De historias que nos hacen | De Princesas Disney y la representación femenina en la gran pantalla

Por Brenda Garrido Hernández

La representación femenina en la gran pantalla ha cambiado a lo largo de la historia, y para mi uno de los ejemplos más claros es el de la evolución de las princesas Disney, es por eso que en este pequeño texto me he dado a la tarea de remarcar ciertos aspectos y características que caracterizaban a la figura femenina de las princesas, aclarando que mi yo del pasado tuvo una temporada de extremo fanatismo hacía estas representaciones y que por supuesto mi yo del presente les guarda cierto cariño pero no puede evitar darse cuenta de ciertas cosas que antes le estaban ocultas a plena vista. 

Si bien muchos consideran que juzgar un producto del pasado con la mentalidad del presente es una pérdida de tiempo, pues cada manifestación cultural es resultado de su propio tiempo; por mi parte considero que es importante, antes de hacer uso de la tan polémica llamada “cultura de la cancelación”, ver todo y analizarlo con una mirada crítica. Ya saben descubrir el pasado, para descifrar el presente y finalmente construir nuestro futuro. Una forma de enfrentar a aquellas historias que nos construyen o como el nombre de este pequeño espacio lo indica, que nos hace. 

En 1937 aparece la primera princesa de Disney Blancanieves basada en el cuento homónimo de los hermanos Grimm, convirtiéndose en el primer largometraje animado de la compañía, así como en su piedra fundacional. Dado el éxito avasallante de esta primera entrega para 1950 se estrena la Cenicienta y posteriormente en 1959 la Bella durmiente. Creando con esto la primera triada de princesas Disney; todas con características de personalidad similares. 

Las protagonistas en cuestión son presentadas como ingenuas, inocentes, amables y por supuesto completamente optimistas ante cualquier tipo de dificultades o abusos. Son personajes que simbolizan aquel ideal domestico propio de los años 50´s; pues no importa que tanto sean pisoteadas, maltratadas o abusadas por aquellos que las rodean, siempre se verán perfectas, jamás reclamaran y por supuesto siempre estarán dispuestas a hacer los quehaceres domésticos de manera perfecta y con una sonrisa adornando su rostro. 

Como espectadores no conocemos más que esa fachada maquillada propia de seres virginales cuya única aspiración es el amor, me atrevería a decir que conocemos con mayor profundidad a aquellos personajes secundarios (enanos, ratones y hadas madrinas) antes que a las protagonistas  cuyo nombre figura en los títulos de sus cintas; pero si algo es cierto es que las conocemos más que a sus intereses románticos (omitiendo tal vez en esta parte al príncipe Felipe de La bella durmiente).

Los príncipes en cuestión son la representación del ideal romántico, valiente, guapo, con buena posición económica y por supuesto dispuestos a hacer de todo por su dama en peligro; como pelear con dragones, mandar sirvientes a buscar en todo el reino a quien le quede la zapatilla o incluso… besar un cadáver en medio del bosque; vale yo sé que Blancanieves no estaba muerta, pero va tan directamente a besarla (sin mediar palabra con los enanos) que mis dudas acerca del conocimiento del estatus de nuestra princesa permanecen y ni hablemos de temas como el consentimiento que bueno… esta princesa de poco menos de un siglo hace poco tuvo una interesante polémica (inventada por internautas) gracias a ese tema. 

Una de las características que definen, las relaciones de parejas en estas tres cintas (misma que ha sido auto referenciada de manera cómica en cintas posteriores de la misma compañía) es el establecimiento de una relación romántica o matrimonial sin el conocimiento del otro. En otras palabras, las princesas se casan o enamoran completamente del príncipe después de haber intercambiado algunas cuantas frases o un número musical. Este detalle fue cambiando, sino por completo al menos un poco con la llegada de la segunda triada de princesas. 

En 1989 se estrena la Sirenita, dos años después la bella y la bestia y finalmente en 1992 Aladdin. En estas tres películas las relaciones entre la princesa y su interés amoroso tienen un mayor desarrollo, tal vez no de una manera que se pueda considerar completamente sana, pero intercambian más que unas cuantas palabras antes de establecer un vínculo matrimonial, porque sí…las tres se casan al final de sus cintas. 

