Por Fernanda Loé Gómez
¿Qué tan importante es la imaginación? Puede ser que entre más crecemos, dependiendo de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones, creamos que imaginar es algo solamente para los artistas, para los locos o para los niños, que, al fin y al cabo, son todos la misma cosa. Por eso decidí recurrir a dos niñas cuyo mayor talento es la imaginación, para recordar cuánta falta hace en el día a día y el poder que tiene de transformar lo cotidiano en extraordinario.
Una de estas niñas peculiares es la que nos regala Elena Poniatowska. Con sus piernas largas y muy separadas además de unos ojos siempre temerosos de perderse algo, Lilus Kikus va por el mundo tratando de descifrarlo. A sus 13 años está segura de que existen las brujas y de que ayuda cuando le inyecta café negro a sus limones y otras frutas o verduras enfermas. También sabe que es necesario para protegerse, coserse en los calzones una bolsita con algunas hierbas y tesoros, entre ellos su primer diente y un pelo de Napoleón.
Prefiere jugar en la calle, donde el orden todavía no ha arruinado la diversión. Observa los árboles, los camiones y a los adultos que se creen importantes. Ella misma encuentra con qué jugar, hasta cuando viaja a la playa, donde en lugar de cargar con rastrillos y cubetas para hacer castillos, elige recoger todo lo que el mar avienta a la orilla: piedras, conchas, vidrios pulidos, que recoge como grandes tesoros. No tiene muñecas porque no las necesita, con el poder de su mente puede divertirse con lo que sea.
Como también se preocupa por los grandes problemas de la humanidad, se imagina a Dios llevando su alma por un elevadorcito al cuarto donde debe estar. Ella llega a la conclusión de que, si se porta bien y hace grandes sacrificios, ese cuarto se va a ir llenando de cosas como sillones, floreros, mesitas. Entre más grande el sacrificio, más grande el objeto. Por lo tanto, cuando se porta mal, ese cuarto se queda vacío, obligando a Nuestro Señor de dormir en el piso. Por eso cree importante cuidar lo que hace, para que esa habitación sea cómoda para Dios.
Por otro lado, lo anterior no quiere decir que Lilus no es curiosa, todo lo contrario. Le ruega a su amiga la borrega, quien es expulsada de su escuela de monjas, que le cuente cómo son los besos y qué se siente tener novio. La borrega como es muy experimentada le deja claro que el amor son puras desilusiones, por lo tanto, es necesario pensar en la siguiente etapa, la maternidad, y dar los pasos conducentes, así como lo ha hecho ella misma, cosa que no convence mucho a Lilus.
También aprende por otra de sus amigas, Chiruelita, que los hombres encuentran encantadoras a las mujeres tontas. Como el mundo está ahora lleno de mujeres inteligentes que quieren aprender y enseñar, los caballeros encuentran refrescante conocer mujeres que hablen solo de flores y tartaletas de fresa. Así Chiruelitaa se casó a los 17 años siendo muy feliz hasta que un día no hizo de comer y el marido le retorció el pescuezo, lo cual no sorprende a Lilus debido al carácter y personalidad de su amiga.
Como nunca deja de hacerse preguntas, busca a otros que le ayuden a resolverlas, por lo que decide hacerse amiga de su vecino, un filósofo con el que platica gracias a la tapia que hay en el patio. Se pregunta porqué decide vivir encerrado como pajarito en lugar de salir al bosque a dar una vuelta y le pesa que se le ocurran tantas cosas que ella después tendrá que aprenderse, como el teorema de Pitágoras y las antinomias euclidianas. Pero aún así sabe que es inteligente y que, si alguien sabe las cosas que se tienen que saber, es él.
Y como parte de crecer es aprender, mandan a Lilus a un convento donde la orientan hacia las grandes verdades de la religión para que sea una jovencita honorable. Ella, muy inteligente, se las aprende: ser paciente, sumisa y digna, sobre todo digna, para el matrimonio. Hasta la preparan para su noche de bodas. Lo más importante, le dijeron que un día iba a crecer y que no podía ser un ropavejero, porque eso estaba mal. De esa manera aprendió lo que estaba “mal visto”, lo que es provechoso y lo que es incorrecto. Por ejemplo, es incorrecto juzgar, sobre todo el adulterio que es tan complicado de entender. Así, sin saber cómo ni porqué, empieza a creer en los signos, a ser devota de la Virgen María y a temerle a Dios.
