De Margarito Ledesma, Chamacuero y ser un humorista involuntario

Por Fernanda Loé Gómez

Hace unos años, en una librería de viejo, encontré un libro que en ese momento compré por su aspecto y por el precio. Estaba bastante amarillo y costaba $15, perfecto para mi bolsillo de estudiante. Otra cosa que me llamó la atención fue el nombre del autor, por lo que llegué a mi casa directo a buscarlo en internet. La sorpresa más grande me la llevé cuando al hojearlo descubrí que eran poemas que daban risa, pero, sobre todo, que estaban escritos de manera coloquial y divertida. Para mí fue extrañísimo por fin encontrar un libro de poesía que no tenía palabras rebuscadas ni hablaba de sentimientos profundos y sublimes.

Así apareció ante mí la poesía de Margarito Ledesma. Todo, desde la portada del libro, es todo un caso. Abajo del nombre del autor se lee “humorista involuntario”, cosa que a lo largo del libro siempre repite. Inicia con una explicación que habla del autor en tercera persona e indica que los poemas contenidos a continuación, fueron mandados por su creador para ser corregidos por el que escribe esta explicación, el licenciado Leobino Zavala. Hasta ahí todo pareciera normal, pero resulta que Margarito Ledesma es el seudónimo de Leobino Zavala, quien creó todo un personaje para publicar su libro, cosa que mantiene hasta la última página.

Luego sigue un prólogo que pareciera ser escrito por un amigo de Margarito, Melitón Palomares, para recomendar la poesía de su amigo. Cabe recalcar que el supuesto Melitón claramente no es estudioso, puesto que el prólogo está escrito de manera coloquial, y sus motivos para recomendar el libro son simplemente porque son amigos y el autor es buena persona. Después, bajo el título de “Dos palabras”, Margarito agradece la insistencia y el apoyo de sus amigos y compadres para publicar sus poesías, como él les llama, recalcando que no es experto ni estudioso. Por último, antes de iniciar con los poemas, se agrega una dedicatoria al estado de Guanajuato, tierra que vio nacer al poeta y a la que le está profundamente agradecido. 

De esta manera comienza el libro, con la portada y un poema que se titula “Portada” en el que el poeta deja claro que lo que ambiciona es el galardón de llamarse poeta, por lo que no le importan las burlas que puedan surgir a partir de la publicación de su libro.

Y antes de que hable de lleno de los poemas, es necesario hablar de Leobino Zavala. Según su biografía, que consulté en la ELEM, vivió en San Miguel de Allende toda su vida, fue notario público y diputado local y federal. Adoptó el seudónimo de Margarito Ledesma para publicar su único libro, Poesías, editado en varias ocasiones y aumentado con nuevos poemas. En lugar de ser considerado un “poeta popular” se convirtió en un «poeta de culto» a pesar de que la crítica literaria lo ha desdeñado. Entre los que lo apoyaban, se encuentra José Luis Martínez, José Emilio Pacheco y Juan Domingo-Argüelles. Por lo tanto, Margarito y Leobino muchas veces se confunden, puesto que el autor construyó toda una identidad para permitirse ser cronista de sus tiempos y dejar claro que era cercano a todo aquello que retrata en sus poemas.

Y como no podemos conocer al poeta sin conocer su obra, voy a ir mencionando diferentes poemas para ejemplificar los temas que abarca a lo largo de su libro Poesías, del que afortunadamente poseo la edición completa. Primero, y como lo deja claro en su dedicatoria, el poeta le tiene un profundo amor a su tierra natal, Chamacuero, de donde saca todos los recuerdos y vivencias que cuenta en sus poemas. En “Dúo poético” contrasta la triste despedida del momento en el que se va con la dicha cuando regresa, para al final declarar:

Y aquí, con honor sincero,

te juro de buena fe

que nunca te abandonaré,

¡Oh, inolvidable Chamacuero!

Como parte del deseo de dar cuenta de su vida en Chamacuero, Margarito también le dedica algunas de sus poesías al lugar y a sus alrededores, como lo es el rio de La Laja, que, según la descripción propia del poeta, corre a orillas del pueblo. No solo es parte del paisaje, sino de la vida cotidiana, ya que, como Ledesma describe, en él las señoras lavan, las mujeres se bañan, la gente hace tamaladas a sus orillas, es centro de reuniones de amigos y escenario de historias de amor. Y al ser parte de la comunidad, queda plasmado en las poesías.

