23 de agosto de 2021 | Abril Rosas
Hace un par de semanas estaba posteando y viendo historias en mi cuenta de ilustración, cuando encontré que una amiga (a la que por cierto conocí por el mismo medio), estaba denunciando el plagio de una ilustración que habían hecho de otra amiga suya.
Grosso modo, una odontóloga subió el dibujo de aquella chica eliminando su firma y colocando en la descripción de la imagen, el mismo texto que la ilustradora había colocado sin ningún tipo de mención o etiqueta. Al momento en el que se le pide dar crédito o retirar la imagen, la señalada hizo caso omiso, hasta que varios días después la presión la obligó a dos cosas: la primera, eliminar la ilustración, no obstante arremetió contra las chicas en mensaje privado, ridiculizando y desvalorizando el hecho de pedirle respetar la autoría de la artista. ¿Lo irónico? la dentista subía fotos de su trabajo en las que colocaba su firma.
Para fortuna de aquella artista digital el tema se resolvió pese a la mala actitud de quien había tomado su dibujo sin autorización, sin embargo, la facilidad con la que se pueden apropiar contenidos deja entrever un problema. Lo sencillo que resulta plagiar, robar o incluso alterar una pieza o producto original haciendo caso omiso de sus derechos de autor. Y no solo en el contexto artístico, pues ha ocurrido en la cultura y hasta en la ciencia.
Plagio en la cultura

Ejemplo de ello es que de acuerdo con el diario Sin Embargo, durante 7 años, al menos 23 marcas textiles nacionales e internacionales han plagiado diseños autóctonos de comunidades de Oaxaca, Puebla, Hidalgo y Chiapas, para marcar patrones en bordados o estampados para prendas de ropa. Algunas de estas marcas van desde Mango, Desigual o Zara, hasta Dior y Carolina Herrera.
En julio de este año, el Instituto Nacional de los Pueblo Indígenas (INPI), emitió un comunicado oficial donde reprobaba el plagio hacia la cultura de los pueblos indígenas no solo respecto al hurto de sus patrones de bordado, sino hacia todo tipo de expresión cultural. Esto luego de que las autoridades de Santa María Tlahuitoltepec de Oaxaca, hicieran una denuncia pública por el plagio de sus diseños por parte de la empresa estadounidense Anthropologie, apelando a retirar las prendas del mercado.
Este problema está y ha estado al punto que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), emitió recomendaciones a los municipios de pueblos indígenas del país para estar atentos a posibles plagios textiles. ¿Pero qué más se ha hecho al respecto?
A propósito de este ejemplo en particular, la Secretaría de Cultura está trabajando en alternativas jurídicas para la protección de las prendas indígenas y sus fabricantes. Pretende organizar una pasarela el próximo noviembre con textiles autóctonos e invitados de otros países con la intención de dar a conocer y reconocer el trabajo de los artistas mexicanos, abriendo un espacio de diálogo.
No obstante, este problema está lejos de terminar en tanto se presenta en la gastronomía, esculturas, pinturas, calzado y muebles para el hogar. De hecho, semanas atrás se viralizaron memes donde Zara en su línea del hogar, vendía hamacas con nombres rebuscadísimos a precios exorbitantes. ¿Qué está pasando con eso? ¿Quién está haciendo algo al respecto? ¿Por qué las noticias sobre la protección al trabajo indígena del país no son tan compartidas como las denuncias sobre ellas?
Lo que el plagio significa para los artistas

A escala macro el problema es gigante. Las repercusiones y consecuencias para el país y sus grupos son plenamente palpables y eso que he mencionado solo un ejemplo a manera de poder figurar la forma en la que el plagio actúa sobre los grupos vulnerables. Ahora, cada uno de esos grupos está integrado por personas con hambre, sueños, ganas de superarse y muchos sentimientos a propósito del hurto de su trabajo.
En este caso no delimito a los artistas indígenas, sino a todo tipo de artista o creador de una idea que día con día trabaja para dar vida a algo nuevo. Tal como plantee en las primeras líneas, yo misma lo hago y he conocido a personas comprometidas por ir tras sus ambiciones, que hacen sacrificios algunas veces incluso en contra de su salud para poder seguir creando. Pues muchas de estas tienen escuela, trabajo o ambos y además abren un espacio en sus limitadas horas para hacer lo que aman hacer, a costa del sueño; de merecido descanso o sano ocio; de generar más estrés; incluso, a costa del hambre.
Entonces, suponer lo que cada pieza creativa significa para un generador de arte o cultura va más allá de lo monetario, que desde luego y no por este comentario pretendo desacreditar, de hecho, el valor de una pieza va más allá del económico, pues al tratarse de una creación subjetiva involucra a la sensibilidad misma de quien la elabora. Además de su formación; horas de práctica para el perfeccionamiento de un estilo o una técnica; estudios independientes que gran parte de las veces no son gratuitos; materiales que van desde arcilla, pinturas, pinceles hasta recursos como la electricidad, Internet y agua.
Con base en lo anterior busco retratar la realidad de muchos creadores, que además enfrentan otra serie de problemas respecto al estado: como la falta de valoración, oportunidades, remuneración y un sistema de impuestos del que muchas veces no se conoce, o del que es muy poco posible conservar ganancias, a menos que seas un artista de renombre. Este último problema no solo aqueja a los creadores, sino a pequeños y medianos empresarios.
Aunque, desde luego, el registro de obras y control legal de ellas a través de organismos públicos, es la manera en la que los creadores pueden salvaguardar la integridad y propiedad de sus creaciones.
Respaldo legal de los derechos de autor