En la bella y la bestia, ella comienza como prisionera de la bestia, siendo él una persona de carácter volátil, que responde de manera violenta ante ciertas situaciones y al que le es difícil aceptar las negativas; siendo la convivencia con Bella lo que ablanda su carácter.  Por su parte en Aladdin gran parte de la relación romántica se construye con base en las mentiras dichas por él, al decirle que es un príncipe; claro que la misma película aclara que lo mejor es la honestidad y ser uno mismo, pero eso no evita que el vínculo emocional comenzara gracias a una mentira. 

En la Sirenita es tal vez el tema de la renuncia a aquello que la hace ella misma una de las cosas que, incluso desde que era pequeña, me costaba aceptar de su historia; cuando era niña se me hacía inconcebible que quisiera renunciar a ser una sirena y actualmente considero que la carga semiótica de Ariel renunciando a su voz (como una forma de representar sus opiniones) con tal de seguir a alguien que acaba de conocer se me hace insoportable. En esta triada no solo las relaciones son un poco más trabajadas, construyendo momentos de convivencia, también lo son los caracteres de las princesas ellas siguen siendo amables y un tanto ingenuas, pero difícilmente las catalogaría como sumisas y dispuestas a poner la otra mejilla ante cada abuso; al contrario, resuelven problemas por medio de ingenio y son un poco más humanas, tienen ilusiones, deseos y por supuesto defectos.  

El siguiente conjunto, previo a lo que es la concepción de la princesa moderna, nos presenta desde un inicio un grupo de princesas racialmente diversas Pocahontas del 1995, Mulan del 1998 y por supuesto Tiana de la princesa y el sapo (2009). En la primera podemos observar un personaje poco a poco construido con más matices, es curiosa, empática, y no teme en cuestionar no solo las costumbres de su tribu sino las creencias que el propio John Smith tiene acerca de su gente. Nos presenta una visión del mundo diferente, la defiende, acepta puntos de vista diversos sin llegar a despreciar a su propia cultura (respeta la existencia de ambas y cambia el punto de vista de Smith) y por supuesto es la primera de las princesas Disney que no termina en una unión romántica, claro que eso cambia en su secuela, pero es tan poco memorable que realmente no creo que valga la pena arruinar el legado de la película original con ella. 

Mulan, es tal vez mi película favorita de Disney y también una en las que el termino princesa no es establecido de manera literal por el Cannon de la historia, pero si es acuñado por los fans y la compañía. En ella exploramos a una protagonista que sale de todos los paradigmas establecidos, las circunstancias familiares la orillan a convertirse en una guerrera que se enfrenta a un ejército y se vuelve la pieza decisiva en la defensa y victoria de su nación. 

 Entre chistes y canciones icónicas, la vemos sentirse insuficiente para llenar un lugar que todos esperan que llene (mi reflejo), se cuestiona su propia feminidad y por supuesto cuestiona los roles de genero de una manera tan sutil y contundente que pasa desapercibida en una canción como es nos vas a brindar honor, de hecho, esta canción en algunos versos nos da una descripción que bien podría aplicarse a las princesas de la primera oleada pero difícilmente y desde la primera escena se nos establece no pertenecen a Mulan (salvo por lo especial) “Debes ser especial, calmada, obediente, muy servicial, gusto fino y figura ideal” (Mulan, 1998). 

El film no solo se limita a esos aspectos, sino que también nos presenta una visión masculina de lo que es popularmente la chica ideal (mi chica es la razón) visión que contrasta con lo que la protagonista considera realmente importante y bueno si bien…jamás fue confirmado los fans han especulado durante años sobre la posible bisexualidad del general Shang, convirtiéndola tal vez la película más progre de Disney de antes de los 2000. A diferencia de su remake live action, en la película del 98, su ascenso hasta convertirse en la leyenda es logrado gracias a su ingenio y esfuerzo. También es la segunda película de esta lista en la que el posible interés romántico no termina en matrimonio (al menos hasta la llegada de la fatídica secuela). 

En el 2009 llega la primera princesa afroamericana y la compañía da cierre a las princesas animadas de manera tradicional. Tiana es una chica que valora el trabajo y el esfuerzo con el fin de cumplir sus objetivos, pero este enfoque principal en el trabajo, la ha hecho perderse de experiencias y la diversión propia de alguien tan joven. Ella no nace en una posición privilegiada, llena de lujos o comodidades de hecho el hacerse de una visión del mundo fuera de estas esferas (y en contraposición con su mejor amiga Lottie) Tiana no es ingenua. 

