Escribir para resistir | Redes de apoyo: la Sra Lupita y sus nietos

María José Soto

Cuando la señora Lupita entra a la oficina no sé si saludarla de mano, de beso o de abrazo. No me gusta el contacto físico con gente desconocida- ni conocida- y además, la pandemia está de por medio. Opto por ponerme de pie y saludarla. Le estoy sonriendo aunque con el cubrebocas ella no puede verlo.

La señora Lupita debe tener unos sesenta años, no es alta, viene con un vestido blanco y negro y el cabello amarrado en una coleta. Fernanda Lazo, la presidenta de Corazones Mágicos*, nos presenta y nos deja solas para que podamos iniciar la entrevista.

Lo primero que hago es explicarle de que va mi investigación. Le cuento que yo también soy sobreviviente de abuso sexual, que por eso es que quiero hacer un reportaje. Un trabajo periodístico que no se centre en explicar la cifra de 4.5 millones de niños y niñas abusadas al año o en la sintomatología del abuso. Algo que no se centre en el horror, sino en la esperanza. Ella asiente y entonces, yo procedo a preguntarle.

⸺Fernanda me decía que fueron sus nietos los que pasaron por el abuso. ¿Me puede contar de ellos?

⸺Son seis, cinco mujeres y un varón. Fueron abusados desde que nacieron, yo obviamente no sabía nada.

Me pregunto si la señora Lupita, como yo, tiene un speech preparado para cuando va hablar de esto. Si ya sabe qué contar y de qué forma hacerlo para que no le duela. Si lo ha repasado tantas veces para evitar que la voz se le quiebre. Yo, en mi papel de “periodista” no lloré con su historia, pero ahora que la escribo, casi no puedo ver por las lágrimas.

La señora Lupita me contó la historia de una mujer muy poderosa que es ama de casa, mamá, abuela y red de apoyo de seis sobrevivientes de abuso sexual infantil. Todo comenzó un día que su hija le llevó a sus nietos y nunca más regresó por ellos. La señora Lupita entregó a los niños al siguiente responsable: su papá, del que ella no sabía ni sospechaba que también era su agresor. Él era alcohólico, así que ella en su papel de abuela le exigió que ya no tomara y se dedicará a cuidar de los niños, mientras su mamá volvía.

Una tarde los niños fueron a visitarla y ya no querían regresar a casa. Le decían que su papá no los quería, pero no lograban romper el silencio. “Él los dominaba con la mirada, los veía y ellos ya no decían nada”. Después de esa tarde, el progenitor de los niños no dejó que la señora Lupita los viera durante varias semanas.

En ese tiempo, los niños dejaron de acudir a la escuela hasta que un citatorio obligó al padre a no descuidar su educación y a permitir que visitaran a su abuela los fines de semana.

Fue un domingo cuando una de sus nietas se acercó a ella y le contó lo que su padre le hacía. En un primer momento, la señora Lupita pensó que solo era ella víctima de la agresión, pues los demás continuaban en silencio.

A partir de ese momento, comenzó la misión de rescatar a sus nietos. Lo primero fue sacarlos de aquella casa, proceso que tardó bastante. Fueron uno a uno saliendo del cautiverio, enfermos, mal alimentados, agredidos, y sobre todo, aterrados. El miedo a que su agresor tomara represalias contra ellos no los dejaba dormir ni jugar.

Levantaron la denuncia correspondiente en el Instituto de la Mujer y ahí los canalizaron a Corazones Mágicos. “Cuando llegamos aquí fue cuando pude respirar, aquí empezaron con la terapia”. En ese punto, la nieta mayor tenía tan solo siete años. Los niños fueron atendidos por los terapeutas de la asociación.

La señora Lupita, junto a su esposo se tuvieron que hacer cargo de los seis niños y cambiar por completo su dinámica familiar con el objetivo de hacer que ellos se sintieran cómodos, protegidos y amados.

El primer cambio que hubo fue en el trato que les daba la señora Lupita, “yo los veía y decía ‘pobrecitos’ y es lo peor que puedes hacerles”. La señora Lupita tendía a llorar a solas, escondida en alguna parte de la casa, pensando en todo lo que sus nietos habían tenido que sufrir. La rehabilitación duró alrededor de seis años, ella también fue atendida psicológicamente durante ese tiempo. “Me costó mucho dejar de consentirlos, porque yo soy abuela, no estoy para educarlos, pero acepté tenerlos conmigo y lo voy a hacer bien”.

El segundo cambio fue hacer reglas. Reglas para la convivencia de la casa, pero más importante, reglas para que aprendan a conocer su cuerpo, a respetarlo, cuidarlo, sanarlo. Quitarles la culpa fue una de las tareas más importantes y difíciles, así como el enseñarles que pueden vivir sin miedo, que están seguros y que nadie los lastimará otra vez.

A casi dos años de que la última de las niñas fue dada de alta, la señora Lupita sonríe y afirma que “no lo van a olvidar, nunca, pero sí van a saber cómo controlar sus emociones, cómo controlar el miedo, van a poder ver los peligros. Ahora sí que así nos tocó y solo hay que echarle para adelante, porque para qué mirar atrás”.

La señora Lupita me cuenta que ella es feliz cuando los ve cantar y bailar, que la crianza de sus nietos ha sido compleja, pero hermosa. Me dice que en la escuela algunos van más adelante que otros. Ella siempre les dice que sí pueden, les recuerda lo inteligentes que son. “Nos costó trabajo, pero estamos saliendo adelante”.

⸺¿Y el caso procedió legalmente?

⸺Ay, la denuncia.

La señora Lupita suspira y su mirada pierde la alegría. La denuncia procedió. Hace más de un año que lo sentenciaron a 15 años de prisión. Y él mete amparos. Uno tras otro y el proceso de los amparos dura 6 meses. “Al principio yo lloraba porque cómo es posible que todo lo que hizo y no hagan nada, pero llegó el momento en que entendí que yo me debo de cuidar y no desgastar en eso. Si yo no estoy bien, ¿quién cuida a mis niños? ¿Quién va a querer seis niños? Yo debo estar bien para que ellos también lo estén”.

“A veces se desesperan, se cansan, algunos han tenido recaídas, pero yo siempre les digo que van a tener su recompensa, que van a ser felices, libres, que les llegará su premio por todo lo que hacen. Y ahí vamos”.

Cuando me despido de la señora Lupita, quisiera que la pandemia no me impidiera abrazarla, porque es lo menos que se merece. Un abrazo para agradecerle que les haya creído, que los refugie, que los ame, los cuide, los sostenga.

*Corazones Mágicos es un asociación dedicada a la prevención y rehabilitación de víctimas de abuso sexual infantil. Se ubica en la ciudad de Querétaro.

María José Soto nació la noche lluviosa del 29 de junio de 2001, en Querétaro, México. Es estudiante de Comunicación y Periodismo, bailarina de ballet y feminista. En lo literario, ha publicado sus cuentos en espacios digitales como Especulativas, La Coyol y Las Sin Sostén; en lo periodístico, su trabajo se puede encontrar en Tribuna de Querétaro (Dossier del 8 de marzo 2021), Notas Sin Pauta y su columna Escribir para Resistir en La Coyol Revista.

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