
29 de julio de 2020 |Abril Rosas
Año con año, diversos medios refieren información sobre los hábitos lectores de la población mexicana, basándose en los datos estadísticos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Sin embargo, ¿cada cuánto las cifras resultantes de los censos son alentadoras?
Hace un par de días llegó a mi una página llamada “Nomad list”, donde, en resumidas cuentas se hace una comparativa de las distintas ciudades del mundo en relación a ciertos tópicos que evalúan la calidad de vida en miras a vacacionar, buscar trabajo e incluso realizar una mudanza. Hecho curioso resultó que México y su amplio territorio calificó de manera positiva en una considerable cantidad de rúbricas, tales como: cultura, tolerancia racial, felicidad, etcétera. Sin embargo, una constante resaltaba en las distintas entidades, la calidad en la educación, donde “mediocre” era la palabra que describía el campo.
Con esto no pretendo dar una omnipotencia a la página que refiero, no obstante, ¿es de sorprender esta calificación? El sentido común, la información que desde pequeños recibimos y la comparación con otros países del mundo nos pone en evidencia el contraste que México posee ante los famosamente llamados “países primermundistas”. A decir verdad, que nuestro territorio no califique como tal se debe a una serie de variables más allá de la educación, aunque esta sea una de tantas.
Sin embargo no es motivo de estas líneas hacer un análisis de tal calibre, pero no debe dejarse de lado el hecho de que ante los ojos de la sociedad mexicana, que su educación sea considerada mediocre no es ninguna noticia nueva. Ahora, hablar de educación es también ahondar en un terreno multifactorial, diverso y complejo, sin embargo, es posible delimitar.
Detengámonos para entender específicamente la relación entre la lectura y la educación. De acuerdo con información publicada por el INEGI el 22 de abril de este año, entre mayor es el grado de estudio de una persona, más tiempo dedica a la lectura:
“La población adulta con un grado de educación superior realiza 50 minutos continuos de lectura mientras que quienes no cuentan con educación básica terminada registran 35 minutos por sesión”.
INEGI, 2021
Ahora, según la misma fuente sólo el 21.6% de la población mexicana mayor a 15 años cuenta con educación superior.
Con estos datos, es posible vislumbrar un escenario precario respecto a hábitos de lectura en el país, que corroboran una valoración mediocre de su educación. Así, surge la gran pregunta, ¿y ahora qué?
Aunque la información es desalentadora, otro dato proporcionado por el INEGI propone una alternativa de solución y tratamiento al problema de la poca lectura en el país. De acuerdo con este instituto:
“La mayor parte de la población adulta lectora de libros (42.6%) declaró que el motivo principal para leer libros es por entretenimiento”.
INEGI, 2021
Entonces, una alternativa para la promoción de la lectura, es apelar a su función como fuente de entretenimiento.
Ahora, pensando en los libros como fuentes de entretenimiento se hallan en desventaja, pues compiten contra el streaming audiovisual, las redes sociales, los videojuegos, entre otros medios. Muchos de los cuales ofrecen al usuario interacción directa, lo que los involucra aún más, pues se vuelven partícipes de la narrativa que los entretiene, en contraste con los libros que muestran generalmente una sola historia o una sola forma de leer la historia (aclaro que hay excepciones).
No obstante, es aquí donde un atisbo de esperanza sale a la luz. Recuerdo que hace un par de años encontré una plataforma de historias interactivas llamada Pathbooks. Al principio no entendí el concepto y después de una búsqueda comprendí la posibilidad que ofrecía: la de ser un lector activo.
En este punto me permito una aclaración: no pretendo hablar de marcas o realizar algún tipo de promoción, sin embargo, por motivos de difusión a la lectura revelo el nombre de la plataforma, puesto que hasta el momento no he sabido de alguna otra que ofrezca un servicio similar.
Entonces, ¿qué es una historia interactiva? Una narración donde al final de cada capítulo, el escritor proporciona más de un final a elegir por el lector, de tal manera que el relato ofrece múltiples posibilidades de ser experimentado, tal como sucede con los videojuegos de aventura narrativa como Detroit Become Human, Heavy Rain, Beyond Two Souls; o series como Black Mirror Bandersnatch. Al final, la adrenalina de la interacción termina siendo un elemento a favor para aquellos públicos que buscan el entretenimiento como razón de lectura.
Desde un punto de vista un poco más teórico (sin afán de ponerme excesivamente teórica), el hecho de que el receptor de cualquier medio (libro, en este caso) sea un sujeto activo desde la crítica de lo que consume, hasta la búsqueda de interactuar con nuevos discursos y la forma en la que se apropia de ellos es un hecho sumamente favorable. Pues se abre paso tanto a nuevas posibilidades cognitivas, como a implementar su rol en lo social desde la conciencia de su papel en el entorno.
Con esto se abre una nueva posibilidad: la de formar a nuevos lectores con base en un atractivo novedoso. Como plus he de mencionar que en la plataforma referida con anterioridad, existe un amplia variedad de géneros y textos según las exigencias de los lectores, de tal manera que resulta aún más atractiva la idea de leer.
Sin embargo, ¿por qué si hace más de dos años descubrí esta plataforma poco he sabido de ella hasta el punto de recordarla sólo por la reflexión que arrancó este escrito? Exceptuando algunas notas periodísticas que encontré en el transcurso de este tiempo no he hallado más información al respecto.
La razón probablemente se deba a la falta de difusión y promoción de la lectura, así como a la necesidad de nuevas estrategias de quienes tienen a su cargo esta responsabilidad, pues los públicos que reciben campañas de fomento lector no tienen el hábito de leer. Ahora, esta nueva planeación debería no rivalizar con los medios que le generan desventaja, al contrario, podría servirse de ellos para promocionarse y comparar la similitud de interacción como un atractivo nuevo. Con esto, sus canales de difusión también deberían actualizarse, trayendo a los posibles lectores la sensación de que la lectura no es sólo propia de ciertas instituciones sociales o parte de espacios únicos y formas de consumo particulares.
Finalmente, pese a que esta propuesta está planteada desde la idea de una acción macro, cada uno de nosotros puede ser promotor de lectura de alguien que no tenga el hábito aún. Incluso podrías en este momento leer algo de lo que acabo de presentarte y descubrir una nueva manera de consumo que tal vez te atrape.
Fuentes de consulta:
https://www.inegi.org.mx/temas/educacion/

Soy Abril Rosas, amante del arte y licenciada en comunicación. Escribo como ejercicio de pensamiento y sentimiento; por una parte la demanda de razón que suscita la cotidianidad; y por otra, las emociones que para mis adentros se acentúan.
He escrito poesía, cuentos y relatos para Prosvet, Poetazos y para Líderes Ciudadanos en su certamen nacional: Historias Ciudadanas. También, para esta misma asociación recibí el premio a mejor cortometraje animado en 2020, donde fungí como ilustradora, guionista, productora y voz de doblaje.
Actualmente trabajo como ilustradora digital y community manager. Me he desempeñado como guionista y productora para empresas privadas en mi natal Oaxaca de Juárez.

Un comentario en “Historias interactivas, una nueva forma de leer y promover la lectura”