Por Elizabeth Vázquez Pérez
Como de historia de terror donde la creatividad y el misterio aparece en los sitios menos pensados es como surge esta historia que no fue plasmada en las hojas de un libro cualquiera más bien fue él mismo el protagonista que dio pie a estas magníficas leyendas en voz de quien lo vivió.
Fue por el año de 1993 en una escuela de renombre ubicada en la Cholula de Rivadavia donde el alumnado se reclutaba para asistir a clases. Yo iba en tercer grado tenía mucho frío y el día amanecía con neblina espesa pues había llovido mucho, se notaba por los enormes charcos en los patios y canchas de básquet Ball algo tétrico para hacer ejercicio y es que ese día a primera hora nos tocaba clase de educación física y nadie tenía ganas.
La noche anterior me había dormido tarde por ver El libro de piedra (una película mexicana del director Carlos Enrique Taboada, 1969) lo que había motivado mi mente para lo que vendría más tarde.
Al pasar los minutos el maestro nos había dado clase la mayor parte de la hora, nos presionaba para hacerlo obteniendo como premio unos diez minutos de descanso.
Cuando quedamos «libres» nos pusimos de acuerdo para ir al campo de la parte trasera de la escuela donde se rumoraban muchas historias : el panteón oculto debajo de esa tierra ubicada atrás del convento de San Gabriel Arcángel, la piscina vacía llena de utilería escolar, el claustro, el libro de piedra. Recuerdo que mis compañeras de transporte escolar platicaban historias misteriosas más lo que había visto en televisión fomentó la adrenalina de lo desconocido nos taladraba la mente y en lo máximo posible con tiempo libre fuimos allá.

Durante el camino platicamos sobre lo que decían los chicos más grandes: «que sí le pegabas al libro en medio se abría y te llevaba el diablo» esas fueron las palabras de un compañero que al ver las caras de todos, carcajeaba con furor.
Me dio miedo tengo que confesarlo sin embargo mi curiosidad me abofeteo para armarme de valor al cruzar todo el campo de fútbol con maleza y polvo hasta llegar al rincón noroeste donde estaba la alberca con bancas viejas, pizarrones, basura, subí la mirada y ahí estaba el libro sumergido en una pared del convento. Una pared de bastantes años que recogía historia y piedras de río como relleno o decoración, el libro era una losa extraña tallada como escultura ahí.
Todos nos quedamos anonadados del esplendor y comenzamos a aventar piedras para abrirlo y saber si era verdad. Ese momento fallamos y regresamos a clase ya que un prefecto nos vio y ya era tarde aparte que diez alumnos sin estar en su pupitre daría señal de preocupación a la maestra de grupo por lo que mandaron a buscarnos sin embargo nuestras ganas no cesaron y volvimos a la hora de recreo que con lunch en mano y la otra con rocas buscábamos tino sin lograr nada, al menos no lo fue estando yo ahí ya que tuve que dejarlos.
Cuando llegue al salón la maestra se preguntaba el motivo sin ninguna respuesta hasta unos minutos más tarde donde llegaron todos excepto una chica que decían estaba desmallada en la enfermería.
Sin duda algo había pasado y al preguntar un compañero platicó lo sucedido:
«el libro se había abierto para esa chica saliendo humo rojo por debajo de sus pies donde la alberca como alfombra fungía para ser devorada por el diablo…»

Quedamos asombrados hasta ver llegar a la chica toda pálida aparentemente en shock.
No podíamos creer que en verdad hubiera pasado eso y como santo Tomás «hasta no ver no creer» fui con un grupo reducido al lugar un día después y atiné darle en medio. Esperé un momento para tratar de tener fuerzas en el contexto que sabría que pasaría pero no llegó y nos dimos por vencidos. El drama no surgió y se plasmó una historia propia, la que contaron los compañeros con una incógnita por saber si sucedió. Tacharon de dramática a la chica y al que lo contó creo gozó del temor que nos provocó al hacer una leyenda que de generación en generación ha sido contada en el Cisneros con mucha imaginación .
No cabe duda que los libros se abren para contar historias y el libro de piedra se envuelve en su propia magia en el misterio que las personas le proporcionan al contarla y el poder que tiene la escultura en la sugestión.

Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.
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