Sobre tal vez, mi pequeña gran crisis de los veinte/ De historias que nos hacen

Brenda Garrido Hernández

De alguna forma que no puedo terminar de comprender, llegue a 26 años el pasado mes de febrero. No puedo terminar de entenderlo porque muchas veces pensé en simplemente dejar a un lado esta condición tan caótica y francamente agotadora de estar con vida, pero… aquí estoy, después de 26 años, un mes y unos cuantos días intentando resistir este mar de incertidumbre.
Estoy trabajando en una tienda y seguramente en otras circunstancias, no sería mi primera opción de nada. Lucho con mi tesis a veces con más ganas y otras… simplemente dejo a la desidia ganar, mi futuro profesional es incierto, el familiar es extraño y el romántico no existe.

Vaya extraño panorama…
La mayoría del tiempo desde que empecé los veinte me he sentido más deprimida que en otros años. El sentir que mi vida no va a ninguna parte y que seriamente la muerte no sería un mal plan de retiro temprano, es algo tan constante que francamente se vuelve agotador. No todo ha sido malo, he tenido pausas, en las que la vida no me parece tan mala (la pandemia ha reducido considerablemente esos momentos, pero… existen).

Admito que he encontrado consuelo en las palabras de Guillermo del Toro, resulta reconfortante cuando alguien que parece haber conseguido TODOS los grandes logros te dice que, jamás se había sentido tan acabado, viejo y perdido como cuando estaba en los veintitantos.

Me reconforta pensar que los veinte son esa extraña época en la que generalmente TODOS nos sentimos perdidos, lamento que el posible sufrimiento de otros me resulte un alivio. Y es que de cierto modo la ley te dice que eres un adulto, la gente más vieja quiere que seas un adulto y en cierto modo no estas listo para la adultez, pero resulta que… ya lo eres y no puedes hacer nada para evitarlo.

Es una edad claramente desconcertante, y de repente empiezas a entender un poco al grupo de Friends con sus crisis laborales y existenciales en las que a veces no saben a donde se dirige su carrera o a los de Como conocí a su madre en busca del amor, y como los planes del protagonista se derrumban para luego decirte que “La vida raras veces resulta como la planeas y solo hay que vivir para que las cosas se vayan dando” (o al menos si no es una cita exacta, algo así me parece recordar).

Al final, a pesar de los grandes fallos argumentales que tienen estas dos series (Como Rachel rechazando Paris por mi personaje menos favorito, o el final con el triste destino de la madre) y porque no algunos diálogos y situaciones que nos dan un vistazo a la misoginia pasivo-agresiva que los guionistas dejan traslucir en varios capítulos de estas series, y que tu doloroso, lento pero francamente satisfactorio (a la larga) proceso de deconstrucción ha hecho que sean imposibles de ignorar, hasta hacértelos BASTANTE evidentes.

Lo cierto es que a pesar de sus fallos y aquellos momentos que me hacen enojar, ambas series me resultan reconfortantes, en especial en momentos en los que la tristeza y el sentirme perdida se vuelven mis emociones dominantes. Porque en cierto modo me dicen que «¡Eyy! Todos estamos perdidos a esta edad y vaya que madurar y ser un adulto es un proceso lento y doloroso». Lleno de ensayos y errores, de los que si tienes suerte aprendes cosas que te serán de ayuda y que no importa que tan malo pueda parecer, si tienes amigos todo se hace más… llevadero.

Photo by Keenan Constance on Pexels.com

Deja un comentario