Escribir para resistir | El demonio dura hasta que la princesa es valiente

Por Majo Soto

Este cuento fue escrito por una Majo de 16 años que llevaba algunos meses en terapia, trabajando la dolorosa, profunda, infectada y vieja herida del abuso sexual en la infancia. Es lo único que pude escribir en los tres años de desbordante depresión y estrés postraumático. Probablemente el cuento necesite arreglos o tenga algunas fallas en la trama, sin embargo, me es muy difícil leerlo y editarlo, pues hay cosas tan personales dentro de él, como los recuerdos nítidos y las canciones tenebrosas de la infancia que siguen apareciendo como soundtracks de mis pesadillas. Si pasaste por una situación similar, te abrazo a la distancia, eres tan valiente y valiosa como la princesa.

Érase una vez un lugar muy mágico donde vivía una linda princesa, a quien le gustaban los largos paseos por los alrededores de su castillo. La dulce princesa salía todas las tardes en busca de flores hermosas y hadas del bosque, corría alegremente persiguiendo el vuelo de las mariposas, mientras el viento feliz alborotaba su cabello. 

Una tarde, la princesa iba recogiendo hojas y flores, tarareando alguna melodía que le gustaba, cuando de pronto se dio cuenta que se había alejado demasiado de su castillo. La pequeña niña miró a su alrededor, el cielo ya no parecía azul y las nubes tristes cubrían la luz del sol. 

Siguió caminando, esperando encontrar algún sendero que la llevara de vuelta a casa, pero en cambio, encontró una cueva, escondida entre muchos árboles del bosque, en completa oscuridad y soledad. La princesa miraba la cueva, cuando una voz proveniente de su interior la llamó.

一Princesa, bonita一 dijo la voz一, ven, entra, hazme compañía. 

一¿Quién eres?一 preguntó la niña. 

一Solo soy un pobre demonio a quien el mundo ha abandonado, me siento muy solo y triste, ¿me quieres ayudar a sentirme mejor?

La princesita no pudo soportar la tristeza de la criatura, así que decidió entrar a la cueva. Era húmeda, fría, en forma de un espiral que parecía ser interminable y tenía un olor a tabaco impregnado. La princesa llegó hasta donde el demonio se encontraba, él encendió varias velas y ella pudo contemplarlo: era tres veces más grande que ella, su piel era seca y rugosa, sus ojos oscuros y pequeños y su boca húmeda y con un aliento que la mareó al primer suspiro. 

El demonio la llenó de comida rica, después la bañó con aguas termales, enfocándose en su largo y hermoso cabello, para después sacarla del agua y durante el secado, depositar en su inocente cuerpo besos y caricias que a ella le dolían, que ella no quería. 

Cuando el demonio terminó de vestir a la princesa, la dejó ir con la condición de que al otro día volviera a visitarlo, de no cumplir con ello, él dañaría a sus padres. 

一A partir de ahora serás mi muñeca一 le dijo 一, estás bajo mi hechizo para que juguemos juntos por siempre, pero es nuestro secreto. 

La pequeña princesa siguió viviendo aquella pesadilla durante muchos años. A pesar de que siempre intentaba pelear, al final el demonio ganaba, el proceso se repetía y al terminar, la sentaba sobre su regazo y sosteniéndola firmemente de su pequeña cintura, le cantaba canciones. 

Te quieren la escoba y el recogedor,
te quieren el plumero y el sacudidor,
te quieren la araña y el viejo veliz
también yo te quiero
y te quiero feliz.

一¿Me quieres feliz?一 le preguntaba la princesita. 

一Claro que sí, mi muñequita一 respondía el demonio, con esa voz grave que hacía temblar de miedo a la pequeña y ese aliento que le provocaba asco一, mi muñequita. Tus lindos piecitos son míos, igual que tu boquita y tus piernitas y yo puedo hacer lo que quiera contigo. 

Un día la princesita se sentía abatida, estaba tan cansada y harta de sentirse como un objeto que esa tarde, no opuso resistencia, solo se limitó a llorar. De sus ojos brotaron miles de lágrimas, salió tanta agua y tristeza de ella que al final no le quedaron fuerzas ni para hablar. El demonio se asustó ante los horribles llantos de la niña, temió que la princesa muriera ahí mismo, por lo que le permitió irse y nunca más volver. 

Los años iban pasando y la pequeña princesa fue creciendo para convertirse en una hermosa joven; sus padres buscaban a un príncipe que quisiera desposarla, pero la princesa rechazaba a todos los pretendientes o incluso se negaba a conocerlos. Su decisión de no contraer matrimonio comenzaba a desesperar a los reyes, no solo porque era necesario que la princesa consiguiera un esposo, sino que, además, no les daba ninguna explicación respecto a por qué se negaba a contraer matrimonio. 

