
Por: Monserrat Chávez
Tengo un par de meses haciéndome la misma pregunta, diciéndome las mismas palabras que en el momento no fueron una obviedad para mí ¿por qué? Por qué no lo pensé. Nadie te habla sobre las responsabilidades y esfuerzo que conllevan el educar, cuidar y querer a otro ser vivo pero en cuatro patitas.
El porqué: No recibimos educación sobre el correcto cuidado de los animales, en general. Y como no es parte fundamental de un plan de estudio y de la vida, como humanos se nos ha hecho tan fácil domesticarlos cuándo la realidad es contraria.
Hace nueve meses adopté a un husky; estaba chiquito y panzoncito cuándo lo recibí. No pensé en la gran responsabilidad que trae consigo un perro, de hecho no pensé en nada para ser honesta, sólo en lo bonito que sería, lo divertido que iba a ser sacarlo a “pasear” y lo feliz que seríamos.
Uy…
Cada mes me doy de topes contra la pared porque a veces creo que, mi labor como cuidadora queda mucho a deber y sé que no soy la única con esos sentimientos dentro de sí. Pero, vamos por partes y antes quisiera aclarar que NO soy experta, no estudié ni me dedico al cuidado animal ni tengo conocimientos médicos, lo aquí relatado es bajo experiencia propia.
Durante estos meses, Lucas y yo hemos compartido muchas vivencias, algunas muy bonitas y otras desagradables. Las más mínimas como alimentarlo, jugar con él, dedicarle tiempo, muestras de cariño hasta enfermedades, preocupaciones por su estado de ánimo, el odio ajeno y las dudas permanentes.
Entre el deseo de querer a un ser vivo como acompañante a realmente tenerlo a tu lado, hay una gran diferencia que nadie, en verdad nadie analiza… hasta que sucede y no sabes cómo actuar, porque de nuevo: nadie te lo enseña.
Bueno, para mí las cosas más básicas como alimentarlo, jugar con él y pasear se fueron dificultando conforme avanzaron los meses, él crecía y requería más atención. Y crecer significa tener distintos comportamientos considerando su raza; ni pensar en los días delicados de su enfermedad y que dejó secuelas en él.
¿Qué haces si tu perro no quiere comer? ¿Optas por entregarle comida hecha? ¿Qué haces si comienza a ser agresivo? ¿Qué haces si de repente te muerde para pedir algo? o porqué es su forma para apropiarse de algo ¿Lo regañas, le gritas, le pegas? ¿Qué haces si es más fuerte que tú al caminar? Y si tiene frío, si tiene hambre, si le duele algo ¿Cómo lo sabes?
Y a veces me digo a mí misma, “qué bueno que decidiste no tener hijos, porque no sabrías cómo actuar, qué bueno que no tienes hijos, porque aunque hayas ido a terapia quedaron secuelas de la dura educación y castigos que recibiste de niña y que tu perro te hizo recordar”.
Tú ¿te haz hecho la misma pregunta? Gracias a la terapia, sabemos qué está mal y los patrones no se deben de repetir, pero que impactante me parece que cuándo estamos bajo una situación de descontrol e ignorancia, nuestra primera reacción es la violencia; esa que normalizamos por generaciones.
Y que de forma lamentable, la perpetuamos con [hijas/hijos] o [animales].
Que bajo la desesperación y la necesidad de poder, dejamos que nuestras “mascotas” hagan lo que quieran sin enseñarles límites. Que por la escasa información sobre el cuidado digno animal elijamos la opción que a juicio propio es mejor para nuestros animales, sin pensar en las consecuencias positivas o negativas.
Y que excusados de esa falta de educación, no nos hagamos responsables de lo ocasionado y de quienes al final, son los beneficiados o afectados.
Hace unas semanas le platiqué mis pensares y preocupaciones a una amiga veterinaria, coincidimos en que, efectivamente, no hay instituciones dedicadas a este tipo de educación. Creemos que debería existir o mínimo, antes de adoptar o elegir a un compañero/a informarnos sobre sus necesidades y riesgos.
No es comparación pero ambos requieren cuidados – las infancias y animales son seres vivos que merecen respeto y amor, cómo adultos debemos ser capaces de brindarles seguridad y velar por sus derechos-
Más aún sí como especie hemos decidimos domesticarlos; porqué nosotros como humanos vivimos en superioridad y elegimos quienes son dignos de entrar a nuestra casa y quienes de ser una comida. Y esas decisiones *cuestionables* traen consigo mucha responsabilidad que pocos están dispuestos a asumir.
Es cierto que, no hay un manual ni se nos enseña a cuidar, a educar, a escuchar, a alimentar, a criar en un entorno digno y saludable. No se nos enseña a ser uno con el otro y entender sus necesidades y sentir.
No podemos ser perfectos en un mundo de imperfección, pero si podemos cambiar lo que somos y damos a otros con pequeñas acciones y el cuestionamiento respetuoso.
Recordar que los animales no tienen [aún] la capacidad de hablarnos con palabras, no nos exonera de respetar sus derechos. Al final, creo que la clave es la empatía y voluntad por servirles a ellos, como ellos a nosotros cuándo se transforman en luz en medio de la oscuridad.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.
He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.
Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.
También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.
He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.
También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.
