Derechos y Colores| Reflexiones sobre salir

Por Natalia Mendoza Servín

Todas y todos tenemos estándares de pareja. Algunos más altos y otros menos. Identificarlos y tenerlos presentes está bien porque nos permiten “acercarnos” a una felicidad añorada; a una expectativa de la vida en pareja. A los treintas, y por lo que he visto con personas a mi alrededor, en edades parecidas y todavía solteras/os, hay un común denominador: se tiene miedo. Hemos tenido ya algunas experiencias en pareja que nos hacen preocuparnos y ocuparnos de nuestras posibles relaciones; sabemos qué es lo que podemos tolerar y lo que no.

Por alguna razón, ya no es como cuando teníamos veintitantos en donde se tenía pareja y el futuro no era un problema. Tal vez por nuestra ignorancia de que las cosas pueden terminar o doler. Sobre todo, éste último. El dolor, nos hace ser selectivos, evitar en todo momento ese costo que puede tener la felicidad.

En el caso de las mujeres, me parece que el reto aún es mayor; no se trata solo de temer por el hecho de que la relación se vaya a terminar o porque te vayan a lastimar, sino que también, o al menos en tiempos modernos, tratamos de estar con parejas que no quieran aniquilar nuestra esencia. El matrimonio y los hijos, para las mujeres representa “dejar de ser” para cumplir con un rol impuesto que no siempre queremos y aceptamos.

Dice Simone de Beauvoir que la posesión del otro es lo que hace fallar los matrimonios y por eso la institución ha fracasado. Nuestro carácter y condición de mujer nos hace posesivas de ellos, porque lógico es que, a cambio de aniquilarme, a cambio de dejar mis sueños, exijo cuando menos la entera disposición de tu alma.

Alejandra Kollontai, más o menos en el mismo sentido, y desde un análisis comunista de las relaciones sexo- afectivas apunta que para las mujeres, tanto el matrimonio como las relaciones casuales son desventajosas y abusivas. Propone el concepto de “amor- camaradería” en el que se respeta la autonomía de los sexos; hay complicidad y se evita el concepto de la propiedad privada entre seres humanos.

Pero queda claro que es teoría. La teoría gusta porque ayuda a entender los porqués de nuestras relaciones personales, los cuales no necesariamente se verán traducidos en factos, pero comprenderlos genera paz. ¿Encontraremos en este basto mundo, en el que sin duda, hay más hombres y mujeres que vida, al amante camarada? No lo sé. Mientras tanto, como bien sugiere Coral Herrera, vivamos en revolución amorosa, la mejor, en la que ante todo, nos preferimos a nosotros mismos.

Natalia Mendoza Servín es abogada y maestra en transparencia por la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a temas relacionados con transparencia, acceso a la información y privacidad, pero desde el año 2020 ha decido decirle al mundo que ama la causa de las mujeres, así que también es especialista en Estudios de Género por la Universidad Pedagógica Nacional, y ha combinado lo que le apasiona con el feminismo desde entonces. Le gusta hacer análisis jurídico y feminista de las expresiones artísticas, y lo comparte, porque nunca se sabe cuándo esas reflexiones pueden ser útiles para alguien.

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