Por Brenda Garrido Hernández
El tedio consecuente de la pandemia, y una monotonía que se niega a dejarme existir, al menos fuera de ella, parecen haber acabado con la creatividad que me quedaba. Muy a mi pesar, pareciera haber salido por la ventana y ahora se niega a regresar, a pesar de mis suplicas cada vez menos silenciosas.
Lo que antes me parecía sencillo se ha vuelto una tarea casi titánica, sentarme a escribir algunas líneas me resulta agotador. Antes podía pasar horas enteras entre lecturas y redacciones obligatorias y aquellas que no lo eran, pero me hacía feliz realizar, aun cuando se quedaran almacenadas simplemente para mi deleite personal.
Me gusta culpar al tedio, la rutina y lo que parece ser mi actual incapacidad para concentrarme. Antes las historias invadían mi cabeza, hoy parecen ruido blanco, ideas inconexas, pocas veces claras perdidas en una densa bruma que se niega a despejar.
Es como si ya no tuviese nada que decir, como si la rutina diaria hubiese drenado mis energías, hasta dejarme con una sensación profunda de despropósito ¿Por qué escribir? ¿Para qué? ¿Qué caso tiene? ¿Vale la pena? ¿Mis desvaríos sirven para algo? Me gusta culpar al tedio y la rutina porque la otra respuesta tiene que ver más conmigo que con lo que me rodea. El extraño monstruo que drena la luz de aquello que amo y deja a penas sombras, que me deja triste, vacía y sin ganas de más, que vive en mi cabeza sin pagar renta y de alguna forma a momentos aparece con fuerza.
Me consuela, en cierto modo, que no es la primera vez que me sucede. Sufrir un bloqueo creativo, lector para simplemente refugiarse en una zona de confort no es tan extraño, al menos para mí, y apuesto que para nadie que alguna vez ha tenido cierta inclinación por las artes.
A veces los grandes impedimentos viven en nuestra cabeza, y desgraciadamente no soy alguien que pueda proporcionar una solución mágica que ayude a vencerlos, créanme de tenerla la hubiese aplicado en mi desde hace tiempo. Siguiendo ese tópico extraño que me he propuesto en el que, este espacio se relacione con alguna obra de ficción que en cierto modo nos haga (que se relacione con eso que vivimos y con suerte de cierta forma le dé un poco de más sentido) les dejaré dos películas, que exploran un poco esa sensación horrible de tener un bloqueo creativo o falta de inspiración, porque… algo bueno debe salir de estas experiencias desagradables.
Adaptation (2002) Dir. Spike Jones
Este drama cómico de Spike Jonze, sigue la historia de un guionista deprimido (Nicolas Cage) que lucha con un bloqueo creativo mientras intenta adaptar el libro sobre un ladrón de orquídeas de Susan Orleans (Meryl Streep), sobre un ladrón de orquídeas. Adaptation explora nuevamente el juego metatextual cuando el guionista de la cinta se convierte en el personaje de la película e ilustra el difícil proceso creativo de adaptar una novela.
Barton Fink (1991) Dir. Joel e Ethan Cohen
Barton Fink es una cinta dirigida por los hermanos Cohen. Ambientada en el año de 1941 cuenta la historia de Barton Fink un guionista neoyorkino que tras su primer éxito es contratado por un productor de Hollywood para escribir un guion sobre lucha libre. Al llegar a su nueva ciudad lo que parecía una tarea sencilla se vuelve casi imposible, cuando un bloqueo creativo y falta de inspiración se apoderan de él. Llena de sucesos extraños, con una serie de imágenes atrapantes, que resultan metafóricas, y casi hipnóticas el filme muestra el descenso desesperante entre un plazo de entrega y la imposibilidad psicológica de cumplirlo.