Lilus Kikus nunca deja de hacerse preguntas y tampoco se conforma con las respuestas que le dan. Eso la hace aferrarse a lo que cree del mundo y a entender las “grandes verdades” a partir de lo que conoce, de sus experiencias. Es exploradora por naturaleza, y aunque se pregunta qué se siente ser mayor, no quiere dejar de ser niña. Es más, lo ve como una ventaja pues lo prefiere a las vidas aburridas y muchas veces, sin sentido, que llevan los adultos. Yo creo que por eso Lilus es una niña digna de admirarse, pero no es la única. Hay otra que también se enfrenta a la vida con la imaginación como su mayor arma.
Ramona Quimby es una niña de 9 años que sueña despierta, a diferencia de su hermana mayor, Beatrice, que actúa siempre de manera responsable y es “normal”. Juntas protagonizan la serie de libros titulados Ramona y Beezus de la autora Beverly Clearly, en los cuales se inspiraron para crear la película con el mismo nombre, estrenada en 2010 y dirigida por Elizabeth Allen. Aunque son varios tomos los que cuentan la historia de las dos hermanas, desde los cuatro años de Ramona hasta que tiene nueve aproximadamente, la película está basada en el último: Ramona Forever.
Ramona causa problemas en casa y en la escuela. A ella le parece aburrido aprender lo mismo que todos los demás, por lo que inventa sus propias palabras y hace las tareas siempre tratando de volverlas entretenidas y asombrosas, sin embargo, eso no le agrada a su maestra, quien preferiría que simplemente siguiera las reglas. Para su profesora, las exageraciones de Ramona, son simplemente mentiras, para ella, son lo que la distingue de los demás.
Junto con su gato Picky Picky y su amigo Henry, se pasa los días imaginando que el nuevo hueco que tiene su casa, no es una remodelación, sino una plataforma de salto desde donde puede bajar en paracaídas o que el pasamanos de su escuela es en realidad un puente suspendido en un cañón de metros y metros de altura. La única de su familia que la entiende es su tía Bea, porque ella también es divertida y comprensiva, además de hermana menor como ella. Es a la que recurre cuando sus papás le dicen que complica mucho sus vidas o cuando Bezuus, apodo que le puso a su hermana porque no podía pronunciar bien su nombre, se harta de su energía desbordada y de las constantes vergüenzas que la hace pasar.
Ramona además de su gran imaginación, tiene un gran corazón. Al enterarse de que su papá perdió su trabajo y por lo tanto podrían perder la casa, decide poner todos sus esfuerzos en ayudar a su familia. Desde vender limonada hasta lavar coches, intenta de todo, aunque sin éxito. Lamentablemente, su carácter hace que le pasen accidentes, como volcar botes de pintura encima de la camioneta de su primer y último cliente del autolavado, terminando con deudas en lugar de ganancias.
Incluso va al casting para un comercial infantil donde buscan a la próxima princesa del maní, ya que el premio incluye una suma muy grande de dinero además de que quiere probarle a todos que puede ser igual de bonita y especial que el resto de las niñas. Eso también le sale mal, e incluso ocasiona que le corten el pelo horriblemente al ponerse una corona hecha de cardos, que al final, tras una caída desastrosa, se le enreda en el pelo. Sin embargo, nunca abandona sus ganas de ayudar y de mejorar su comportamiento para darle menos problemas a sus papás.
Una de las cosas que le preocupa es encontrar un nuevo trabajo para su papá y aunque le sugiere ser bombero, resulta que su talento es dibujar, cosa que tuvo dejar de lado para poder ganar más dinero. Sin embargo, junto con Ramona, realiza el “dibujo más largo del mundo”, consiguiendo así un trabajo como profesor en su escuela por lo que la casa deja de correr peligro y no tienen que mudarse. También ayuda a su tía Bea a regresar con el amor de su vida, Hobart, el tío de su amigo Henry y finalmente, habla con su hermana para recordarle qué tan especial es para ella y animarla a confesarle sus sentimientos al chico que le gusta.
Es tan valiente, que nunca deja de ser ella misma. Se enfrenta a todos los comentarios que siempre le hacen por ser “diferente” y a todas las burlas de sus compañeros de clase por su manera de actuar e incluso de vestir. No abandona su manera de ver las cosas, qué, según lo que le dice su papá, hace su vida más pintoresca. Además, supera las situaciones difíciles sin olvidar lo que le dice su tía: “Recuerda que puedes hacer lo que sea. Eres extraordinaria Ramona”.
Así, extraordinaria, es la historia de estas dos niñas que nos recuerdan que podemos ser exploradoras, pintoras, vendedoras, doctoras, consejeras. Que ser diferentes requiere valentía, así como defender nuestras ideas y ayudar a los que queremos. Que nuestras creencias son decisión propia, ya sea que elijamos creer en brujas, amuletos o incluso en Dios. Los límites se encuentran en nuestra mente, porque la vida puede ser más de lo que vemos, si tan solo tenemos el poder de imaginarlo.
