Susana Argueta
Eché a andar el auto de nuevo y recorrí los diez kilómetros restantes. En el Santuario de Cactus no había nadie. Era lunes, día en que los museos y recintos culturales no abren. Me reí con más ganas.
Dicen que Teodora venció la pena y se dedicó a hacer tortillas. Luego puso también un puesto de elotes y con eso se hizo independiente. Y rebelde. Cuentan que encargaba a sus hijos con la vecina y se desaparecía por meses, siguiendo a la bola, como soldadera. Era la época de la Revolución.
Regresar a la carretera fue un recorrido ligero. Con precauciones y sin miedo, manejé una hora más. El paisaje desértico fue dejando lugar a palmeras y arena y luego a un desfile de azules de mar y turquesa.
Muchas mujeres crecimos con miedo. Pensar, actuar distinto es un acto de rebeldía que frecuentemente provoca violencia, real o simbólica. A Teodora no la dejaron ser niña. Un acto de violencia sexual la hizo entrar de golpe en una vida indeseable para ella, normalizada en la época en que vivió. Más de un siglo después, la situación de la mujer se ha transformado. Hay más libertades y concesiones. Sin embargo, a través de las generaciones se transmiten patrones culturales arcaicos que siguen sojuzgando y limitando la libertad de muchas mujeres.
El Finisterrae fue un viaje de liberación. Viajar sola en un espacio desconocido ha sido un parteaguas, dando justa dimensión a los miedos para reconocer las posibilidades y expandir los horizontes. Tal cual Teodora en 1915.
