Por Majo Soto.
一Todos los días al despertar y antes de dormir, di “soy escritora”.
La idea de un retiro de escritoras nos encantó desde que la autora Raquel Hoyos nos la propuso al final del módulo 5 del Taller “El Cuento de Ciencia Ficción”, organizado por Especulativas. Lo ideal hubiera sido irnos a acampar a un bosque o hacerlo en alguna cafetería literaria. Pero el nuestro es un retiro virtual, en parte por la pandemia y en parte porque estamos regadas en toda la República Mexicana.
Vamos entrando de una a una a la sala, al espacio sororo que compartiremos por las próximas 2 horas y media. Nos vemos a través de las pantallas, nos sonreímos. Mostramos la libreta que elegimos para esta ocasión especial y hablamos del sueño compartido de algún día, poder ir a tomar un café juntas.
Algunas ya hemos coincidido en otros espacios, ya nos hemos leído. Hay cierto cariño y admiración entre todas. Se nota desde el primer ejercicio cronometrado a 10 minutos, pues la lectura en voz alta no resulta tan intimidante.
Eso no quiere decir que las emociones no nos invadan. Conectar la pluma y la mente tiende a ser caótico. Nuestras voces se rompen entre las palabras. En el papel resultan textos tan interesantes como personales. A veces dolorosos, a veces cómicos y siempre podemos identificarnos y reconocernos en las historias de las otras.
Primero, escribimos recuerdo, al principio o cada vez que nos atoremos. La enfermedad, la adolescencia, el wisky, las gomitas de panda, la nostalgia por la normalidad de antes y las pesadillas, salen a flote. También los abrazos a distancia y las risas de no entender la propia letra.
Viajamos a quisiera estar en, con destino a otro planeta, en el que podemos hablar con nuestros familiares fallecidos. Nos metemos a un dibujo, vamos a una playa, vivimos lejos de los vecinos sexualmente escandalosos, descubrimos un bosque, volamos a Francia, y a un futuro en el que la violencia contra nosotras no existe.
Jugamos a designarnos palabras y entonces, se nos antoja tomar un chocolate. Nos abandonan en una pachanga en la que un hombre indeseable quiere ligarnos. Nos inundamos con el olor del petricor, cuidamos una planta luminiscente que se alimenta de nuestro amor. Y deseamos que el tiempo que nos resta para estar lejanamente juntas, no sea tan fugaz como un garabato.
De ahí volvemos a viajar a galaxias donde tenemos poderes mágicos. Regresamos al inicio de los tiempos y le quitamos a Dios su falsa autoridad, para que seamos creados y creadas en igualdad. Todos nuestros deseos se hacen realidad, podemos explotar las cabezas de los agresores, sanar a las personas, sacar los sueños del subconsciente y materializarlos en la realidad. También, buscamos a los espíritus de nuestras hermanas desaparecidas, para que nos digan quiénes son los culpables y poder hacerles justicia.
Escribimos una carta para el reflejo en el espejo. Hay depresión por cumplir más años, obstáculos superados, inseguridades conquistadas, amor, agradecimientos, felicitaciones, resiliencia, resistencia y mucha valentía. Presenciamos el nacimiento de mujeres que escriben, que le hacen frente al síndrome de la impostora y pensamos que tuvimos suerte de empezar con ellas y no con ellos.
一Dilo cuando te pregunten qué haces. Puede que te sientas tonta y está bien. Aún así, da un paso adelante y di “soy escritora”.
Sonreímos. ¿Qué hay más revolucionario que mujeres escribiendo? Mujeres escritoras.
Majo Soto es estudiante de Comunicación y Periodismo, bailarina de ballet, feminista y escritora de diversos géneros literarios y periodísticos. Le encanta incomodar con sus palabras y ha publicado sus textos en espacios virtuales e impresos como EspeculativasMX, La Coyol Revista, Las Sin Sostén, Círculo literario de Mujeres, Notas sin Pauta y Tribuna de Querétaro.
Instagram: majo2906
Twitter: TristezaFeliz29


Lo amé.
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