De posadas, libros prohibidos y armar una piñata literaria

Por Fernanda Loé

Como es tradición en México, el 16 de diciembre se empiezan a celebrar las posadas. Cada vez más modernizadas, cambiando a veces el ponche por alcohol y los aguinaldos por botana, acompañadas de bocinas que retumban con pop y rock, dejando de lado las letanías e incluso las velas para “pedir posada”. Pero, al fin y al cabo, celebración. Lo que sí no puede faltar es la piñata, que es justo el tema al que dedico mi texto de hoy.

La mayoría crecimos muy familiarizados con las piñatas, incluso algunos hemos elaborado una, ya sea como proyecto para la escuela o por gusto. Conocemos por lo menos el proceso básico para hacerlas: primero se parte de una olla de barro si se quiere vivir al límite o se hace la misma forma a base de interminables capas de periódico y engrudo puestas sobre un globo.

Una vez pasada la parte más tediosa, viene lo divertido, que es colocarle picos, barbas de papel crepé, tiras en las puntas, etc. Todo para después amarrarle un mecate que permita colgarla y rellenarla ya sea con fruta o con dulces.

Fuera de lo laborioso pero divertido que puede resultar el hacer una piñata, generalmente también sabemos un poco de lo que significa, que es el tema más relevante para este texto. Ligado a la religión, y como apoyo en la evangelización, la piñata representa más de lo que aparenta. Supuestamente debe tener siete picos, uno por cada pecado capital, que también están ligados al papel colorido con el que se adorna, puesto que refleja las vanidades y tentaciones del mundo.

El bien triunfa sobre el mal cuando, a palazos y a ciegas, como es la fe en Dios, rompemos la piñata y destruimos los pecados. Con esto recibimos la recompensa de la gracia de Dios, que en este caso es la fruta o los dulces que nos caen en la cabeza cuando se rompe la olla o el cartón y en ciertos casos más actuales, la cabeza de algún personaje de Disney.

Sin embargo, me pareció adecuado llevar esta metáfora de la piñata a la literatura, por lo que decidí hacer una piñata literaria. La olla representará la ignorancia y cada pico, es decir, cada pecado, será representado por un libro cuya característica es cualquiera de las siguientes:

  • Ha estado prohibido
  • Toca temas que escandalizan a la gente
  • Es transgresor de una u otra manera

Así, al leerlos, con la venda en los ojos que a veces nos ponen nuestros prejuicios, ya sean adquiridos o desarrollados, podemos romper la ignorancia y disfrutar de libros que en realidad pueden llegar a encantarnos o que podemos odiar pero por experiencia y no por ideas heredadas. Cada pecado lo interpreté de acuerdo a mi opinión personal de lo que significa y a las lecturas que he hecho. Dicho esto, empecemos con los pecados.

Pereza

Este primer pecado parte de la idea del tedio, negligencia o flojera. Por lo tanto, elegía Nada de Jante Teller, ya que uno de los personajes principales, Pierre Antón, se sube a un ciruelo cuando se da cuenta de que nada vale realmente la pena y como no importa el futuro, no tiene ningún objetivo seguir viviendo como vivía. Este pequeño gesto desata toda la trama del libro y nos hace cuestionarnos muchas premisas que tenemos como lectores, pero sobre todo como seres humanos.  Jane Teller tiene varios libros que parten de cuestionamientos filosóficos y que, en mi opinión, están más que listos para ser prohibidos al motivarte a cuestionar todas tus creencias y valores.

Envidia

Para envidia elegí Lolita de Vladimir Nabokov porque, sobre todo en la actualidad que ya miramos desde otra perspectiva esta película, nos queda claro que la relación entre un hombre mayor y una niña es más que inapropiada. Desde el abuso de poder hasta el abuso sexual, este libro muestra cómo la obsesión y el deseo actúan sobre Humbert. Y aunque he leído reseñas que señalan que es un libro de amor, me parece que lo primero que brinca a la vista es el incesto y el erotismo.