En varias ocasiones ella es la que salva las situaciones y da lecciones al príncipe, que a diferencia de ella es confiado y libertino. Con la princesa y el sapo tenemos una especie de retroceso a la formula clásica, de nuevo Tiana tiene poco tiempo de conocer a su príncipe cuando decide dar el gran paso hacia el matrimonio, es casi una despedida no solo a la animación 2D sino a la princesa clásica que le dio tanta fama a la compañía y por supuesto inicia una nueva etapa. 

Las princesas modernas comienzan con Enredados (2010) una subversión del clásico cuento de Rapunzel, pasa por Merida de Valiente (2012) que es la primera que no adapta un material previo (y la única princesa de pixar hasta ahora). Llega a Frozen (2013) con la dupla de hermanas Elsa y Anna y desemboca en las últimas dos Moana (2016) y Raya (2021). Estas princesas son un giro completo al arquetipo femenino que se nos presentaba en las primeras producciones mencionadas. Son valientes, intrépidas y por supuesto son sus propias heroínas. 

En Enredados, Rapunzel a pesar de estar encerrada en una torre no es presentada como un ser indefenso de hecho hace a Finn su prisionero al sentirlo como una amenaza a su hogar y lo salva en diversas ocasiones. Merida por su parte nos es presentado como un personaje en conflicto con la posición en la que se encuentra y lo que se espera de ella; la relación con su madre resulta fundamental (tal vez la única princesa en la que los lazos maternos influyen de una manera significativa, pues la figura materna en Disney o esta muerta o es un personaje secundario). El conflicto se crea y se remedia por sus propias acciones y ambas (madre e hija) se abren a nuevas perspectivas, Merida descubriendo que la diplomacia no es una mala estrategia y Eleanor otorgando más libertad. 

En Frozen, todo gira alrededor de la dupla de hermanas, pelean con sus propias inseguridades, sus conflictos familiares y aquel sentido del deber que su posición como monarcas les impone; la cinta critica los lazos amorosos instantáneos (como autocritica de Disney a las princesas de antaño) y pondera el lazo fraternal como una muestra de amor verdadero; ambas a lo largo de la película tienen un crecimiento personal en el que descubren quienes son y quienes quieren ser. Por su parte Moana y Raya tienen objetivos más grandes como es salvar al mundo, ambos personajes son valientes, aventureros, intrépidos y curiosos. 

A la fecha y en 25 años de existir en esta tierra, nunca he conocido a una mujer, chica o niña que no haya tenido su etapa como fan de las princesas Disney o en todo caso que no tenga a una que es oficialmente su favorita. Mientras iba creciendo, admito que aquella etapa en la que me ponía vestidos pomposos de colores pasteles y conmigo fingiendo que era una princesa, comenzó a llenarme de vergüenza y es que… las primeras princesas distan de ser los personajes más interesantes dentro de su propia película. 

Afortunadamente esa configuración de la princesa como objeto de rescate y simple catalizador para que el príncipe se erigiera como la figura llena de valentía ha ido quedando atrás desde la década de los 90; dejando a las princesas de la primera gran oleada como una representación obsoleta del arquetipo femenino en la gran pantalla, principalmente cuando es vista por los ojos del presente.

Eso no quiere decir que debamos cancelarlas, dejarlas enclaustradas e impedir que los espectadores del futuro las miren; al contrario, son una buena forma de hacernos conscientes de que tanto se ha evolucionado y por qué no rescatar aspectos que valen la pena y ponerlos en perspectiva; y recordarnos que está bien ser amables pero que no tenemos que dejar que nadie nos pisotee, que el consentimiento es importante, que las relaciones se construyen con compromiso y honestidad, que las mujeres no somos centros de rehabilitación, que no es nuestra obligación sanar a nuestras parejas, que no debemos renunciar a nuestra voz, ni a aquello que nos hace y por supuesto que podemos ser las heroínas de nuestra historia. 


Brenda Garrido Hernández. Mi nombre es Brenda, actualmente estudiante de lingüística y literatura hispánica en el futuro espero ser graduada y titulada. Fan y amante del cine al igual que de los libros, de
ahí mi arriesgada elección de carrera. Actualmente y en temporada de encierro ocupo mi tiempo libre refugiándome en la ficción, conociendo historias nuevas y redescubriendo unas cuantas que ya no lo son.


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Publicado por La Coyol Revista

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