
Por María Fernanda González Lozada
“Hombre pequeñito”
Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
Suelta a tu canario que quiere volar…
Yo soy el canario, hombre pequeñito,
Déjame saltar.
Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
Hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes,
Ni me entenderás.
Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
Ábreme la jaula que quiero escapar;
Hombre pequeñito, te amé media hora.
No me pidas más.
-Alfonsina Storni
Definir el modernismo ha resultado una tarea compleja dentro de la crítica dado que surge en pleno auge de las vanguardias y va más allá de ser una tendencia estética, puede establecerse, simplemente, como respuesta contra los preceptos del Romanticismo. Sin embargo, su aparición se debe a la dificultad de concretar en Latinoamérica un movimiento romanticista sólido como en Europa y pudiera “instaurar una tradición literaria local” (Pérez, 45), lejos de los lineamientos europeos. Más adelante se consolidaría como una corriente “anticolonialista”. Alberto Julián Pérez y Santiago Castro Gómez –el primero ensayista y poeta argentino que trata temas de peronismo y liberación nacional, y el segundo filósofo colombiano, reconocido por sus trabajos sobre herencias coloniales– han tratado de explicar el fenómeno –claro, no son los únicos pensadores que lo han hecho–, la relevancia causada por ambos es el contraste de sus ideas.
Pese a que ambos comparten la idea del Modernismo como búsqueda de una estética capaz de proporcionar identidad a Latinoamérica, Julián Pérez señala la importancia de separar temas religiosos, filosóficos, políticos y sociales de la poesía (46). Por su parte, Castro Gómez –apoyado del entendimiento de Zavala– se refiere a un “proyecto colectivo” motivado por un conjunto de escritores y escritoras impulsados por la necesidad de liberación ante una sociedad sujeta al dominio político y, principalmente, económico. En el texto se lee: “Los textos modernistas serían, entonces, relatos de emancipación colectiva y personal frente al naciente capitalismo hispanoamericano” (122). Rubén Darío, seguiría la línea de pensamiento que Julián Pérez sugiere, sin embargo, algunos de sus textos serían una denuncia ante la situación de la época, es el caso de la narración “El rey burgués” (1887), en el cual hace una crítica ante la ambición de la clase burguesa.
Ahora bien, Alfonsina Storni en sus poemas muestra una enorme necesidad de liberación ante el sistema patriarcal que oprime a las mujeres, esto puede notarse en su poema “Hombre pequeñito” (1918), en el cual –a través de metáforas– denuncia el encierro, no solo físico, sino también, intelectual que la aqueja. La forma de abordar el Modernismo contrasta con la idea de Pérez, en cambio, concuerda con Castro Gómez al tratar una situación de tinte político y social. Se menciona en el texto: “El modernismo se presenta, entonces, como una rebeldía contra el sistema de valores predominante en la sociedad burguesa, en donde priman la disciplina del trabajo, el ansia de lucro y el egoísmo a ultranza.” (125).
El primer verso comienza de la siguiente manera: “Hombre pequeñito, hombre pequeñito”, hace un llamado ante ese hombre que representa a su opresor, después continúa: “Suelta a tu canario que quiere volar… / Yo soy el canario, hombre pequeñito, / Déjame saltar.” (Vv. 2-4), en estos versos el yo lírico se denomina como canario, esta figura representa el deseo de libertad; en los versos cinco y seis se lee: “Estuve en tu jaula, hombre pequeñito, / Hombre pequeñito que jaula me das”, la imagen de la jaula simboliza la sociedad patriarcal en la que se encuentra atrapada y pide salir. Se refiere al hombre como “pequeñito”, para aludir a su entendimiento debido a que este no es capaz de comprender la grandeza y la sed de libertad de la mujer, en el poema se presenta: “Digo pequeñito porque no me entiendes” (V.7). Más adelante la voz lírica expresa: “Tampoco te entiendo […]” (V.9), quizá, se refiere a que no logra entender la necesidad de su carcelero por tenerla prisionera.
En cada verso se puede notar una necesidad liberadora que impulsa al yo poético; con ello Alfonsina Storni refleja la necesidad de revelarse contra su opresor y emanciparse de las estructuras de poder –no solo a ella, sino a todas las mujeres–, en este poema con la metáfora “hombre pequeñito” representa un sistema completo incapaz de considerar a las mujeres, encargado de minimizar sus derechos y necesidades. Cabe señalar lo que comenta Castro Gómez: “el escritor se vio impulsado a rebelarse contra un tipo de sociedad que lo marginaba” (128), aspecto marcado en diversos poemas de Alfonsina Storni como “Tú me quieres blanca”, en donde reprocha las exigencias por parte del patriarcado hacia las mujeres, a través de la ironía plasma su inconformidad ante la figura idealizada que se les pide.
El modernismo, a pesar de verse ofuscado debido a la gran expansión de las Vanguardias no exime la importancia de las aportaciones ofrecidas por los poetas modernistas pese a la complejidad para poder dotarlo de una definición plena. En el caso de Alfonsina Storni, su poesía fue de suma importancia para denunciar la situación marginal que las mujeres vivían en distintos ámbitos de la sociedad. Con relación a lo postulado por Castro Gómez, más allá de buscar una “modernidad” y –cómo ya mencioné anteriormente– una tendencia estética, se pretendía crear una sociedad libre de la imposición hegemónica, en palabras del autor: “Una comunidad que, liberada del poder coercitivo de la razón instrumental, posibilite finalmente la humanización plena de todos los individuos.” (122). Por ello, el poema tratado está en completo contacto con lo dicho por Castro Gómez, pues la autora transgrede los lineamientos impuestos por el sistema.
Bibliografía
Castro. S. “Imaginarios sociales y estética de lo bello en el modernismo hispanoamericano”. En Crítica de la razón Latinoamericana (121-143). Barcelona: Puvill Libros.
Julián. A. (1995). Modernismo, Vanguardias, Posmodernidad. Ensayos de literatura hispanoamericana (45-95). Argentina: Ediciones Corregidor.
Poemas/Alfonsina Storni (2017). Buenos Aires: Biblioteca del Congreso de la Nación.

María Fernanda nació una tarde de marzo en la Ciudad de México, mujer de nombre fuerte. Fue criada bajo el seno de mujeres valientes, quienes la motivaron a no espantar sus sueños con el “yo no puedo”. Actualmente estudia la licenciatura en Letras hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana la “casa abierta al tiempo”. Es amante de los gatos, se identifica con cualquier manifestación artística y con el feminismo. Comenzó a colaborar en La Coyol Revista en mayo de 2021 con el artículo «Yo nací libre: el desengaño del “amor romántico” en el Quijote». Su tiempo libre se lo dedica a la pintura.
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