
Por: Monserrat Chávez
¿Haz contemplado el suicidio cómo forma para eliminar el dolor? Alguna vez, aunque sea un microsegundo ¿lo haz pensado? Millones de jóvenes sí. Otros millones más lo han hecho. Colocar un punto final a la existencia.
Todos los día pienso en ello, en mi etapa más grave, en cómo logré recuperarme y salir de ahí; pienso aún más (cómo una cosa de añoranza) con fechas conmemorativas; cómo lo fue el pasado viernes 10 de septiembre Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
Todos los días pienso en los momentos que quise hacerlo, que lo planee, que casi lo intento. Hace dos años pensé en morir, mantuve el pensamiento recurrente durante poco más de un año las veinticuatro horas de los siete días de la semana.
Me hice daño a propósito para hacer más llevadero el dolor; porque me resultaba fácil tolerar el dolor físico que el emocional, ese que no puedes ver, que no puedes señalar. Yo me sentía morir todos los días, moría un poco más cada mañana al despertar y sentir las llamas del infierno a mí alrededor.
A veces me pregunto cómo logré salir de ahí, es un cuestionamiento absurdo porque claro que lo sé, pero ¿y sí no hubiese tenido el valor? La soledad sobre mí, no había palabras que me hiciesen sentir reconfortante, ni libros que me brindasen respuestas.
No había amistades, conocidos, familiares a quien expresar el dolor, llevaba un par de meses en terapia y yo sentía ahogarme aún; una vez más pensé en morir, terminar todo de una vez. Acepté el dolor y lo miserable que me hacía el sitio donde estaba, tenía que intentar otra opción; cómo única oportunidad.
El resto ya los saben. Tomé una consulta con el psiquiatra, tomé medicamentos, sufrí los efectos secundarios. Cambié de terapeuta. Renuncié a lo que no me sumaba, lo que me hacía infeliz. Me di valor para hacer lo que me llenaba el alma. Por primera vez en más de veinte años me puse como prioridad.
Yo sigo aquí gracias a eso. Sigo aquí gracias a que alguien me escuchó, me entendió, supo que decir en el momento adecuado. Aquí estoy gracias a que me pedí perdón, al diálogo interno que me redimió a que coloqué un punto y coma en mi historia.
Pero hay más cómo yo, que no encontraron un ser en este planeta que les escuchara, consolara y ayudara.
Hoy quisiera recordar a quienes el dolor les hizo tomar la decisión de terminar su vida y les pido perdón también. Deseo que ahora se encuentren en un lugar donde no exista la tristeza, el lugar donde siempre quisieron estar.
También hablo [sin mucho derecho] por ellos, para defender su accionar. No lo malinterpretes, me refiero a eliminar los estigmas sociales con los que señalan, culpándolos de todo; porque realmente no quieres morir ¿Quién si?
Abro la conversación para hablar sobre las personas con tendencias suicidas y aclarar que atentar contra nuestra vida no es el objetivo ¿Creen qué no lo intentamos de mil maneras “sanas” posibles? Sin embargo, la cultura social y el escaso acceso médico no permite tomar terapia o medicarse y si lo hacen, no pueden sostener un seguimiento.
Puedo decir [con peligro a equivocarme] que el suicido es una última opción o la vía única que logras ver ante la ceguera que te provoca el dolor ¿te imaginas cuántas heridas puede tener alguien qué elige morir porqué considera que sólo así se terminaría todo? Creo que no todos pueden empatizar con ello.
Para quienes murieron en espera de una vida mejor; que el universo les haya concedido eso y más. Espero que se hayan ido tranquilos y por fin esté descansando en paz.
Para quienes [cómo yo] su estancia en este plano terrenal es un punto y coma; deseo que el universo les haya escuchado, espero que la tranquilidad sea su día a día, que su corazón lata con más fuerza, que las heridas hayan cerrado y su mente, ya no susurre por las madrugadas.
Sólo deseo que, pronto la sociedad esté lista para no sólo hablar de salud mental, también de trastornos y conductas suicidas o suicidio. Que hablemos desde la empatía y no en busca de culpables.
Deseo que pronto alguien en una comida familiar pueda decir “no estoy bien, he pensado en morir, necesito ayuda”, que alguien en una reunión con amigos exprese “llevo semanas sin fuerzas para hacer algo, no puedo concentrarme”, que podamos decir a nosotros mismos “hoy no puedo solo/a, buscaré ayuda”.
Deseo que, principalmente los padres respondan “mi hijo no es flojo por no levantarse, mi hijo está mal y necesita ayuda”, “quiero ver a mi hijo feliz”, “te ayudaré a buscar ayuda”.
Que la empatía hacia los temas que rodean la salud mental, sea nuestra única prioridad en esta sociedad que aún tiene mucho que aprender.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.
He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.
Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.
También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.
He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.
También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.
