Con ternura, para ti | Agua de calzón para el ser amado.

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Por: María Daniela Ortiz Soriano.

Aquí en México solemos decirle a una persona muy enamorada (como broma, claro) que le dieron de beber “agua de calzón” o “le hicieron un amarre”; esto debido a la leyenda urbana sobre la brujería con la que cada mexicano crece, muchos no creen en la magia y menos en los amarres o agua de calzón, pero yo sí.

Así fui criada, con historias y supersticiones mágicas ¿y cómo no iba a creerles? Si así se enseña amar aquí en México, con la idea de “si no eres mío por las buenas, lo serás por las malas” y así recurren a las prácticas mágicas como buscar una bruja que te haga un amarre o cualquier menjurje con toloache para “dominar a tu ser amado”. ¿Por qué sentimos la necesidad de dominar al ser amado?

Por ejemplo, la historia de Doña Marina y su esposo: cuenta mi mamá que Doña Marina de joven se enamoró de Javier, un muchacho que tenía relaciones sexuales con muchas chicas a la vez sin ningún compromiso, haciéndoles daño muchas veces al mentirles y manipularlas para lograr su objetivo. Una de ellas fue Doña Marina quien, después de también ser engañada por Javier, buscó una bruja para que le diera un té de toloache que amansara el carácter de él y se casara con ella. La bruja le dijo que solo le diera un par de gotas del menjurje, pues el toloache es una hierba peligrosa, pero Marina estaba colérica de celos y le sirvió más del doble de la dosis y a Javier le dio una embolia cerebral que lo dejó discapacitado de por vida.

“Y por querer amarrarlo, terminó cargando con él de por vida, pero cuidar a su hombre es algo que una esposa hace” dijo mi mamá para terminar su relato. Ésta y otras historias sobre como las mujeres, llevadas al borde de los celos por sus parejas y aferradas a la idea de “es mío y de nadie más, lo cuido yo para que no se vaya”, buscan a brujas que les den veladoras o muñequitos hechos con su ropa interior y la foto del ser amado para tenerlo dominado, a su disposición y vigilado.

Casi todos los relatos giraban en torno a ese tipo de relación: Una mujer que es engañada piensa que debe dominar a su hombre o hacerlo volver a ella, así que recurre desesperada a esos fetiches mágicos llamados amarres que consisten, en obligar a una persona a estar contigo no por amor, sino por obsesión y posesión. También la mayoría de esos relatos terminan mal como el caso de Doña Marina, a quien un día le pregunté si se arrepentía del toloache. “Prefiero tenerlo como discapacitado a verlo con otra”, me confesó con amargura.

¿Por qué nos enseñan que el amor es una propiedad y no un sentimiento? Por años nos han enseñado desde niñas que es nuestra obligación mantener el interés del hombre, ser de ellos y ellos nuestros y que, si has encontrado uno que quieres, debes retenerlo a toda costa.

Nos responsabilizan de los engaños de las que somos víctimas y a veces nos orillan a responderlos con violencia: algunas con celos, otras con agua de calzón para obsesionarlos. ¿Vale la pena la obsesión en nombre del amor?

La magia en México es conocida en parte por los amarres, el agua de calzón y el toloache, pero creo que más allá de magia, el agua de calzón y los amarres son una forma de enseñarnos sobre codependencia, obsesión y posesión disfrazados de amor, una forma de violencia que aceptamos en nombre del amor.

Tal vez no creas en los amarres o en el agua de calzón, pero recuerda: ni la magia ni el amor es dominar y posesión.

Con ternura, para ti.  

Maria Daniela Ortiz Soriano. Egresada de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana de la UNAM, y Técnica Auxiliar Museógrafo Restaurador por la misma institución. Sus áreas de interés son la investigación literaria en el campo de dramaturgia y literatura Mexicana, la escritura creativa, investigación en perspectiva de género y teoría feminista, los programas de divulgación cultural, la Museografía y restauración del acervo histórico de la nación, y la participación activa en montajes escénicos.  

«Escribo porque me gusta vivir y me gustan las mariposas.»

Publicado por María Daniela

Curiosa de profesión. Licenciada en Lengua y Literatura hispanoamericana

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