Por Amaranta Castro
I.
La filosofía clásica, comenzando con Platón instauró una manera de entender a los cuerpos negando su realidad concreta y haciéndolos participar en mayor o menor medida de un arquetipo Ideal. De ahí que, hablando del cuerpo humano, la corporalidad se clasificaba de acuerdo al nivel de cercanía respecto a la Idea del cuerpo. Más tarde, durante el renacimiento, cuando las artes y las ciencias retomaron sistemáticamente el pensamiento clásico, aquello que no entraba dentro de los cánones de lo que se consideraba como bello era considerado como grotesco.
Lo grotesco de acuerdo a varios autoras y autores, entre los que destacan Kayser, Bajtín y Russo, lo definen como aquello que nos presenta un mundo distinto a lo que conocemos y que escapa de las clasificaciones normativas que podamos realizar al respecto.
II.
De la misma manera, la historia del pensamiento del patriarcado ha configurado al cuerpo femenino como aquello que no-es-masculino. Es decir, lo que está más allá de la normalidad, entendida como el cuerpo en un nivel genérico y “natural”, esto es, el cuerpo masculino. En otras palabras, podemos afirmar que el cuerpo femenino es considerado, desde la perspectiva del patriarcado como un cuerpo grotesco. Una corporalidad que presenta aquello que no es un cuerpo masculino, aquello que no es entendible desde la normativa estética.
Por lo anterior, podemos observar, en la historia en general y en la historia de la literatura en particular, todas las modalidades en que el cuerpo femenino se ha presentado como amenazante o como lo extraño y temible a ojos del hombre. Desde las brujas en el pensamiento cristiano y también en la literatura, hasta el miedo a la castración que presenta Freud en el psicoanálisis.
III.
Por lo tanto, si la corporalidad femenina se encuentra configurada como una negación de lo que no es un cuerpo masculino—entiéndase aquí un cuerpo normal—entonces la representación literaria de esa amenaza puede mostrarse en las múltiples formas que en la realidad se presentan a nuestra mirada. Lo amenazante de la feminidad o de lo femenino considerado desde la óptica del patriarcado lo hace colocarlo más allá de la normatividad, tanto en rasgos físicos como en manera de comportarse y en el pensamiento.
Mariana Enríquez, nos presenta la manera en que el cuerpo femenino establece rupturas con la cotidianidad. Un ejemplo de ello, se encuentra en el texto: «Las cosas que perdimos en el fuego», donde las mujeres optan por establecer un nuevo panorama estético al quemar sus rostros y desfigurarse ellas mismas, estableciendo así, una dualidad de sujetos, más allá de hombre y mujer o femenino y masculino, de acuerdo con un personaje que ahora sería entre: «los hombres y las monstras». A través de sus textos podemos colocarnos ante la perspectiva de una feminidad que más que en los lindes externos de la normalidad se encuentra dentro de la misma y desde ahí transforma lo real, como ya lo señalaba Bajtín respecto de lo grotesco.
Lo grotesco es aquello que amenaza nuestra seguridad en el mundo, entonces lo femenino es aquello que es grotesco por amenazar el pensamiento dualista y esencialista del patriarcado. Entendiéndolo de esa manera, lo femenino por lo tanto, es un género existente por sí mismo que puede ser entendido como el elemento que permitiría un cambio en la situación social y cultural en la que vivimos actualmente.
Así, lo grotesco no solamente es amenazante. Como ya se mencionó, en el pensamiento de Mijaíl Bajtin, lo grotesco es también transformador. Para el pensador ruso, lo grotesco en el carnaval amenazaba y modificaba a la vez los ordenes establecidos. Por ello, la literatura de Enríquez permite establecer a lo femenino más allá de un grotesco amenazante y muestra lo femenino en una mirada transformadora del orden del pensamiento del patriarcado.

Amaranta Castro. Estudió Estética y Filosofía del Arte (BUAP). Dirigió círculos de lectura en las áreas juvenil e infantil de la Biblioteca Central (BUAP). Participó en la creación del proyecto para la difusión de lectura y las artes: Convivencia en Letras (BUAP, 2015). Cursó el diplomado en Creación literaria en la Escuela de Escritores SOGEM, Puebla. Primer lugar en la categoría de Poesía en el 10º Festival Internacional de Escritores y Literatura, San Miguel de Allende, Guanajuato (2015). Ha publicado en periódicos nacionales y revistas como: Círculo de Poesía, Lengua de Diablo, Nocturnario (Casa Lamm), Monolito, Pez Banana. Fue becaria del programa de Innovación artística (IMACP, 2018) con el libro: “Voces de los árboles”. Recientemente algunas de sus poesías fueron seleccionadas en el libro de escritoras contemporáneas mexicanas, “Romper con la palabra”. Estudia Lingüística y Literatura Hispánica (BUAP).
Instagram: @_amantine_


Un comentario en “EL HILO DE LAS MOIRAS | Noción del cuerpo grotesco en la literatura de Mariana Enríquez”