Pero, sin embargo,

yo no te hago cargo

de tantas maldades,

y en mis soledades,

¡oh, rio murmurante!

sueño delirante

con el alma toda

en hacer mi boda

junto a tus orillas.

Al mismo tiempo Margarito es cronista de sus tiempos, cosa que le da un valor diferente a sus poemas. Uno de los temas de los que habla, demostrando la situación en la que vive, es la política. Mediante una crónica chistosa y descarada, critica los procesos electorales, un ejemplo es su poema “Las elecciones” en el que narra que el día de elecciones, hubo tanto desorden que las urnas, que en realidad eran cajones mal hechos, a fin de cuentas fueron robadas por desconocidos mediante balazos y golpes, cosa bastante familiar para los que vivimos en México. Al final dice:

Y de esos modos tan tristes

se acabó la función.

La verdad, para esos chistes,

mejor que no haya elección.

Tampoco falta la crítica social, en especial a los políticos, que en realidad son personas comunes y corrientes que de pronto consiguen un cargo y a partir de eso se comportan muy diferente con los amigos, los enemigos y hasta entre ellos. Además, claro, de la ventaja monetaria que adquieren a costa de su empleo a pesar del poco trabajo que muchos realizan. Todo esto a mayor y menos escala, como él dice, desde el jefe de la comunidad hasta el señor presidente.

Luego luego se fajan pistola

y se aplastan detrás de una mesa,

y muy serios menean la cabeza

y todo el día se están dando bola.

Una característica de la poesía de Ledesma es que muchos poemas son crónicas de su vida en el pueblo, con los diferentes personajes característicos de ese tipo de comunidades y, sobre todo, de la vida diaria con sus altas, bajas y momentos cómicos. Con su poema “En la fiesta titular del lugar”, nos cuenta a detalle todo lo sucedido en la celebración del pueblo, que, entre alcohol, baile, cuetes y más, desembocó en escenas como la siguiente:

Andaba uno de Celaya

que dicen que a la mera hora

se le perdió la señora

y que todavía no la haya.

Como no sólo es cronista de los otros, también de sus propias vivencias, también se detiene a contarnos sobre su casa, sus amigos y hasta sus perritos. Le escribe varios poemas a cada una de sus mascotas, y en “Mis otros perros” dedica unas palabras para los que han sido sus compañeros y para los que en un futuro espera que sean sus animales de compañía:

Porque si no nos preocupamos de su vida

y no tratamos de tenerlo grato,

nos puede dar un mal rato,

pegándonos una fuerte mordida

o arrancándonos la suela de un zapato.

Por último, a Margarito no le pasó desapercibido un tema tan universal e importante como el amor. Lo que sí es cierto, es que lo retrató a su modo, entre risas, quejas, burlas e incluso, doble sentido. A lo largo de su libro narra muchas situaciones que sufren los enamorados: encuentros prohibidos, el desagrado de las familias, los primeros besos, las habladurías que despierta el romance, las relaciones con diferencia grande de edad e incluso los problemas matrimoniales. Como muestra dejo estos siguientes versos de su poema “¿Por qué te tapas?”:

Al pasar junto a mi lado,

te tapas con el rebozo,

¿Pues qué crees que estoy sarnoso

o que estoy descomulgado?

Pues no tengo nadad de eso,

pues mi defecto mayor

es el tenerte este amor

que sin miedo te confieso.

Si no tienes voluntad,

siquiera de contestarme,

yo creo que no hay necesidad

ni menos de avergonzarme.

Así que con todo esto que he mencionado, creo que además de conocer a Margarito Ledesma, podemos llegar a la conclusión de que hay mucha poesía allá fuera esperando a que la descubramos si nos atrevemos a buscar un poco más allá de los estantes de enfrente. Poemas que nos pueden, además de hacer suspirar, remontarnos a diferentes épocas, enseñarnos rinconcitos del mundo desde los ojos de sus habitantes, contarnos cómo era la vida, compartirnos historias sobre tradiciones y hasta servir como chismógrafo. Tal vez incluso corran con la suerte de encontrarse, como yo, un libro de Margarito Ledesma, amarillento, barato y lleno de polvo, vivencias y risas.

Publicado por Fernanda Loé

Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM. Formé parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboré en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participé como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Soy fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros.

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