
Mujeres talentosas, mujeres invisibilizadas.
Hace unos días estaba viendo videos de YouTube sobre el Caso Britney y me detuve a leer los comentarios. No esperaba menos que la empatía del #FreeBritney, sin embargo, no pude evitar dar mi atención en el asombro general de ver a un hombre colgarse del éxito y talento de una mujer y beneficiarse monetariamente de su trabajo… porque de cierta forma, esa técnica de oportunismo ha existido a lo largo de la historia desde las más grandes artistas, hasta las emergentes, como es el caso de mi amiga Belem.
Belem se dedica a la danza folclórica, es coreógrafa profesional y acá entre nos, una muy buena coreógrafa. Ella misma ha diseñado, montado y dirigido múltiples grupos escolares y semiprofesionales con los que ha tenido mucho éxito y reconocimiento; asi que no fue de extrañarse cuando la compañía de danza emergente que dirigía Belem ganara una beca para presentarse en uno de los grandes teatros que posee la Ciudad de México.
Fuera del reconocimiento y el dinero, Belem amaba bailar a lado de sus amigas, su compañía era más una colectiva donde todas participaban y aportaban con sus talentos en los bailables que montaban, pero dado al nuevo nivel profesional que exigía la beca, ella decidió incorporar al equipo un contador que la ayudaría a gestionar el dinero de la beca… y ahí comenzaron los problemas.
Pese a que la presentación del nuevo contador generó confianza en el grupo, Belem no lograba sentirse a gusto con la presencia del nuevo asistente, ya que sus insistentes halagos al trabajo de la compañía, siempre iban acompañados de comentarios sobre su vasta experiencia en el medio escénico y como ellas, siendo un grupo becado por primera vez, les faltaba mucho por aprender y muchas personas por conocer, ofreciendo al final sus conocimientos y habilidades no solo como contador, sino también como ex estudiante de artes escénicas, llamándose experto en áreas creativas ya cubiertas por el resto de las compañeras.
El contador comenzó a invadir todas las áreas de creación, con la excusa de que su trabajo era la culminación que la compañía necesitaba en las distintas áreas de creación. “Mi trabajo es la culminación perfecta de todo el supuesto trabajo que hicieron en estos 3 años que llevan bailando juntas, si no necesitaran mi ayuda, no me hubieran contratado” o eso solía decir el contador cuando personas externas a la compañía le preguntaban sobre su colaboración con Belem y la beca que había ganado con sus compañeras.
Poco a poco el contador se ofrecía a realizar tareas que le competían a mi amiga coreógrafa con el pretexto de “alivianar sus tareas y ayudarla” porque a su criterio, era demasiado novata para el medio profesional a diferencia de él, que presumía de 5 años de carrera con becas profesionales y tener contactos por todas partes, cuando en realidad, solo era un pasante de contaduría que en sus años de preparatoria, había estudiado un curso en artes escénicas.
Mi amiga Belem no lo sabía, pero el hecho de que el contador invadiera las áreas creativas que no le competían (como diseño coreográfico, producción y hasta comunicación entre las integrantes de la compañía), llevándose el mayor crédito creativo al hablar de su trabajo en la compañía, es un tipo de invisibilización y robo del trabajo intelectual de una mujer que ha sido perpetuado en todos los ámbitos laborales y artísticos, como en el caso de Taylor Swift y sus canciones o la pintora Margaret Keane y muchas mujeres en la historia.
Este tipo de robo intelectual es ejercido por hombres que al trabajar en equipo con una mujer (siendo la persona que ha tenido mayor participación creativa y gestión del trabajo) se roban los créditos en la presentación final, por desgracia, muchos robos intelectuales no se quedan ahí y siguen escalando hasta llegar a la explotación económica del trabajo artístico de una mujer, tal es el caso de Britney y la explotación económica que su padre, bajo la excusa de ser su tutor legal, ha ejercido.
Siguiendo con la historia de mi amiga, el contador en busca de ahora un beneficio económico se había encargado de presentarse ante el teatro y encargados de la beca como el único realizador de la coreografía final de la compañía, así como diseñador creativo del espectáculo, productor y gestión del proyecto, y exigía una paga exorbitante por su supuesto trabajo y los derechos de autoría de la coreografía y espectáculo ganador de la beca (autoría que pertenecía a Belem y a sus compañeras).
Actualmente mi amiga Belem y sus compañeras de baile se mantienen unidas ante la pelea legal por la autoría de su coreografía y montaje, aparte de una batalla social porque fue difamada por el contador en redes sociales calificándola como una coreógrafa controladora que se había robado sus ideas y hasta su dinero. Ellas han encontrado apoyo en círculos seguros de mujeres que les han brindado asesoría y acompañamiento, pero la lucha no termina.
Así como Belem, muchas mujeres se han enfrentado a robos intelectuales y todo tipo de violencia laboral, siendo en su mayoría hombres que buscan explotar económicamente el trabajo intelectual o creativo de mujeres talentosas; a Britney una corte la sentenció a seguir bajo la tutela de su padre, a Belem le tocó ser sancionada por los encargados de la beca al no permitirle presentarse en el teatro y retirarle la beca, ¿Cuántas mujeres más no se mantendrán resistiendo ante estas invisibilizaciones?
Levanta la voz, no caigas en manipulaciones, resiste pues tu trabajo es tan valioso como tu nombre.
Con ternura, para ti.
