Acerc-Arte | INSEGURIDAD.

Por Reyna Morales Sorprendentemente, las cosas extrañas suceden todo el tiempo, lo hacen a nuestro alrededor y no siempre nos damos cuenta.

La tarde estaba por terminar. Una mañana intensa, haciendo trámites aquí y allá. Una comida rápida y de regreso a casa. Me esperaba un largo recorrido por una carretera solitaria. Esperé en la parada el microbús que me llevaría de vuelta. Por suerte, sólo tenía que tomar uno. Por fin pasó. Por la hora, aún no habia muchos pasajeros. Hice la seña, abordé y pagué mi pasaje. Solo dos hombres al fondo, otro detrás del chofer y una chica de lado contrario. Me senté de modo perperndicular a ella. Los hombres de edad mediana, con gesto de hartazgo por un día más de trabajo. Los tres distraídos, pensando en sus propios problemas. Ella, la chica, alrededor de los 19 años, con la frescura de su edad. En jeans, tenis, blusa bonita y suéter. Cabello lacio, largo y suelto. Nada extravagante. Posiblemente venía de la escuela, ya que en sus piernas descansaba una mochila escolar.

El camino fue más o menos tranquilo. Nadie más abordó el transporte. Fue hasta salir de la zona urbanizada que alguien hizo la parada para subir. Cada quien sumergidos en su mundo, no prestaron atención al sujeto que subía. Pagó su pasaje y buscó lugar. Y a pesar de haber tantos asientos libres, fue a sentarse justo al lado de la chica. Ella no hizo caso tampoco. Su mirada iba perdida en su universo a través de la ventanilla. El vehiculo siguió su marcha. Nuevamente, todo en calma.

El sujeto volteaba a vernos a todos, como analizandonos. De entre 25 y 30 años aproximadamente, desgarbado, descuidado y sucio. Pronto nos sentimos amenazados. Al entrar a la parte solitaria de la carretera, esa mirada rara y esa apariencia desaliñada provocaron que todos los pasajeros tuviéramos la sensación de que pronto seríamos asaltados. La chica lo miraba de reojo. Ella podría ser la víctima más débil, más vulnerable. La tensión crecía poco a poco. Medí los riesgos y los posibles escenarios: si estaba armado con alguna arma blanca, tal vez se le podría desarmar a jalones y empujamos; pero si el arma era de fuego, ¡nos tendría en sus manos! Solo un acto de arriesgado heroísmo podría quitar esa arma de su poder. Pero pensaba en la chica. Fácilmente podría tomarla como rehén. No se podía poner en riesgo una vida tan joven y con un futuro por delante. No quedaba más que someternos y rezar porque todo acabara lo mejor posible. Al final, lo material es recuperable… Una vida no…

Segundos que parecían horas. Esperábamos lo peor. Sin embargo, nada sucedía. De pronto, el muchacho comenzó a decir algo que para los demás era inaudible… pero para la chica el mensaje era claro: -Estás muy guapa, amiga, ¿a dónde vas tan solita? Si el lobo te encuentra, ¡te va a comer!-. La jovencita lo veía de reojo, mostrando su malestaren su gesto y tronando los labios. Lo ignoró. El se iba acercando a ella, seguro de la indiferencia del resto de los pasajeros. -Anda, linda, ¡salúdame! No te cuesta nada…- y aprovechó el momento para pasar su brazo derecho por la espalda de la joven y bajando el izquierdo para acariciar el brazo de ella hasta llegar a su pierna. Al sentirlo, la muchacha volteó a verlo y sonrío. No entendí si era consentimiento… o amenaza. Y sin pensarlo, la chica se recargó cariñosamente en el hombro del tipo aquél. ¡Vaya sorpresa! Por un momento pensé que era algo así como un juego entre ellos. Uno de esos juegos de roll que los enamorados juegan para ponerle chispa a la relación.

Pero algo lo cambió todo: -¿De verdad te parezco linda?- preguntó ella dulcemente. -¡Mucho…!- dijo él. -¿Y realmente me veo tan indefensa?- volvió a cuestionar ingenuamente. -¡Claro, nena! Eres frágil… Deberías estar con un hombre que te sepa proteger-, respondió él, con la seguridad de galán que se cree irresistible. La abrazó fuerte. Ella, con suaves movimientos, algo hacía con las manos, pero no se alcanzaba a ver porque la cubría la mochila. Él, plenamente confiado, la acariciaba. Entonces, ella empuñó algo, al tiempo que con voz suave le decía: -¿Sabes?, mi papá piensa algo muy parecido, pero como no siempre puede estar conmigo, me dio un juguete… para cuando vaya a visitar a mi abuelita-. ¡Por fin pude ver lo que empuñaba: era una pistola! que presionaba sobre el costado derecho del asombrado y asustado donjuán.

El tipo se quedó helado. -Y como no aprendí a jugar bien con mi juguetito, te voy a pedir que no me pongas nerviosa, ¡idiota!-. Poco a poco, el sujeto quitó su brazo de su espalda, se despegó delicado de la adolescente y se levantó despacio para no ponerla nerviosa… Ella muy discretamente volvio a meter el arma en su inocente mochila. El tipo asustado, pero sobre todo humillado, pidió su parada. No terminaba de detenerse el transporte, en una zona totalmente despoblada, cuando el hombre de un salto tocó el suelo y comenzó a correr hasta perderse de vista.

Hasta hoy, no sé quien era más peligroso, de quién debíamos cuidarnos, pero de que la persona menos pensada te puede sorprender, no cabe duda.

Publicado por Reyna M

Egresada de la Licenciatura en Ciencias Humanas. Actualmente curso el octavo semestre de la Lic. en Etnohistoria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Escribo reseñas, cuentos, un poco de ensayo y crítica. Animalera de corazón y una auténtica loca de los gatos. Amo la música, el cine y los libros. En Face Book tengo dos grupos: Acerc-Arte, para todo público, interesados en saber un poco mas sobre arte, historia, literatura y filosofía y el segundo se llama Hijas de la Tierra, exclusivo para mujeres.

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