Extraño Cotidiano * La belleza, Dios y el miedo I

Susana Argueta

El mar de espigas ondula el horizonte. Olas verdes acariciadas por el viento frío.  Un pastor cuida sus ovejas. Desparramadas por los linderos de la presa, beben con descuido. Cientos de borregos. Dos perros se aventuran por el borde de la represa. De un lado el agua, del otro, el vacío. Van y vienen. El pastor silba. Hora de recoger el rebaño.

Tres hombres pescan. Tres hombres de sombrero de palma. El embalse es pequeño, es antiguo. Es el agua de Tembleque, la de Otumba. La de la tierra vieja y sedienta. Entre los reflejos del agua se abigarra el viento y  la luz del sol. Tonos de azul y verde de agua violácea. Trozos de cielo se despeñan entre el agua que corre, siempre corre. Corre, corre, corre. Desde hace siglos, corre.

Un puente blanco. El aire despeina mi cabello. La tierra pródiga. Verde, ocre, amarillos y rojos. Flores en los nopales. Una  pequeña ermita de madera. La cruz en lo alto del cielo. Unas espinas me arañan al pasar. El puente blanco sobre el agua que corre. El silencio canta. Vuelvo.

Los arcos de piedra. Dos arcos de piedra. Dos hombres. Verde y negro militar. No tienen rostro. Ocultan su rostro. No los veo bien, ¿están de paseo?  ¿Por qué no los veo? Los vi antes, de reojo. ¿Vienen de paseo?

– ¡Hijo de tu puta madre! ¡Abre el carro!

No le pegues. Ya lo abrió. ¿Vienen de paseo?

– ¡Métete a la cajuela!

Tiene una pistola. Una pistola negra. Una pistola negra y fría.

– No me lleves a mí. Llévate todo. Ya tienes las llaves. Llévate todo.

¿Por qué habla tan quedo? Su rostro es blanco. Su rostro es miedo. No se lo lleven. Una mano aprieta mi brazo. Me duele el brazo. Mi brazo estuvo hinchado y morado por dos semanas. ¿Qué le pasó a mi brazo? No me acuerdo.

– ¡Métete, cabrón o aquí te mueres!

Imagen: Los niños perdidos. @Susana Argueta

Publicado por Sus Argueta

Andadora de caminos y palabras, buscadora constante de miradas maravillosas, gente extraordinaria y evolución trascendente.

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