Sin embargo, decidí proponerla para el pecado de la envidia porque es un retrato de lo que muchos hombres quisieran. Ha sido adaptada un par de veces al cine logrando escandalizar a los que deciden verla, pero también planteando una duda en muchos al pensar que esa relación podría ser posible. Representa un deseo prohibido, oculto, que estoy segura tiene una gran cantidad de personas, sobre todo hombres. Tanto es así, que hasta existe el término “síndrome de Lolita”.

Es por eso que despierta envidia en lectores que anhelan una obsesión como Lolita, a pesar de todas las críticas que ha despertado no sólo el libro, también las películas, como el hecho de que la protagonista de la adaptación de 1962 así como la de 1997, eran menores de edad grabando escenas de contexto sexual con hombres mayores. Sin duda, hay mucho que pensar acerca de este deseo de los hombres de tener parejas mucho más jóvenes y cómo está más presente, e incluso normalizado, de lo que creemos en el cine y la literatura hoy en día.

Gula

La carne de Rosa Montero creo que queda muy bien para la gula, puesto que el problema principal de la protagonista es que no puede contenerse, siempre quiere más. Soledad, una mujer de 60 años, contrata a un gigoló para darle celos a su ex, sin embargo, esa relación va cambiando puesto que ella desarrolla dependencia debido al miedo de no volver a ser amada.

El gigoló por su parte ha tenido una vida problemática y también, de una manera u otro, depende de Soledad. No es simplemente amor, es acompañamiento mezclado con problemas de abandono y situaciones económicas complicadas. Ella es una mujer adinerada que empieza a sentirse una jovencita embelesada por el hombre al que le paga por acompañarla, él es un hombre apuesto, extranjero (es ruso), con problemas económicos e incluso con una familia que mantener.

Lo que podría resultar escandaloso e incluso se plantea en la novela, es la relación entre una mujer mayor que sale con un hombre mucho más joven. A eso se le suma el hecho de las diferencias de estrato social, desde lo monetario hasta que ella es una reconocida experta en arte y diseñadora de exposiciones, mientras que él es un muchacho que resalta solamente por su aspecto.

Y aunque no les menciona a los otros que está con ella por contrato, obviamente todos dudan que esté con ella por amor.  Sin embargo, nos plantea esa dura pelea que tenemos, específicamente como mujeres, contra el tiempo, la soledad, la edad y el valor que la sociedad le asigna a la juventud.

Ira

Fahrenheit 451 de Ray Bradbury siempre me trae a la mente dos palabras: ira y miedo. Yo lo interpreto de muchas maneras. El miedo al pensamiento crítico, a las ideas, al conocimiento. Por otro lado, también miedo a las comunicaciones masivas, a la televisión y a la ignorancia.

En cuanto a la ira, en mi caso despierta una sensación de impotencia y enojo ante la idea de reprimir el conocimiento, obviamente acompañada del coraje de que quemen libros. Y también ese deseo de destruir ideas disidentes, cosa que nunca parece lejana sin importar en qué época estemos. Es fiel muestra de que la ira puede ser el motor de muchas acciones, tanto buenas como malas.

Lujuria

Existen muchísimos libros censurados que podrían entrar en esta categoría, sin embargo, decidí elegir Inmaculada o los placeres de la inocencia de Juan García Ponce porque es un libro que me ha generado pensamientos encontrados a los que siempre les doy nueva interpretación. La historia relata como la protagonista, Inmaculada, va creciendo y descubriendo su sexualidad de maneras que escandalizarían a muchos. Lo interesante está en que cuando encuentra a un hombre que al parecer no tiene ningún tabú ni límite en cuanto a la sexualidad, el personaje de Inmaculada logra demostrar que no es verdad. Es decir, la libertad sexual y de pensamiento de ella, rebasan incluso al “más liberal” de los hombres. Es una lectura que siempre recomiendo y que estoy segura que sería un gran éxito si alguna editorial decidiera reimprimirla ya que vendría acompañada de opiniones escandalizadas y reprimendas, cosas que siempre le convienen a la publicidad. Una lectura que en verdad nos hace cuestionarnos las creencias, no sólo relacionadas a lo sexual, que podemos tener muy arraigadas debido a la sociedad que nos rodea y a conceptos como el de “moral” o “decencia”.

