Historias de alacenas, vitrinas y macetas. I Retrato en sepia.

Por Arizbell Morel Díaz.

Photo by Juanjo Menta on Pexels.com

En medio de la ofrenda, Petra colocó mi fotografía más reciente. En ella luzco como si toda mi vida hubiera sido color sepia y jamás una sonrisa se hubiera cruzado por mi rostro enjuto aunque joven. Mi fotografía que contrasta con el colorido de las calaveras azucaradas y el papel picado la mira desde los recuerdos. A pesar de ellos, Petra sonríe. 

Petra siempre me quiso más que cualquier otra persona, solamente ella pondría mi fotografía en esta casa donde las paredes hablan gritando, donde un altar no es para un santo y los perros se han olvidado hasta de ladrar. 

¿Para qué volvería mi ánima a este lugar?

Pero Petra no piensa en eso, ella solo se encarga de ponerme la ofrenda y sonreír con sufrimiento. Petra quien siempre fue más que una buena madre. 

El calor de las velas me gusta. Hace que la habitación sea más cómoda y menos lúgubre. Ni la hojarasca se atreve a entrar con el viento. El amarillo de los árboles se queda pegado en los cristales de las ventanas como si supieran que en este sitio no cabe ni la esperanza de la felicidad. 

Petra sigue limpiando, se dirige a la cocina y comienza a lavar unas ollas. Ella que no cree en los fantasmas pero atesora mi fotografía anhelando que tal vez el mío sí exista.

Hoy, la miro tallar las cacerolas con detenimiento. Petra frunce mucho el ceño. Eso nunca me gustó, no tendría por qué hacerlo. 

Si pudiera decirle que la otra vida es un constante día helado en el cual has olvidado tu suéter favorito, ella solamente se reiría de mis ocurrencias. 

¡Tiene mucha imaginación, Lolita! Me decía cuando en las mañanas, sentadas frente a una taza de café con piloncillo, le contaba mis aventuras del día anterior. Miles de sueños por realizar despierta. Cuando estaba viva me encantaba la idea de viajar. 

Pero no, nunca pude. El dinero, el tiempo, la compañía se interponían entre los miles de planes que encajaba mi cabeza, en los planos de lugares por conocer que ya no existen más. 

Ahora que no necesito ni el dinero pero tengo el tiempo no puedo viajar, trasladarme me parece poco sensato. ¿Quién cuidaría de Petra sino estoy yo para asegurarme de que si cae muerta en la cocina se escuche un ruido?

¿Quién más se alertaría si un día no regresara para apagar las velas de un altar improvisado que le hizo a su sobrina? 

Ella que siempre fue mi única compañía se quedaría completamente sola a escuchar los ruidos de la casona casi vacía. 

No, no puedo hacerle eso. Aunque los años pasen, mi fantasma está ligado a las lágrimas de su rostro, al frío de esta habitación, a la mugre entre los azulejos añejos que ya pueden ser de cualquier color. 

Petra me tiene a mí, a Dolores para cuidarla. Si supiera que estoy junto a ella, tal vez se sentiría menos solitaria, menos abandonada. Entonces, tal vez y solo tal vez, abriría la ventana chirriante para dejar entrar unas cuantas hojas y en medio del altar habría una alfombra de amarillos y naranjas que combinaría con el sepia de mi retrato a medio olvidar. 

Pero Petra no puede saber eso, ella solo talla una olla más. 

Ahora soy una estadística, un número más en los obituarios de la Ciudad abominable e innombrable que está más allá de estas cuatro paredes amarillentas, deslavadas como la blusa de Petra.

¿Qué es una vida? Me pregunto todavía si existe una respuesta. 

Saberlo ya no me afectaría, pero el gato aunque muerto tiene hambre de comprender. La curiosidad nos hace humanas, las respuestas nos matan. Es una muerte lenta la del saber, a cuenta gotas. Despacio, como la erosión, el cuerpo se va desgastando, se va deshilachando hasta que no queda más que un retazo de lo que una fue. 

Ojalá mi muerte hubiera sido así.

Ojalá mis ojos se hubieran secado poco a poco y mi cráneo pulido con el viento, dejando una maraña de cabellos entre los huesos lisos y medio rotos de lo que fue una mujer. 

Pero no, mi muerte fue la de México. A mi muerte yo no la elegí. Él la seleccionó y ella vino a mí. Solo se les olvidó avisarle a Petra que yo ya no iba a venir. 

Entre la ofrenda, ella me busca y adorna la casa con cempásuchitl oloroso esperando que los pétalos, un tanto ya descoloridos, me puedan guiar de vuelta aquí. Petra, que quiere más que nada en el mundo que yo venga a apagar una de sus velas, que coma el dulce de camote y parta la calabaza para hacernos una sopa con ella. Ella, mi madre, mi tía, mi vecina quien todavía desea que yo llegue con las manos rebosantes de papel picado a decirle ¡Qué bella tu ofrenda! ¡Qué colores, qué olores! Pero le falta un muerto para merecerla. 

Al menos, yo te traje una muerta. 

Petra termina con sus quehaceres, voltea a la ofrenda y sonríe. Camina despacio hacia su habitación, hacia nuestra habitación y cierra la puerta con la fuerza que le queda. La escucho sollozando, ojalá pudiera abrazarla. 

Decirle, no fue tu culpa. Estas cosas pasan, aunque una no quiera. En realidad, ya sabía que podía ocurrir…La ofrenda te ha quedado divina, no siempre nos llevamos bien. Petra, mujer, vive tú, aprovecha las horas que a mí ya no me quedan. Sal a correr por los campos de asfalto. 

Yo ya no estoy, olvídate de que existí si es para llorarme. No busques entender, la justicia es una ilusión, un consuelo a la moral. 

Vive, si me quisiste realmente, vive. 

Pero el único ruido que escucha Petra es la hojarasca tratando de entrar por esa ventana. 

Arizbell Morel Díaz.

Actualmente dirige “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart, Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla con la compañía La Crisálida así como el proyecto “Dame un tenor” de Ken Ludwig seleccionado en el programa “Incubadoras de Grupos Teatrales UNAM 2020-2021” de cual también es co-traductora. 

También se desempeña como asistente de dirección y elenco de “Die Dreigroschenoper” de la Facultad de Música de la UNAM, dirección de Diana Viguri y adaptación de Horacio Almada Andersen. 

Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera” (2021)  y “Barista” (2021).

Deja un comentario