Tan fuerte como Rayo/ Carmen Asceneth Castañeda

«… Y el universo le dio a la tierra el trueno

para que su voz se escuchara.»

Para Rayo

(Una de tantas)

¡Tanto pesa un par de párpados!

Las campanadas del reloj de la escalera importunaron la inconsciencia de Rayo. Tendida sobre la losa, doblada sobre sí misma. Cada repiqueteo le corre un trago de hiel desde la garganta hasta el pecho. Aprieta muy fuerte los ojos, pero un rictus en sus labios delata su insoportable dolor… que de nada sirve, porque está sola y nadie la ve. Cada hora que escucha es otro puntapié que se aloja feroz contra su cuerpo pequeño de 1.55 m… ÉL, con sus 115 k y sus 1.80 m la ha golpeado otra vez y otra vez se ha ido quién sabe hasta cuándo.

A la décima campanada consiguió abrir los ojos, una mancha roja y espesa fue lo primero que pudo ver, lo único. Apenas consiguió arrastrarse hasta el sillón, pero las fuerzas no le alcanzaron para subirse a él. Un suspiro largo acompañó su esfuerzo. «Todo está bien». Si cada golpe sirve para apaciguar su ira. Si cada grito y cada insulto le devuelven a él la paz… Está bien que castigue su vientre seco, incapaz de concebir, que para eso ella es fuerte.

A contra pared, topa sus hinchada mirada con el retrato de sus dieciséis años. El cabello inocente, el rostro de piel color esperanza, la mirada que no sabe de silencios y castigos.

Su garganta quiere desahogarse un poquito, pero el reloj ya se ha detenido.

Mañana dirá el forense que sus órganos internos estaban deshechos de tanto golpe y que su hígado no hubiera aguantado un trago más, de tantos que bebió para apaciguar las hematomas del alma: tequila, aguardiente, mezcal, lo que fuera. Nadie dirá que escuchó aunque sea un suspiro de su boca.

***

            Nunca más un gemido contenido. El hijo no es dueño de tu vientre. El hombre no es dueño de tu sexo. Ningún dios es dueño de tu destino. GRITA. Que tu queja sea del tamaño del trueno, que su luz sea tan intensa como la del relámpago, que la  voz sea tan potente como la del rayo.

Ehécatl no recibe débiles suspiros de ofrenda para crear huracanes.

Arte: «Misteri cinta»

Autora: Nicky Astria

Publicado por Carmen Asceneth

Psicoterapeuta con enfoque psicoanalítico. Amante de la poesía y la literatura

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