Avaricia

Para avaricia elegí Temporada de huracanes porque el contexto de pobreza en el que se sitúa el libro, es el terreno perfecto para la avaricia. De hecho, de un acto de avaricia parte la trama de la obra. Además, está escrito de tal manera que uno termina si no justificando, sí entendiendo los errores de los personajes. Las carencias son palpables y las condiciones de vida avergüenzan porque como lector, sabes que ese es el día a día de muchas personas en México y en muchas partes del mundo.

Y si no es un libro prohibido, sí es de esos libros que la gente a veces decide ignorar debido a que la realidad que retrata, duele. Fernanda Melchor tiene la habilidad de dar voz a personajes complejos y escenarios que son el fiel reflejo del contexto social de la periferia.

Soberbia

Salamandra de Efrén Rebolledo es una lectura que fue muy difícil conseguir pero que valió cada esfuerzo invertido. La historia nos habla de Elena Rivas, femme fatale en su máximo esplendor. Acaudalada, bellísima, de ojos verdes, pelo negro e infinito, con un cuerpo que las mujeres envidian y los hombres desean. Orgullosa de ser admirada y envidiada. Tan llena de soberbia como de admiradores masculinos.

“Monstruosamente coqueta” como la describe Fernando, el más devoto de sus víctimas y protagonista de la obra. El adjetivo que le asigna es importantísimo para la trama que no quiero arruinar con spoilers, pero lo que sí se sabe desde un inicio es que Elena se regodea con el sufrimiento de sus amantes, con su destrucción, venida a menos, depresión e incluso locura. Todo por ella. Es por eso que elegí esta obra para el pecado de la soberbia.

Y la soberbia no sólo viene por parte de la protagonista, también de parte de Fernando, que se creía el mejor de sus pretendientes, al ser un poeta apasionado, talentoso y embelesado por la figura de esa musa que se le presentaba con medias, bata y un cigarro egipcio.

En mi opinión, lo más escandaloso de este libro es el hecho de que Elena Rivas, divorciada en una sociedad en la que el divorcio no estaba permitido, decidió vivir una vida de diversión y libertad. Vive sola en un hotel lujoso, maneja, fuma, hace fiestas, asiste a reuniones sociales casi todas las noches y tiene un grupo de pretendientes que asisten juntos a su suite para charlar, beber y bailar, entre otras cosas. Y claro, el final demuestra que lo que se propone lo cumple, siguiendo siempre sus deseos sin dejarse influenciar por nadie. Es una lectura tan macabra como irresistible.

Como conclusión, más allá de los libros prohibidos por la sociedad, creo que esta es una oportunidad para pensar si existen libros que nos prohibimos a nosotros mismos, ya sea por prejuicios, miedos e incluso por querer ir contra lo “popular”. Y como cada quién cuenta según cómo le fue en la feria, entre amigos, familia, compañeros, etc. tendemos a adelantar nuestros juicios a los hechos, así que los invito a romper la piñata. Sería bueno incluir alguno de estos que mencioné, o algún otro que consideren dentro de sus prohibiciones personales, dentro su la lista de propósitos literarios para el próximo año.

Fuentes consultadas:

https://www.adn40.mx/videoteca/cultura/notas/2020-12-21-10-56/origen-pinata-significado-posadas-tradicion-mexicana-especial

Publicado por Fernanda Loé

Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM. Formé parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboré en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participé como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Soy fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros.

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