De Víctor Terán, Las espinas del amor y el placer de vivir «en la hermosa ciudad que tú eres»

Por Fernanda Loé Gómez

Sé que muchos podemos estar familiarizados con diferentes poetas, incluso aunque no hayamos leído su obra, porque han adquirido cierta fama, ya sea nacional o incluso internacional. Sin embargo, me atrevería a apostar a que ninguno de los nombres que les vienen a la mente son de poetas que escriban en lenguas indígenas puesto que casi nunca son los que leemos en la escuela (a excepción de Nezahualcóyotl) o los que podemos encontrar en primera fila en las librerías. Aún así, es necesario conocer su trabajo, que implica además otras cosas, pues los poetas que escriben en alguna lengua indígena, la mayoría de las veces son también sus propios traductores, labor merecedora de reconocimiento aunada a su trabajo como escritores.  

Por lo tanto, y porque realmente es un tema que me encanta, decidí hoy hablar de uno de mis autores favoritos: Víctor Terán.  Poeta nacido en Juchitán, Oaxaca en 1958.  Miembro fundador de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas, becario del FONCA y ganador del premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas, así como del Certamen de Poesía del Istmo en lengua zapoteca.  En 2010 participó con David Huerta y Coral Bracho en el Tour de poetas mexicanos en el Reino Unido. También es profesor y promotor del zapoteco ya que imparte cursos de creación literaria y lectoescritura. Ha publicado 8 libros, entre los cuales se encuentra Las espinas del amor (2014) donde aparecen los poemas que comentaré a continuación.

Uno de los poemas de ese libro es “En la hamaca” en el que la voz poética nos describe una escena tierna y amorosa de dos amantes acostados juntos. Esta primera imagen ya nos sitúa en un escenario que visualizamos como natural y pacífico, al ser el objeto principal una hamaca, no una banca o una cama. Luego viene una declaración:

Te explico que no hay nada imposible,

no hay enredo que no tenga cabo,

que por hacer perdurable nuestro amor

yo seré infatigable.

Lo dicho es comprable a la caricia que en inicio había hecho con la mano y que ahora hace con palabras. Y en este contexto de intimidad, llegamos a un tópico que me parece se repite en los poemas de Víctor, que es el amor como ritual. Creo yo que es una característica presente en autores que escriben en lenguas indígenas, el comparar el acto de amar con una ofrenda y por lo tanto incluir elementos propios de esa ceremonia. En mi opinión, es una manera distinta de acercarse a la espiritualidad que sugiere creencias más allá de las católicas a las que estamos acostumbrados, íntimamente ligada a una forma de ver la vida a partir de un contexto distinto.

Te afirmo que edificaremos cosas

que derribaremos otras,

que fundaremos un templo donde encenderemos

cirios

y quemaremos incienso a nuestro amor.

El acto de fundar un templo, encender cirios y quemar inciensos bien pareciera comparable con lo que se hace en una misa, que, al fin y al cabo, es un ritual, por lo que el acto de amarse es también un ritual. Y como el ritual implica adoración, devoción, así mismo debe ser la entrega de la voz poética al ser amado, como bien lo indican los primeros versos. Concluye el poema con la contradicción de la ausencia del ser amado.

Yo te acaricio el rostro,

acariciaría tus hombros, tu pecho,

si estuvieras aún conmigo en esta hamaca.

En “Amanecí con tu nombre” la voz poética nos habla del sueño de la amada, que se acompaña con la noche a partir de la descripción de ambos. El sueño como, temblor, ansia, dolor. La noche como húmeda, misteriosa, que aturde el entendimiento y el cuerpo. Juntos, forman la imagen de desesperación por aferrarse a la amada en sueños con la esperanza de que, al terminar la noche, no desaparezca.

De haber sabido que soñaba

no hubiera soltado tus manos.

De haber sabido que despertaría

te hubiera abrazado fuertemente

para que no te fueras.

Hacia el final del poema, las preguntas sobre la amada ausente cierran esa añoranza inicial. La repetición del primer verso (que también es el nombre del poema) crean una relación cíclica de ese sentimiento descrito en los versos anteriores, que ahora va acompañado de una duda que parecería también reclamo.

En qué lugar andarán tus grandes ojos hermosos,

en qué lugar tus labios.

¿Aún existe algo mío

dentro de tu corazón?

¿Será cierto que olvidaste

todo lo que fuimos?

Amanecí con tu nombre atravesado en mi garganta

En este poema hay palabras como comején y zanate que nos muestran un poco de la identidad del autor. El primero, comején, es otra manera de llamar a las termitas. Zanate por otra parte, es una especie de ave característica del sudoeste del país.

Por último, hablemos del poema “Conozco todo tu cuerpo”, en el que en una primera parte la voz poética hace una serie de comparaciones del cuerpo con un espacio como es la ciudad y el bosque, que conoce a la perfección dándonos la idea, por lo tanto, de que lo ha explorado, y por las palabras que usa, disfrutado. Nuevamente vemos la comparación mencionada en los poemas anteriores, en este caso del cuerpo como templo:

Miel de abeja son tus dos colinas

turgentes, lugar donde iba a honrar a los dioses.

Más adelante lo describe como “digno de alabanzas” y “hecho para el buen morir”, además de agregar “qué honra haberte vivido, haberte sido.” Después, recalca que ya no es él el que disfruta ese lugar ni esa compañía, puesto que ahora ese cuerpo representa libertad, comparándola con un ciervo o con una balsa de flores que flota en el río.

Para la última parte del poema, retoma la idea con la que lo inició, para recordarnos el hilo principal, además de sumar un deseo de volver al momento en que disfrutaba de esa compañía, siempre recurriendo a la sinécdoque, puesto que en realidad extraña a su amada por completo, es decir, su compañía, su voz, su cariño, su relación en general, sin embargo, él lo abarca todo al mencionar una sola cosa: el cuerpo. Y una vez más recurre a la comparación de ese cuerpo con la ciudad, y a la idea de que ser amante sería como vivir en ella.

No hay parte de tu cuerpo que no conozca,

no hay parte que no me guste. Quisiera seguir siendo

a luz que se emboba al mirar la redondez

blanca de tus carnes. Quisiera seguir

viviendo

                                               en la hermosa ciudad

                                                                                   que tú eres.

En conclusión, podemos observar a lo largo de los poemas de este autor, que la idea del amor como un ritual, va más allá de la religión, puesto que recae en diferentes comparaciones ya sea de una alabanza, una ofrenda, un altar. El encuentro amoroso se vuelve en sí, algo espiritual, elevado, algo que nos conduce, aunque sea mentalmente, a un sitio privilegiado, sagrado. Además, me parece interesante y necesario leer a autores que escriben en lenguas indígenas simplemente porque nos ofrecen una manera distinta de ver el mundo, como también nos permiten conocer su obra por medio de sus propias traducciones.

Fuentes consultadas:

Terán, V. (2003). Las espinas del amor. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Dirección General de Culturas Populares e Indígenas. http://filosofia.uaq.mx/yaak/fils/zapoteco/lt/espinasteran.pdf

Publicado por Fernanda Loé

Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM. Formé parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboré en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participé como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Soy fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros.

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