“ES SOLO UNA PELÍCULA”. CUANDO LOS DIÁLOGOS DE CINE, MÚSICA Y OTRAS REPRESENTACIONES CULTURALES CONSTRUYEN REALIDADES

Por Natalia Mendoza Servín

A Regina la terminó su novio hace varios años. Sus motivos para dejarla fueron escuetos: no le caía bien a la familia de él y un contundente “no te voy a decir por qué” fueron los principales argumentos. Era lo de menos, en el fondo él ya no quería estar con ella, sin importar el motivo, el resultado era el mismo. Sin embargo, el dicho popular reza que la forma es fondo, y viendo la situación ya de lejos, esas parcas razones comenzaron a tener sentido y a concatenarse con otros elementos imperceptibles que trataré de relatar ahora.

Por supuesto, Regina no es ni era perfecta. Sin duda podían existir otras razones para dejarla ir, pero el momento y las circunstancias en el que la terminaron, sin duda tenían mucho peso. Ella no lo sabía (y paradójicamente, al parecer él sí), pero cuando esta persona decidió irse de su vida, ella inauguró formalmente el inicio de una carrera profesional próspera que sigue en formación. La dejó cuando ella incursionaba en el mundo de lo caóticamente público. Sin duda, a Regina le hubiera gustado que él hubiera estado con ella ese momento, pero las condiciones eran otras. Lo bueno es que ella era fuerte y tenaz, y como ya lo sabemos todas a cierta altura de la vida, ella pudo continuar su camino sin él.

Pasó poco más de un año de que Regina había terminado con este hombre. El corazón ya no dolía tanto, además, la realidad de todo es que la vida era buena con ella. No necesitaba nada más. Y entre todas las cosas lindas que le daba su buena existencia, Regina viajaba de regreso de Bogotá a México, porque había sido seleccionada para tomar un curso. El trayecto no es tan largo, quizá unas 5 horas en las que decidió matar el tiempo viendo una película. Al no ser una adepta al cine, prácticamente no había visto ninguna de las que estaban disponibles, si alguien le hubiera preguntado cuál era su película favorita no sabría qué responder, así que se decidió por una muy clásica y común, pero que no había visto: El diablo viste a la moda.

La película, para quienes no la conocen, es la historia de una chica llamada Andrea que logra trabajar con la gran Miranda Presly, quien es jefa en una prestigiosa revista de moda. Miranda es una mujer fuerte, con carácter, exitosa, bella y muy talentosa. Toda la película transcurrió bien, hasta que llegó la escena en la que Andrea descubre a Miranda llorar porque su esposo la dejó y porque no era la primera ocasión que un hombre la dejaba por no poder con toda su fama y poder. Cuando la mujer poderosa se vio destruida en la película, Regina lloró junto con ella y no sabía por qué, pero afortunadamente esa sensación duró algunos segundos o quizás minutos, porque entre las olas de emociones que la invadieron llegó la luz: un texto de análisis feminista de las películas de Disney.

En ese entonces, a Regina la perspectiva feminista no le interesaba del todo, de hecho, tampoco recuerda por qué leyó ese artículo, solo llegó a sus manos y lo observó por alguna razón que no era relevante. La lectura de ese documento fue un evento cualquiera que pasó desapercibido en su vida (por fortuna, no en el inconsciente), pero en ese momento, inmediatamente la salvó. El análisis que leyó hablaba de cómo las primeras películas de princesas de Disney habían sido criticadas desde los feminismos: si haces y renuncias a todo por amor, tendrás un final (el único final posible) feliz con el hombre de tus sueños, tu príncipe azul. Y continuaba diciendo que la respuesta de Disney a tales críticas, fue cambiar las realidades de las protagonistas; en las películas más modernas, las princesas son fuertes, valientes y de alguna forma rechazan a los hombres que las aman, pero al final el recado sigue estando concatenado al mensaje de las primeras películas: ¿Así que no quieres que el centro de tu universo sea el amor de un hombre? Adelante, pero sufrirás las consecuencias, te quedarás sola… y eso es terrible, lo peor que le puede pasar a una mujer.

