Conversaciones de Madrugada | Ser la feminista en una familia machista

Por: Monserrat Chávez

Crecer instaurada en escenarios violentos, secretos propios y ajenos, para después reproducir y dejarse conducir por ellos. Para toda acción, una reacción y una consecuencia. La niña del hogar, la niña que debe ser protegida y al final, la niña abandonada.

No necesito preguntar como era tu familia y tu niñez, porque estoy 90 por ciento segura que tu ambiente fue el mismo que el mío; el mismo que el de millones de mujeres en México, América Latina, en Asia o Europa.

¿Qué te enseñaron a aceptar sin cuestionar y reproducir? ¿Qué reaprendiste? ¿A quién necesitaste alejar?

Me es muy difícil recordar momentos felices y agradables de mi niñez, parece que me rodeaba la infortuna y claro, el machismo y misoginia. Aunque la terapia ha ayudado a reencontrarme, aún hay heridas sin sanar y sin explicación.

Supongo que lo he dejado muy claro en anteriores columnas, pero si aún hay alguien que necesite leerlo para identificarse y sanar, continuaré. Mi vida, mi crecimiento bajo un sistema patriarcal en desigual con mis “iguales”.

El método de crianza en mi familia es el castigo, la supresión, la vergüenza, la manipulación, el servicio al varón. Siempre lo he dicho, existen los micromachismos (que deberían ser machismo nada más) acciones simples a la vista pero con resultados imborrables a la memoria.

Pasé mi niñez y adolescencia escuchando como las “niñas” debíamos actuar, vestir y hablar, ser dulces, dóciles, serviciales, calladitas; alegres pero no efusivas, lindas pero no atrevidas, participativas pero no líderes, delgadas pero no atletas.

Me conflictuaba mucho porque por más que me repetían como debía ser, no encajaba en el estereotipo y yo quería estar ahí, porque [en mi mente de niña] si era como ellos decían, yo obtendría su aprobación y querer ¿de quien? De mi familia, de conocidos, de amigos, de todo aquel que me rodeaba.

Duele, duele saber que a las niñas se les enseña vivir así, porque luego cuando te topas con el cuestionamiento no sabes de que otra forma vivir, no sabes quién eres. Y es que toda tu identidad fue construida con la visión de otros, nunca la tuya.

No recuerdo cuando me encontré con el feminismo o cuando me autodenominé feminista, pero ahora de adulta creo que siempre lo fui, desde niña. Me encontraba en constante conflicto y dudas, renegaba del lugar social que me habían dado, del lugar familiar en que me habían colocado; nunca quise ser esa mujer y por eso estoy ahora aquí.

Primero inició reconociendo el trato desigual entre los varones de mi familia y yo, luego los comentarios desagradables en comidas o reuniones o las actitudes machistas resaltadas con la embriaguez, después no pude parar.

Reconocer el tipo de crianza que recibí y cuestionarla de principio a fin, encontrándole siempre un pero y error. Reconocer la violencia de los varones, sus agresiones físicas y/o emocionales dirigidas a otras mujeres o de la propia familia, reconocer su misoginia a través de actos cuestionables.

Continué, hasta llegar al punto de corregirles, de no reírme de sus chistes machistas, de ignorar sus conversaciones para luego recibir un “qué grosera”. Y como al nacer me bendijeron con el don de que mis expresiones faciales fueran tan visibles, fue fácil incomodar.

Claro que sentí mucho enojo durante muchos años porque descubrí que a nadie le importa reconocer errores y cambiar, admitir que están mal. Pero luego, [gracias a la terapia] entendí que no se puede obligar a alguien a cambiar ni a reconocerse, pero una si es responsable de las decisiones que toma.

Y esas decisiones siempre que sean por salud mental y bienestar propio, son válidas. Elegir irse y no volver también es quererse y sanar. Elegir romper la cadena y el pacto también es pensar en una misma.

Yo elegí no justificar más la violencia, machismo y secretos dañinos de mi familia. Elegí romper relación con algunos miembros, evitar su presencia y cruzar palabra. Elegí no asistir más a reuniones, fiestas o simples convivios. Elegí poner límites y priorizarme, límites que no respetaron [a la fecha].

Ya no apuesto por nadie. Ya no veo por nadie. Ya no soy permisible con nadie. Elegí terminar con la creencia de que a la familia todo se le permite. No, ni a la familia ni a nadie se le permite lastimarte y encima, sin consecuencias.

Creo que eso fue lo que colmó todo, el coraje de que ellos se saben impunes ante cualquier acto o dicho. Sin castigo y sin señalamientos. Y mientras los machistas, misóginos y agresores sigan caminando yo no bajaré la guardia ni perdonaré lo que en el pasado y presente se ha hecho.

¿Qué si he causado incomodidad y molestias? Sí, a los narcisistas les molesta que no seas más su presa para poder manipularte. Pero eso ha cambiado y va a cambiar en muchas familias. Creo firmemente en que las mujeres pronto tendremos justicia y nuestra voz retumbará muy fuerte para tirar con los muros que nos mantienen presas.

Y yo, como la feminista de una familia tradicional y machista, no he de doblegarme ante la intimidación de conocidos y extraños. Conmigo se terminó esta generación que tanto daño ha hecho, me ha hecho.

Si tú, hermana, te encuentras en la misma posición quisiera decirte un par de cosas. Primero, abraza tu niña interior y pídele perdón, escúchala y acompáñala. Abraza tu proceso, ve al ritmo que deseas y mejor se acomodé a ti.

Es muy difícil ser feminista y activista, te vas a cansar, es inevitable. Si necesitas parar un momento y llorar, hazlo. No necesitas ser fuerte todo el tiempo, valida tus emociones y aprende a vivir con ellas.

Ser feminista y cuestionarte toda tu crianza y estructura familiar es bastante complicado de asimilar, requiere de mucho trabajo interior y terapéutico, pero si está en ti iniciar ese viaje, lo vas a lograr, lo vas a tener.

Te anticipo que seguro pelearás y discutirás con mamá o papá, tus tíos o tías dirán cosas desagradables de ti, seguro dejarán de verte con los mismos ojos, te va a doler y mucho. Pero si es lo que tú deseas, vas a resistir hasta lograr ser quien siempre haz querido ser.

Al final te darás cuenta que nadie vale tanto como tú y que si te quisieran como siempre lo dijeron, aprenderán a aceptarte y vivir como haz decidido. Si no lo logran, el problema no eres tú. Tampoco trates de forzar, recuerda que tú eres dueñas de tus decisiones no de las de otros.

Hermana, sea cual sea tu situación y el camino a seguir, colócate en lo alto de la pirámide porque tú eres lo más importante en tu vida.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

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