Con lo anterior es importante que los creadores y creativos conozcan en sus entidades cómo funciona la protección de sus derechos de autor y desde luego, cómo hacerlos valer y qué organismos son los responsables de brindar tal defensa. De esa manera, entramos en materia de derecho, área en la que no he sido formada. Por eso, lo expresado a continuación fue consultado por mi exprofesor de derecho en la universidad.
Desde el punto de vista jurídico, la protección de ideas y en consecuencia, de creaciones derivadas de éstas, pueden estar protegidas mediante dos figuras:
Los derechos de autor
Establecidos en la Ley federal del derecho de autor, son definidos por José Luis Caballero como “el poder jurídico que corresponda al creador intelectual para ejercer derechos de naturaleza moral y patrimonial respecto de sus obras, independiente del género a que éstas pertenezcan”. Es decir, el poder disponer de las propias creaciones sin distinción al tipo de arte o pieza, siempre y cuando exista un medio de sustento y/o reproducción.
La protección a la propiedad industrial
Se enfoca a registros, marcas comerciales o patentes, es decir, se dedica a la protección de bienes inmateriales. En contraste con los derechos de autor que requieren un medio para la materialidad de lo protegido.
Con esto, es importante que los artistas se asesoren con un especialista para poder llevar un registro de sus piezas, ideas o marcas según corresponda el tipo de protección legal sobre ellos. Así, se garantiza la intervención jurídica en caso de que sus obras o ideas sean objeto de plagio; protegiendo la integridad del artista así como el esfuerzo implícito de la creación previamente expuesto.
Ahora, ¿existe una manera de poder combatir la fácil reproducción del plagio?
¿Cómo combatir el plagio?

Hasta el momento, el artista puede registrar sus obras como se ya se expuso y proceder legalmente en caso de plagio, sin embargo, ¿aquellas personas que no se dedican a la creación pueden ayudar a reducir este problema? La respuesta es sí.
Tal como comenzó esta historia, el arte de la amiga de una amiga estaba siendo hurtado y gracias a la difusión, otras creadoras y seguidores nos enteramos de la situación para ejercer presión sobre la responsable del robo hasta que retiró la publicación. Entonces, es posible entender que en solidaridad a quien sea víctima de plagio, su comunidad y conocidos pueden arremeter en contra de quien ejecute el daño, al punto de hacerle ceder ante la presión social, pues su reputación puede afectarse. Es decir y como coloquialmente se emplea, “podemos quemar al ladrón en redes sociales” y compartir la “quema”, para expandir este efecto.
Sin embargo, hay mucho más que puede hacerse tanto en lo micro como en lo macro pero resumiré esta acción en una frase simple: siendo críticos con nuestros hábitos de consumo. Tal como expresé en el ejemplo de los textiles, hay industrias internacionales pero también nacionales que hurtan a otros fabricantes, que hurtan sus creaciones, ideas y hasta su identidad y cultura. En estos casos es de suma importancia estar enterados quién está detrás de lo que consumimos, qué prácticas éticas distinguen sus procesos de creación y si es posible, cómo se dan estos procesos y si existe alguna demanda en su contra por violar derechos de autor.
Es importante destacar que no solo aplica con la industria de la moda, sino del arte, gastronomía y todo objeto de cultura y conocimiento, pues como lo he mencionado antes, este fenómeno afecta también a las ciencias, aunque en estas líneas el límite haya sido la cultura.
Para concluir, resulta prudente rescatar y resaltar la idea que he venido trabajando durante este escrito: el problema del plagio nos afecta a todos en la escala macro o micro. Ya sea porque roban tu cultura, o porque a un conocido tuyo le han hurtado un retrato. Este, es un fenómeno latente que a todos nos afecta y para solucionarlo hay que exigir pero también actuar. De esta manera, es posible respetar y valorizar a nuestros creadores, así como exigir justicia cuando sea necesario.
Fuentes de consulta
En 7 años, 23 marcas plagiaron el diseño autóctono de México, y no hay una sola denuncia: activistas
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Soy Abril Rosas, amante del arte y licenciada en comunicación. Escribo como ejercicio de pensamiento y sentimiento; por una parte la demanda de razón que suscita la cotidianidad; y por otra, las emociones que para mis adentros se acentúan.
He escrito poesía, cuentos y relatos para Prosvet, Poetazos y para Líderes Ciudadanos en su certamen nacional: Historias Ciudadanas. También, para esta misma asociación recibí el premio a mejor cortometraje animado en 2020, donde fungí como ilustradora, guionista, productora y voz de doblaje.
Actualmente trabajo como ilustradora digital y community manager. Me he desempeñado como guionista y productora para empresas privadas en mi natal Oaxaca de Juárez.
