mi espejo.

Tania Cisneros García (Puebla, 1987) es licenciada en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, es autora del poemario En otro tiempo (2019) de la editorial SPUMEX; ha participado en las antologías poéticas Luz de Luna III de la editorial Diversidad Literaria (España, 2017), Viejas Brujas II y III de la editorial Aquelarre (México, 2017 y 2021) y en el libro cartonero Renuncio! de la editorial Ruta y Leyenda (Chile, 2018). Ha publicado diversos cuentos en las revistas digitales Monolito, Blanco Móvil y Marabunta. Actualmente, es correctora de estilo de la Editorial EBICA en la Ciudad de México.
