Conversaciones de Madrugada | Decir adiós… sin miedo al abandono

Por: Monserrat Chávez

El tiempo se acorta cada día un poco más, parece que nuestras vidas se mueven a un ritmo distinto al resto, a ellos, a quienes más quieres o un día quisiste. Dejamos de ser niñas/os, olvidamos las promesas, el tiempo se desliza entre un recuerdo y otro, hasta que la brecha se expande al límite.

Pero insistimos en unir los extremos aunque las opciones se hayan agotado, aunque era inevitable la separación. Porque le tememos a la oscuridad, el frío de la soledad rondando en una nueva oportunidad.

¿Existe una fecha de caducidad para las relaciones interpersonales? Sí, lo creo. Lo creo, porque cuando insistía en quedarme aunque no hubiese más destino, sólo era mi yo interior exteriorizando un trauma, era yo siendo indulgente ante la indiferencia.

Las y los profesionistas de la salud mental lo llaman [miedo al abandono] un trauma que puede tener su raíz en uno o varios eventos de la infancia. La voz de la ansiedad te sugiere un escenario solitario, la imposibilidad de mantener ancladas a ti a las personas que te rodean.

O más bien, no perderlos; un deseo intenso por no perder todo a tu alrededor, un miedo en realidad que te hace perder la identidad. No, eres tú quien elige perderse para no perder al resto, eres tú quien elige hacer lo sobrehumano para no quedarse sola/o.

¿Te perdiste alguna vez? ¿Cómo fue? ¿Lograste reencontrarte? Espero que sí. Si no, pronto lo harás.

Algunas personas lidiamos con infancias rotas, entre huecos y lagunas. Aprendemos a vivir con el abandono físico o emocional de quienes, se supone, cuidarían de nosotros. ¿Lo peor? Aprendemos a normalizarlos.

Pasamos una vida desviviéndonos por mantener esas relaciones que parecen no tener solución, pero insistimos en unirlas. Por los años, por los recuerdos, por el cariño, por el respeto, por cualquier excusa sin sustento que nos pierde un poco más.

Entendí, después de los sucesos ocurridos, que no hay alguien indispensable en la vida de otro. Que somos un instante, estrellas fugaces sin tiempo ni destino. Partir también es parte de vivir.

Aprender a soltar es lo más difícil, más aún cuando los fantasmas del pasado insisten en quedarse. No es sencillo saber cuándo es el momento, pero al final lo logras, lo logras con ayuda de mucha terapia y reflexión.

Aferrarse a las relaciones daña. Te pasas la vida satisfaciendo a quienes te rodean, aprendiendo a ir en la misma sintonía con tal de mantenerlos cerca, de tener con quien hablar, reír, llorar, salir. Con tal de tener a quien amar y que ame, porque le temes al abandono.

Pasé la mayoría de la vida sosteniéndome a las migajas de las relaciones sentimentales, de amistad y laboral, dando todo de mí para mantener la paz y felicidad, haciendo esfuerzos sobrehumanos para mantenerlos en el sitio; porque no quería estar sola, porque no quería que alguien más me abandonara.

El proceso es confuso y doloroso, pero lo terminé por entender. Primero debía cerrar las viejas heridas, sanarme y reencontrarme. Permitirme mostrar el yo real, aunque ello significara incomodar y molestar a otros.

Las consecuencias eran inevitables, se vislumbraron desde el inicio; yo sólo las ignore. Uno a uno se fueron, se alejaron para encontrar su propio camino y construir la red que justo necesitaban. No culpo a alguien. Ni a mí.

Creo firmemente en la idea de que todo ocurre por una razón, nada es casualidad, cuando te cruzas en la vida de alguien es porque así estaba destinado a suceder y también estaba destinado a terminar.

Elegir quedarse con los aprendizajes y dejar ir. Quien llega a nuestras vidas lo hace por un periodo, con un propósito y una vez concluido, debe continuar. Insistir cuando la relación ya dio todo lo que tenía, sólo causará una herida más grande.

¿Cómo saber qué ya terminó? Lo sabrás. Te darás cuenta en el transcurso.

No elijas el mismo camino que yo. No esperes a tocar fondo. No esperes a que la grieta se expanda hasta que sea casi imposible de resanar. Yo estoy aprendiendo a desaprender, a desapegarme de lo que me rodea, porque finalmente nada ni nadie me pertenecer, no le pertenezco a nada ni a nadie.

Somos la propia vida ¿y qué es la vida? Sólo un instante. No te ates, continúa que el viaje pronto va a terminar.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

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