
Por: Monserrat Chávez
La conciencia nos ha otorgado la virtud del cuestionamiento, para señalar aquellos actos que dentro de nuestra moral consideramos impropios. Esa moral no estigmatizada de religiosidad sino de esa que nos permite diferencia entre libertad y daño.
Hoy retomo el vídeo publicado por código magenta después de la declaración de la artista mexicana Sasha Sokol, referente al abuso y manipulación que sufrió en manos de Luis de Llano, la cual comenzó siendo ella una adolescente de catorce años hasta su mayoría de edad.
Será breve esta intervención, para seguir recordando que las relaciones con menores de edad si son negativas, deberían estar prohibidas y que nunca existirá consentimiento en ellas.
Cómo describía en el primer párrafo, contamos con una maravillosa cosa llamada conciencia que nos permite cuestionar. Pero, por increíble que parezca, no siempre hacemos uso de ello para proteger y salvaguardar la vida de otras/otros/otres.
Las sociedades han resguardado y protegido a abusadores con sus secretos familiares, obligando a las víctimas a callar y convivir con sus agresores. La cultura impuesta y aprendida del no juzgar, le ha mostrado a esas víctimas que la justicia es un deseo inalcanzable y la culpa, un ente permanente.
Cuándo elegimos no juzgar los actos y palabras que hieren a otras personas, silenciosamente contribuimos a que se normalice, extienda y no sancione la violencia. Lo que inevitablemente nos lleva a no identificarla en cualquier ambiente que se genera.
No juzgar a alguien debería aplicarse a no mencionar su físico, sus capacidades mentales, sus ideologías, sus gustos, su vestimenta, su vida sexual y/o vida personal. Aquello que no podrás cambiar porque es inherente a su ser y personalidad.
Pero ¿no juzgar y quedarte callado/o ante un delito evidente? ¿Por qué no habrías de juzgar a un adulto que abusa psicológica, emocional, física y/o sexualmente de un infante o adolescente?
Sí, juzguemos.
Porque la situación moral y legalmente incorrecta no se resuelve con “cada quien y su vida” o con sólo separar a la víctima del victimario. Porque al no existir confrontación directa y la exigencia de un castigo, dejamos a la deriva estas vidas, desprotegidas y rotas.
Sí, juzguemos.
Porque más del 60 por ciento de los delitos sexuales en contra de menores son cometidos por familiares o conocidos, ¿se tiene claro eso? Que el mismo círculo social que debería proteger está dañando permanentemente y se está saliendo con la suya.
Sí, juzguemos.
Para que las niñas, niños y niñes aprendan a identificar los abusos. Para que puedan verbalizarlo correctamente.
Sí, juzguemos.
Para que esos delincuentes sexuales afronten las consecuencias legales y sociales. Porque ellos, a diferencia de los menores, si son conscientes de sus actos y lo cuestionable de. Esos adultos han sabido siempre que hacen mal si no ¿por qué manipulan y mienten para mantenerlo en secreto o cambiar el curso de la narrativa?
Entendamos de una vez que hace treinta años, ni hoy, ni en cien años, las relaciones “sentimentales” con menores de edad no son correctas. No es amor. No es diferencia de edad. No es confusión. Ayer, hoy y mañana, eso será un delito.
Y permanecer callados ante tal injusticia y atrocidad, también nos hace parte del problema. Nos convierte en cómplices de un depredador narcisista.
No hay nada más inhumano que importarte la vida de un abusador por encima de una niña inocente en desventaja para defenderse.
“Las relaciones entre un adulto y un menor, son abusivas porque son asimétricas y dispares (…) Nosotros sabíamos cuándo callábamos que, estábamos dejando solas a esas niñas, pero ahora tenemos la oportunidad de corregir ese error, tomar partido, dejar las tibiezas, señalar al abusador”.- Carol H. Solis.
YO SI JUZGO, PORQUE LOS ABUSADORES Y AGRESORES NO TENDRÁN MÁS LA COMODIDAD DE MI SILENCIO.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.
He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.
Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.
También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.
He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.
También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.
