De mamás luchonas, padres ausentes y pactos entre mujeres

Por Fernanda Loé

A Gaby, que, a pesar de tanto,

 todos los días decide ser mi mamá

Nuestro vocabulario crece todos los días, gracias al ingenio y a la necesidad. Y a la par, la visión que tenemos del mundo se expande a través de nuestras palabras. Pero, así como se nos ocurren nuevos términos para nombrar platillos, actividades no convencionales y medidas de tiempo, también surgen aquellos que enmarcan la realidad social. Hoy quiero hablar de uno que afecta específicamente a las mujeres.

Para dar un poco de contexto personal, yo provengo de una familia liderada por una mujer. Mi mamá es mamá soltera, ella se ha encargado de mi hermana y de mí, toda la vida. Nos ha pagado la escuela, nos ha llevado al doctor, nos ha cuidado y regañado, todo al mismo tiempo que trabajaba, porque era la única responsable de nosotras. Mi papá nunca estuvo presente en mi vida ni tampoco cumplió con la responsabilidad económica que le correspondía, por lo que mi mamá se dedicó a hacer lo necesario para vernos sanas, felices y estudiando.

Y aunque pareciera que todo lo anterior es mero chisme, se relaciona directamente con un término que hoy en día, debido al contexto en que lo usan, me resulta molesto y denigrante. Ese término es “mamá luchona”.

En un inicio, “mamá luchona” se refería a una mujer que se enfrenta sola a la crianza de sus hijos y que por lo tanto tiene que trabajar, esforzarse, para sacarlos adelante por su cuenta, en la ausencia del padre. Sin embargo, este término se fue ridiculizando hasta que se convirtió en una manera más de denigrar a las mujeres que son madres.

En mi caso, veía al término de manera positiva, sentía que reflejaba el esfuerzo que hacen todos los días, mujeres como mi mamá, para ser mamás y al mismo tiempo profesionistas, amas de casa, emprendedoras, etc. hasta que en una ocasión, en plena plática con amigos de la universidad, uno de ellos se refirió a una chica como “mamá luchona” diciendo que salía con muchos hombres diferentes para buscarle padrastro a sus “bendis”, que trabajaba de lo que fuera porque no le quedaba de otra, que ya no era una mujer que ven como pareja deseada porque venía con muchas responsabilidades, entre otras cosas peores.

Me sentí muy mal al escuchar eso, pero me sentí peor porque solo me reí y me fui. Sentí que estaba traicionando a mi mamá, a ella que, en la primaria, aún cuando llegaba cansada del trabajo, se sentaba a revisarme la tarea o a preguntarle las tablas a mi hermana. Que hacía lo posible por comprarnos la mochila que queríamos, los zapatos de moda, juguetes y hasta pagarnos clases de baile, natación o inglés.

Además de todo, hasta los hijos resulta que son llamados “bendis”, acortando el término “bendiciones”, como burla de la decisión de las mujeres de ser o no ser madres, o de su actitud cuando ya lo son, haciendo referencia a que las mujeres ven como bendiciones a sus hijos, sin importar el contexto económico, social e incluso psicológico en el que se encuentren.

Es increíble que en una situación en la que el hombre es el que desempeña el papel de padre que abandona a sus hijos, la pena, la burla y la crítica, recaiga en la mujer que se queda con los niños, se hace presente en sus vidas, los mantiene y los cuida. Siempre, de una u otra manera, es válido burlarse de las mujeres, incluso cuando están en una situación que no depende en lo más mínimo de ellas.

A lo largo de mi vida he escuchado cientos y cientos de personas que opinan de la situación de mi mamá diciendo “bueno es que tú tampoco pusiste de tu parte para que se quedara (mi papá)” o “es que no es que sea malo, simplemente no estaba listo”. La justificación parece necesaria para mi papá, pero para mi mamá, no hay más que cuestionamientos y juicios.