La princesa en realidad no rechazaba por completo la idea de casarse, pero sentía mucho miedo. Habían pasado años desde que el demonio la había dejado de atormentar, pero cada vez que se miraba en un espejo veía a la muñeca fea y rota que el demonio quería. 

Una noche, mientras la princesa lloraba debajo de las estrellas, un caballero se acercó a su balcón y le preguntó si podía ayudarla. Al no recibir una respuesta, el caballero trepó hasta la princesa y sin pedirle más explicaciones, la abrazó. 

Así pasaron largas noches, la princesa y el caballero se veían en cuanto la luna asomaba en las nubes; algunas veces se quedaban hablando hasta el amanecer, otras, el caballero se dedicaba a acariciar los rizos de la princesa, mientras ella lloraba en su hombro. 

Hasta que una noche, el caballero, frustrado ante el llanto imparable de la princesa, decidió preguntarle si había algo que él pudiera hacer para remediar su llanto. 

一Tú no puedes hacer nada一 respondió la princesa con infinita tristeza 一, nadie puede hacerlo. 

一Pero tal vez, si me cuentas lo que te pasa, yo pueda hallar la solución一 insistió el caballero.

La princesa nunca había hablado, su garganta se cerraba cada vez que con su voz intentaba decir las monstruosidades que el demonio cometió contra ella. Era como si él la hubiera hechizado con el silencio; pero esa noche, el caballero la tomó de la mano con una ternura tan dulce que ese simple gesto de cariño ayudó a que la princesa lo contara todo. 

一Princesa bonita, yo conozco la solución para acabar tu sufrimiento.

一¿De verdad?一 preguntó esperanzada. 

一Necesitas enfrentar al demonio, demostrarle que no tiene ningún poder sobre ti. 

La princesa se estremeció de miedo al pensar en volver a aquél lugar, el escenario de sus pesadillas

一¿Estás seguro de eso, caballero?

一Totalmente一 le respondió él.

La princesa se llenó de miedo, a pesar de ello decidió que era mejor pasar ese mal momento a seguir teniendo horribles pesadillas, noches de insomnio, peleas con sus padres y desconfianza en todo el mundo. Así que, a la noche siguiente partieron en búsqueda de la cueva del demonio. 

Al llegar a la cueva, la princesa se aferró a la mano de su compañero para comenzar a recorrer el espiral que cada vez se hacía más pequeño y caluroso. De un momento a otro, la princesa se encontró en el mismo lugar donde el demonio la había lastimado por tantos años. El caballero se mantenía detrás de ella, protegiéndola, pero en un momento de descuido, el demonio logró separarlos y encerrar a la princesa en una parte de la cueva. Ella miró a su alrededor, observó todo tan familiar que comenzó a sentir cómo se volvía pequeñita, tanto como cuando era niña. Se convertía en una muñeca de nuevo, en propiedad de alguien. 

Y entonces, al alzar la mirada, se topó con el horrible demonio. 

一¡Mi muñeca ha vuelto!一 exclamó él con voz empalagosa. 

La princesa comenzó a temblar de miedo, podía escuchar al valiente caballero intentando abrir la puerta sin tener mucho éxito. Recordó todas las veces que se sintió indefensa, recordó la última vez en la que lloró tanto que pudo detener el infierno que vivía. En ese entonces era una niña pequeña, ahora era una mujer, ahora que había crecido era su responsabilidad rescatar a esa niña. 

一¡Yo no soy tu muñeca!一 le gritó 一 Mis pies son míos, mi boca es mía y mis piernas también. ¡No te pertenezco y no te tengo miedo! 

Con cada palabra la princesa sentía cómo recuperaba su libertad, mientras que el demonio se hacía cada vez más y más pequeño, hasta que fue tan diminuto que la princesa lo pudo aplastar con su zapato. 

Sin el demonio de por medio, la princesa se pudo ver en un espejo y por primera vez sus ojos no observaron a una muñeca rota y lastimada, sino a una princesa, a una joven hermosa. Miró sus manos que no estaban atadas ni inmóviles, podía hacer lo que quisiera con ellas; su boca que ya no callaba, que ahora podía gritar; su rostro y su cuerpo, que era suyo, suyo y de nadie más. La princesa, conmovida ante lo que veía, rompió en un llanto que esta vez no significaba dolor, sino felicidad, libertad. 

En ese momento, el caballero logró abrir la puerta, la princesa le sonrió, ya no era más una muñeca. 

Majo Soto nació una noche lluviosa de junio del 2001, en Querétaro, México. Es estudiante de Comunicación y Periodismo, bailarina de ballet, feminista y aunque no la define, sobreviviente de abuso sexual. Su trabajo literario ha sido publicado en diversos medios digitales como Especulativas, La Coyol Revista y Las Sin Sostén; respecto a lo periodístico, su trabajo se puede encontrar en Tribuna de Querétaro (Dossier del 8 de marzo 2021), Notas Sin Pauta y su columna en Escribir para Resistir.

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