Conversaciones de madrugada | Abandonar los sueños para sanar

Por: Monserrat Chávez

“Si lo que hago no me provoca felicidad y al contrario, vivo con miedo y ansiedad entonces ¿por qué lo hago?” Esta frase hacía eco en mi cabeza hace dos años; sentada frente a una computadora, seis días a la semana, ocho horas diarias. Cansada 24/7 de dedicarme a algo que había dejado de agradarme.

Lo recordé esta semana, cuando paseaba montada en mi bicicleta en dirección a entregar un pedido de repostería que una clienta había hecho. Visualicé a la Monse del 2019, ¿qué diría de esta versión? ¿estaría orgullosa o decepcionada?

La respuesta no importa, porque la Monse de hoy se siente satisfecha y realizada. Sin embargo, no paro de pensar en cómo el destino se encarga de acomodar cada cosa para que todo fluya, que al final terminamos donde siempre quisimos aunque en el instante no lo comprendemos.

Me pregunté porque no aprendí los secretos de la cocina años atrás, porque entre mis proyectos universitarios nunca desarrollé uno gastronómico y me respondí, porque no era el momento. Porque tus metas eran distintas y fuiste tras ellas, lo que pasó después no es culpa de tu yo pasado.

También lo volví a reflexionar cuando se hicieron públicas las decisiones de la gimnasta Simon Biles y de cómo el sistema capitalista social nos arrastra a los sueños más imposibles y dar todo por ellos a costa del bienestar propio.

En una de las columnas anteriores hablé sobre cómo seguir el cauce y no cuestionar, tiene consecuencias severas en la salud mental. Yo tenía sueños, que evolucionaron, pero sueños al fin al cabo y di todo por ellos, me entregué en completa voluntad para no quedarme atrás del resto.

¿Cómo pasas de ser una periodista a ser repostera? Cuándo agotas tu capacidad emocional y dejas de vivir, para sólo sobrevivir. Cuando la puerta de la realidad te golpea el rostro, cuando te olvidas de escuchar la voz de tu niña interior, cuando dejas de ser la adulta que siempre deseaste.

Había pasado por la radio, televisión, digital, periódico, ser fotógrafa y videografa freelance, por la edición y corrección; yo había construido sueños alrededor de la profesión que me costó tres años universitarios.

Me aferré a ellos como si mi salud mental dependieran de ellos y sí, en efecto, mis estados emocionales dependían de que tan bien o mal era mi desempeño laboral (después me di cuenta de lo triste que era) había depositado todo en mi profesión que no me tenía permitido fallar.

Hasta que conocí los secretos tan bien guardados de esta carrera, la ética profesional y moral en mí no me permitía ser parte de esta industria y su control social. Pero no me iba, me sostenía de las últimas esperanzas que tenía, hasta que en 2019, la cuerda se rompió.

Elegí abandonar los sueños que me habían costado crear durante años. Elegí poner una pausa indefinida a mi carrera. Elegí ser feliz. Elegí priorizar mi salud mental. Pero decidir nunca es sencillo y aunque estaba en paz, debía tener ingresos para poder vivir.

Entre tanto tiempo libre empecé a hacer yoga, meditar y hornear. Horneaba pan, pastelitos y más porque en mi ciudad es difícil conseguir opciones veganas y un buen día dije “¿y por qué no lo hago yo?”, pasaron los meses pero yo seguía sin tener ingresos y los ahorros se agotaban.

Hasta que una tarde, una querida amiga me sugirió vender las galletitas que hacía, yo dudosa y con miedo, comencé el viaje. Luego llegó la cuarentena y las cosas eran inestables, pero mi mente se logró adaptar a los cambios.

Yo me había perdido desde años atrás. No lograba encontrarme, hasta que dejé de ignorar la voz en mi interior y decidí seguir sus consejos. No fue hasta que me atreví a hacer todo lo que quise en la vida pero lo posponía por miedo, cuando mi alma se liberó y la carga sobre mis hombros desapareció.

A veces los sueños tienen fechas de caducidad y está bien. No hay porque insistir cuando algo no vibra de la misma forma, cuando no hace latir el corazón, cuando algo deja de emocionar y se convierte en una tortura y preocupación.

Está bien dejar ir aquello que creíste eterno, duele, dolerá por un rato pero pronto todo estará mejor. Si algo he aprendido y tengo claro es que, las casualidades no existen, el universo conspira para que tú estés en el sitio perfecto.

Y ¿qué es el éxito? No lo sé con certeza.

Pero si me dejas decir mi sentir, es despertarte sin la pulsada de dolor que te atormentó todos los días, levantarte de la emoción por hacer aquello que siempre quisiste y te daba miedo emprender, sonreír porque la ansiedad te ha abandonado, sentir placer de no complacer a nadie más que a ti.

Mi éxito fue, ir a terapia, medicarme, dejar el trabajo que me hacía llorar todos los días, reencontrarme con mi niña interior, pedir perdón, despertarme a hornear, escribir un poema, andar en bici mientras el sol se pone, acariciar a mi perro y sentir como mi corazón se vuelca de alegría.

Sé quien ponga en duda la estructura. Sé quien siempre haz querido ser.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

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