Letras que ab (sorben/sortan) | Perlas y sexualidades diversas

Para Monserrat V. que siempre con una sonrisa me alegra los días

Hace pocos días retomé una novela que comencé a leer cuando tenía alrededor de 15 o 16 años. Recordé que en su momento me llamó la atención y pensé en darme la oportunidad de releerla. Además, ya casi es 14 de febrero y todos queremos poseer, de alguna manera, una historia de amor, por lo que me gustaría que sepan un poco más de este libro.

La verdad no sabía qué esperar de la historia, era como entrar en un mundo desconocido con los ojos vendados para luego hacer frente a una historia que provocó varios sentimientos en mí.

El lustre de la perla de Sarah Waters es una novela reconocida dentro de la comunidad lésbica. A decir verdad, creo yo que, la mayoría que la leemos vamos motivados en busca de encontrar una historia de amor tierna y pura entre Nancy Astley (personaje principal) y Kitty Butler.

Pero conforme vamos leyendo nos damos cuenta de que la historia sobrepasa una historia de amor. Conlleva una serie de caminos que se entrelazan y nos conducen a un montón de sobresaltos donde reflexionamos acerca de la desdicha humana.

Nancy Astley es una chica que vive en un pueblo dentro del seno de una familia que vive del comercio de ostras. Ella tiene ciertas preferencias por el teatro y los music-halls, por lo que los fines de semana acude al teatro para despejarse. En este lugar se cruza con Kitty Butler, quién es una joven que hace un número vestida de chico. ¿Y qué creen? Así es, aquí comienza todo el embrollo.

Nancy descubre su sexualidad y se enamora perdidamente de Butler al grado de mudarse con ella a Londres. Esta última le promete que siempre estarán juntas, pero el destino habrá de traerles unas sorpresas que ni siquiera imaginaron.

Ustedes dirán «oye, pero, eso no es más que otra historia de amor». Sin embargo, realmente es una bomba relacionada a la diversidad sexual. Tenemos que tener en cuenta que en esta historia veremos varios puntos que son fundamentales en la vida de una persona que se identifica con un género y una sexualidad distintas a las normalizadas. A continuación, desglosaré unos puntos de reflexión que notarán en la historia:

1. El descubrimiento de la orientación sexual. ¿Qué significa realmente darse cuenta de que te gusta una persona de tu mismo género?, ¿cuántos de los problemas en la historia (basada en la Época Victoriana) siguen vigentes años después?, ¿qué significa tener una orientación sexual diferente en una comunidad hetero-patriarcal?, ¿cuánta violencia engloba el descubrimiento de la orientación sexual?, ¿cuántas puertas nos son cerradas sólo por tener un gusto «atípico» de acuerdo con las normas sociales? Todas estas preguntas las veremos en las desgracias por las que tiene que pasar Nancy Astley a lo largo del relato. Iniciando por el rechazo de su hermana y la postura de Kitty en cuanto a su relación.

2. ¿Y si hablamos de géneros? En el relato se le da gran peso al hecho del travestismo y cómo Nancy descubre que por alguna curiosa razón se identifica más con el género masculino que con el femenino, aunque al mismo tiempo hay ocasiones en las que le gusta hacer elogio de su feminidad. Quizá aquí encontramos una invitación a conocer un poco más acerca de lo que implica el género y las problemáticas que son provocadas por el hecho de no identificarse con las binariedades de género. Por otro lado, surge otra cuestión: ¿qué tipos de discriminación sufren las personas que se identifican con un sexo distinto o con ambos sexos? De nuevo, un ejemplo de este problema lo podemos observar en la manera en que el público ataca a Kitty y a Astley en medio de su función con el pretexto de estar vestidas como hombres.

3. El peso de las palabras. En el estudio del lenguaje existe algo conocido como pragmática. Esta rama de la lingüística analiza la manera y el propósito con el que decimos las cosas. Seamos conscientes de que las palabras pueden conllevar un sentido positivo y otro negativo, o como dicen por ahí, son un arma de doble filo. Es en este punto donde viene la reflexión en cuanto al uso de palabras como «marimacho». ¿Qué tanto odio denotamos al utilizar este tipo de vocabulario con personas pertenecientes a la comunidad?

Si nos damos cuenta, hay varios puntos por reflexionar a partir de la novela. Digamos que si somos amantes de la literatura de género no deberíamos de perdernos la oportunidad de leer este texto. También, si son personas heterosexuales cisgénero que quieren aprender del tema no estaría mal que comiencen con esta lectura para adentrarse un poco en todo esto, es una deliciosa invitación para analizar las diferencias entre sexo, género y orientación sexual y sus implicaciones/problemáticas sociales.

Mi recomendación no sólo es diversa, sino un buen pretexto para disfrutar el 14 de febrero con un amor algo trágico. Más, me gustaría resumir el hilo narrativo de la historia con una frase de una canción de la Barranca que lo ejemplifica y resume muy bien: «no hay placer sin dolor, no es amor si no lastima». Debido a que la novela está al borde de una historia de descubrimiento, aventura, desgracia, desdicha y un final reconfortante. Créanme que la historia de Nancy va a lastimar y mucho, más si son personas sensibles. Tomemos en cuenta que hay amor a montones, erotismo para degustar en pareja o solos en nuestra habitación, frustración por el destino y las desigualdades, problemáticas sociales (no solo de género, sino también aquellas relacionadas con la pobreza y explotación laboral y la prostitución).

Les aseguro que no habrán de arrepentirse de conocer esta historia de amor donde amarán a Nancy, al igual que la van a compadecer y odiar a montones, de esos instantes en los que la van a considerar egocéntrica y narcisista e incluso cruel. Así que, vivamos un 14 de febrero diverso y literario. ¿Qué esperamos?

Posdata: a lo mejor también dentro de la lectura podemos encontrar un mensaje subliminal (más bien irónico y sin sentido, una relación que hice por los apellidos de Kitty) que nos invita a leer y aprender sobre sexualidades con Judith Butler.

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