En esos breves espacios de tiempo en que se enfrentaban la idea del texto feminista contra el mensaje de la película, Regina entendió que le estaban mintiendo. La cultura y sistema en el que había vivido, trataba de convencerla de que o su sueño era el amor de un hombre o que si quería ir en contra de ese mágico y taquillero destino, su castigo sería la soledad, traducida ésta como “la falta de un buen hombre en su vida”. Regina respiró y fue feliz de nuevo. Sabía que lo que había aprendido desde que nació era un falso dilema. Ella podía seguir siendo exitosa y compaginar su vida al lado de un compañero, o bien, decidir transitar la vida consigo misma y ser feliz, sin embargo, su historia de vida y los aprendizajes de la cultura popular la hicieron creer por un momento que todo estaba perdido; que estaba condenada o a abandonar sus sueños, o a no ser feliz. Regina sonrió cuando se dio cuenta de todo esto.

La historia de Regina está basada en una historia real que lamentablemente podría ser la situación de muchas niñas, adolescentes y mujeres. Regina tuvo la fortuna de pasar por en medio de los cuernos de un dilema falso que incluso, en ocasiones olvida por todos los dogmas que ha adquirido a lo largo de su vida, pero muchas otras mujeres, no. Ella tuvo la oportunidad de leer un documento que cuestionaba la cultura popular y sus mensajes, y encarar sus arraigadas e inconscientes creencias que por un momento le causaron un dolor inducido.

En la pequeña biografía que la que suscribe usa en La Coyol, digo que debemos analizar las expresiones artísticas y culturales “porque nunca se sabe cuándo esas reflexiones pueden ser útiles para alguien.” Ojalá que este texto llegue a las manos de la Regina que necesite cuestionarse sus creencias o bien, que guarde esta reflexión que tal vez, solo tal vez, en un futuro la pueda salvar. O bien, que le hagan saber a las Reginas del mundo que sus logros no se ven mermados ni invalidados por la falta de un hombre en sus vidas y que estar consigo mismas es también es un gran proyecto de vida.

El ejemplo de Regina es uno de muchos. Vale la pena reflexionar en cuántas representaciones del arte o de la cultura popular habrán arraigado creencias para oprimir a ciertos grupos sociales. Recientemente, se cuestionó que saliera la película de La Sirenita con una actriz afrodescendiente o la película de Buzz Lightyear con representaciones lésbicas, y no podemos dejar fuera la película de Barbie, que también fue repudiada por algunos sectores. Lo cierto es que la falta de representaciones no hegemónicas en espacios donde las personas ejercen sus libertades, o bien, el fortalecimiento de ideas que siguen oprimiendo a algunas personas, constituyen realidades palpables sociales que se interiorizan en cada persona oprimida. No es solo una inofensiva película, es una representación que fortalece miradas colectivas y personales desiguales.

Tal vez no podamos hacer mucho por cambiar las decisiones que toman las grandes productoras de películas, canciones, obras de arte, juguetes, anuncios o cualquier otra creación humana, pero lo que sí podemos hacer es resistir por conducto de la crítica a las mismas:

¡Escribe, denuncia y haz crítica a aquello que nos sigue educando y formando!

¡Visibiliza los mensajes que perpetúan la opresión!

Y quizá nuestro mensaje le llegue a Regina y ella pueda saber, que hay otras formas de mirar el mundo.

Natalia Mendoza Servín es abogada y maestra en transparencia por la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a temas relacionados con transparencia, acceso a la información y privacidad, pero desde el año 2020 ha decido decirle al mundo que ama la causa de las mujeres, así que también es especialista en Estudios de Género por la Universidad Pedagógica Nacional, y ha combinado lo que le apasiona con el feminismo desde entonces. Le gusta hacer análisis jurídico y feminista de las expresiones artísticas, y lo comparte, porque nunca se sabe cuándo esas reflexiones pueden ser útiles para alguien.

Encuéntrame en: @NataliaMese

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