Conversaciones de madrugada | El lucro de los medios disfrazado de empatía [Parte 2]

Por: Monserrat Chávez

Continuemos con la columna anterior, hoy pongo sobre la mesa las denuncias de acoso laboral y sexual, violencia e impunidad hacia medios de comunicación, el pacto entre ellos para encubrirse y la doble moral para denominarse “aliados” feministas o de las causas sociales.

Hace algunas semanas, el medio independiente La Desvelada (dirigido por mujeres periodistas) publicó un reportaje con denuncias públicas, donde señalan las violencias de hombres “periodistas” hacia sus mismas compañeras y/o colegas de trabajo. [Te dejo aquí el link https://bit.ly/3wBMTvG ]

Son historias dolorosas e injustas, donde las víctimas aún lidian con las secuelas mentales, psicológicas y físicas; pero el victimario sigue impune, laborando incluso en el mismo medio y apoyado por quienes les rodean, estando al tanto de sus violencias.

Por otra parte, he contado esta historia a un sinfín de personas con el propósito de que nadie más pase por lo que viví. Durante el 2019 laboré en un periódico local y durante el casi año que permanecí fui víctima de violencia psicológica y acoso laboral por parte de quien era el jefe de mi área.

Esto lo sabía toda la empresa, porque además él tenía problemas de comportamiento y ya había molestado a más de uno ahí. La situación escaló tanto que tuve que recurrir al director del medio pero le restó importancia y hasta dudó de mi historia.

Todo lo que viví ahí tuvo como consecuencia un cambio psicológico y físico en mí, terminé en terapia psiquiátrica y con medicamento porque no podía lidiar con ello. Y hasta la fecha, no he podido vivir en paz ni he vuelto a laborar en medios por el trauma ocasionado.

Mi historia no es tan diferente a muchas compañeras reporteras, comunicólogas, fotógrafas, etc. Y aunque es necesario mencionar que los hombres también pasan por ello, estadísticamente las más afectadas son mujeres, mismas que son tratadas como “locas”, “oportunidad” o “exageradas”.

Pues bien, estas historias de acoso y violencia persiguen a muchos medios y a quienes los dirigen, la mayoría son del conocimiento público pero los perpetuadores nunca son castigados y contrario a eso, continúan ejerciendo una profesión que para su humanidad, les queda muy grande.

Estos perpetuadores y sus medios se han abanderado del movimiento feminista o el movimiento LGBTTTIQ. En sus editoriales se proclaman defensores y aliados de estas causas, escriben libremente sobre las actividades y las difunden.

Aún más, adornan sus redes sociales con los colores representativos de cada lucha, se venden como un medio seguro a donde puedes acudir en caso de estar en peligro y aseguran tener un ambiente laboral libre de acoso.

Nunca nada estuvo tan lejos de la realidad.

Y cómo explicaba en la columna pasada, el morbo e interés monetario es disfrazado de empatía, deben de colorear su realidad para exprimir económicamente a las personas o esos movimientos; pero dentro, cuándo el exterior no los ve, vuelven a ser los mismos acosadores de siempre.

¿Cómo alguien que violenta, acosa y minimiza puede ondear la bandera del feminismo y decirse deconstruido? No es posible. No hay manera de tener dos vidas, una muy cuestionable y otra más humana; porque, al final terminará rebasándote la misma realidad.

Este ejemplo es muy extremo pero necesito hacerlo. Es cómo aquellos casos de asesinos seriales que vivían dos vidas y nunca se cruzaban, nunca intervenían las personas de una realidad en la otra. En casa y con amigos eran una persona normal, pero fuera de ese círculo, agredían y mataban.

Ellos, después de ser descubiertos, no estaban en posición de luchar por las causas sociales, ni de pedir condiciones de trato digno si a sus víctimas no se les permitió. Luego había un shock mediático porque nadie podía creer que su vecino con la vida perfecta fuera un delincuente.

Bueno, algo así pasa en los medios y bajo este sistema que pacta un encubrimiento. Siguen sin creer que una persona con familia, hijos, un empleo y abundantes amigos pueda ser un acosador, agresor y/o asesino.

Siguen sin creer que alguien que escribe o informa sobre las injusticias de los menos favorables, que escucha historias desgarradoras y que empatiza con las causas sociales, pueda ser un psicópata que oculta signos de violencias, incluso a veces ni se esfuerzan por ocultarlos pero socialmente nos enseñaron a normalizar estas conductas.

Los medios de comunicación NO SON ALIADOS. No lo son desde el primer momento en que encubren internamente a un violentador y no lo serán porque no tienen una línea editorial con perspectiva feminista y de género.

Su línea editorial es incrementar las ganancias internas, explotar las luchas sociales y reforzar el pacto patriarcal alrededor de la industria periodística.

Y no hay nada feminista ni revolucionario en eso.

Monserrat Chávez Olivas.
Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.
He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.
Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.
También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.
He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.
También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

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