En el caso de mi papá, debemos motivarlo a que tenga una relación conmigo y con mi hermana, hablarle, pero no para pedirle dinero, porque es muy feo demostrar que tiene una responsabilidad económica que no cumple, acomodarnos a cuando él se sienta bien para vernos dos horas aunque sea o comprender que a veces se siente con ganas de ser papá, pero otros días tiene mucho trabajo, está muy cansado o simplemente no tiene ganas de tener hijas.

Para mi mamá, sucede al contrario, ella ha tenido que estar presente todo el tiempo, estar dispuesta a ayudarnos, trabajar, pero no actuar como mamá que trabaja (“desobligada”), asistir a las juntas de la escuela, comprarnos los útiles, checar que esté al día nuestra cartilla de vacunación, contratar la botarga para nuestras fiestas de cumpleaños, hablarnos sobre temas difíciles. No tiene días de descanso, nunca debe dejar de sentirse agradecida por ser mamá y tampoco puede decidir no hablarnos o no asistir al festival del día de las madres.

Aunque a veces queramos, no podemos fingir que el problema es con todos. Las mujeres siempre llevan la de perder. Y eso se transmite de generación en generación. Recuerdo que en una clase en la preparatoria nos hicieron levantar la mano a todas las chicas que éramos hijas de mamás solteras o que por alguna razón no teníamos presente a nuestro padre. Automáticamente nos dijeron que estábamos destinadas a buscar la aprobación masculina, que no tuvimos, en todas las relaciones amorosas que entabláramos a lo largo de la vida, lo cuál nos hacía más propensas a soportar abusos.

Así de rápido y fácil me di cuenta que con eso me estaban diciendo que, así como mi mamá tuvo que luchar contra el mundo para criarme, yo tendría que luchar no sólo contra los demás, también contra mí misma, por culpa de un señor que no quiso ser mi papá. Cabe mencionar que no estuve dispuesta a aceptarlo.

Esa broma que comenté anteriormente, fue la última vez que permití que alguien usara ese término de manera despectiva en mi presencia. Tal vez no parezca mucho, porque no es algo que afecte a millones de personas, pero para mí significa que, en lugar de tener un pacto patriarcal con hombres que son padres ausentes, parejas violentas o abusadores, hice un pacto con mi mamá. Hice la promesa de reusarme a repetir esos chistes machistas, de no reírme de comentarios que hieran a mi madre y a tantas madres solteras que existen en el mundo y de dejar de justificar a los hombres irresponsables que convierten a esas mujeres en madres solteras.

Yo sé que existen muchas realidades diferentes a la que yo vivo, situaciones donde hay padres amorosos, presentes y responsables, madres solteras que lo son por decisión, padres que crían a sus hijos solos, etc. Pero por algún lugar se tiene que empezar a acotar, y qué mejor que partir de mi situación para tratar de transformar el entorno, para usar las redes sociales bajo mis términos, para tener pláticas entre amigos en las que no se tenga que denigrar a nadie a costa de una carcajada. Para  ver a mis profesoras, compañeras, amigas, tías, etc. más allá de las “obligaciones” a las que la sociedad nos encadena sólo por ser mujeres.

Y, sobre todo, quería que esta fuera una carta de amor a las mujeres que conozco, y también a las que no conozco, que se han enfrentado al mundo solas, llenas de miedo, pero con toda la entereza que se necesita criar a sus hijos. No cubriendo, sino eclipsando el papel de un papá que no fue papá, sólo progenitor. Y echando el mundo a andar para niños que, como yo, defienden y admiran a las mujeres que decidieron quedarse, estar, ser. Que nos dieron identidad, apoyo, estructura y amor.

El mundo existe gracias a ustedes y no deja de existir nada más porque ustedes deciden levantarse un día más, salir a trabajar, generar dinero, sostener a su familia y abrirse un espacio en este país que se esfuerza por voltear la mirada y cerrar puertas, ataúdes, fosas. Gracias por ser “mamás luchonas”, las admiro, las respeto y las defiendo.


Publicado por Fernanda Loé

Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM. Formé parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboré en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participé como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Soy fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros.

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