Sobre la escritura femenina como ruptura en el siglo XX | Anónimo era mujer

por Daniela Zizumbo Tovar

Debe haber otro modo que no se llame Safo

ni Mesalina ni María Egipciaca

ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre

Otro modo de ser.

Rosario Castellanos

La escritora inglesa Virgina Woolf consideraba que, si una mujer quería escribir, necesitaba dos cosas en particular: dinero y un cuarto propio. La idea del dinero, deviene de pensar a la mujer como un ser al cual no se le ha enseñado nunca a hacer dinero, siempre relegada a tareas del hogar donde realmente no existe una remuneración económica; por su parte la idea del cuarto propio viene a ser el punto final de emancipación de una mujer, pues tendrá un lugar completamente propio donde pueda hacer lo que le plazca, como escribir. 

    Con estas ideas de Woolf, nos queda claro que lo que necesita una mujer que pretenda escribir es independencia, su independencia, para así poder ser libre de realizar aquello que la haga sentir bien. Pero en determinados contextos, obtener la independencia completa de una mujer se torna complicado, no es lo mismo ser una mujer inglesa a ser una mujer española o mexicana, los contextos serán distintos en cada escritora, pero la esencia será la misma: romper con el sistema que siempre le ha dicho que no puede crear. 

Es evidente que que existe dentro de la literatura un sexismo que se forja en los imaginarios literarios creados por los varones, donde, de alguna u otra manera, los personajes femeninos están condenados a ser y seguir ciertos estereotipos que el patriarcado ha marcado, catalogándoseles en papeles de santas, frívolas, vírgenes, rameras, vampiras o, incluso, ninfómanas, entre otros. Y, por supuesto, esta idea no quedaba sólo en los personajes femeninos que creaban, sino que también alcanzaba a las escritoras, tendiendo con frecuencia a catalogar su literatura como algo ajeno o inferior a lo que escribían los hombres.

Centrándonos en la literatura de España y Latinoamérica para hablar de escritura femenina nos damos cuenta que existe una ruptura entre ellas y los temas que comenzaban a tratar en sus obras, sobre todo, en la etapa de posguerra (en el caso de España), y en Generación de Medio Siglo en Latinoamérica, nos damos cuenta que por años, el canon literario ha sido conformado por hombres y, de vez en cuando, una mujer entre cientos que han sido excluidas, silenciadas. En España y Latinoamérica, en el centro del catolicismo y el machismo congénito, las escritoras del siglo XX han ejercido un papel indispensable: el retratar, reconstruir, lo que vivó, padeció y fue la sociedad en esos tiempos.

En España, el periodo de posguerra estuvo marcado por la pobreza, el hambre, la miseria y la desigualdad social para el pueblo español. Para hombres y para mujeres las consecuencias sociales de la postguerra se veían reflejadas en las producciones artísticas de la España de aquel tiempo. Para los artistas la situación era bastante complicada; las mujeres, en particular, atravesaban por un desafió difícil para escribir, por el hecho de desenvolverse en una sociedad con un machismo tan arraigado y valores sumamente católicos. El arte en general atravesó por una situación compleja de filtros de censura por parte del régimen franquista. La literatura, en particular, pasaba por un momento crucial, pues las mujeres estaban comenzando a ser parte activa del mundo literario, aunque nunca sin dejar de ser marginadas por el mundo artístico.

Entre los temas que escritoras como Ana María Matute, Carmen Laforet o Carmen Marín Gaite, entre otras, comienzan a desarrollar, nos encontramos con imaginarios donde se representa la orfandad por la que atraviesan los infantes en todo el país, la mezquindad, la pobreza económica, el adoctrinamiento político y la violencia sistemática que permeaba entre la sociedad española. También, apelaron por la idea de la identidad, cuestionando la idea de qué es ser español o quiénes son ellos en medio de tantas ideas politizadas sobre lo bueno y lo malo.

En Latinoamérica, sobre todo en México,  la llamada Generación de Medio Siglo fue un movimiento crucial para la cultura por la gran producción literaria a la que dio lugar, junto con otras manifestaciones artísticas e intelectuales que van del cine a los estudios sociales. Entre sus integrantes, se compartió un interés común sobre la literatura y el quehacer literario, también fue un espacio ideológico y toda una poética narrativa donde las integrantes, desde sus diversos estilos, tuvieron un lugar para expresar el sentir de toda una generación. 

Las escritoras de la Generación del Medio Siglo tienen en común que sus obras  se disuelven entre una tenue línea que mezcla la filosofía y la literatura. Entre Inés Arredondo, Julieta Campos, Amparo Dávila y Rosario Castellanos existe una conexión común de temas cotidianos que comienzan a mezclarse con ideas de corte filosófico en sus narrativas, dándole un plus brillante a las situaciones que narran que en otro sentido resultan banales. 

El caso de Rosario Castellanos es de los que más resalta por esta mezcla de filosofía y literatura, pues ella, desde todos los géneros literarios reflexionó sobre el papel e identidad de la mujer, dado como resultado que toda su obra literaria se llenará de reflexiones filosóficas que giran en torno al cuestionamiento de lo que culturalmente se entiende como femenino, refutó el sexismo y reivindicó el papel de la mujer.

Entre las escritoras de España y Latinoamérica se ha comentado que es común encontrar registro autobiográfico dentro de sus producciones literarias. Con frecuencia, es fácil advertir en el nombre de algunos personajes un juego con el nombre de las autoras o con las experiencias que han tenido durante su vida. Por ejemplo, en el libro Primera memoria, de Ana María Matute, el personaje principal llamada Mátia es un juego con el nombre de Matute y el propio personaje responde a una personalidad similar a la de la escritora, mostrando guiños entre el personaje de ficción y Matute, lo mismo ocurre en otras obras de la misma autora, pues su narrativa está llena de paralelismos con su propia vida. 

En el caso de Carmen Martín Gaite en Usos amorosos de la postguerra española realizó un arduo trabajo de investigación sobre la forma en la que se desempeñaban los estereotipos sobre los hombres y las mujeres, hablando abiertamente de temas acerca del amor, la sexualidad, el erotismo, la moral católica y la misoginia congénita de la España franquista, que resultaba en un imaginario rígido, donde quienes pensaban diferente se consideraban traidores. Pese a ser un libro de ensayo literario, Martín Gaite empata su propia experiencia de vivir la posguerra y el cambio generacional en torno a las ideas de España, el sistema de valores, el crecimiento luego de Franco y las creencias del pueblo. Martín Gaite escribe desde su experiencia y la recopilación de diversas fuentes que fungen como testimonio de lo que era la vida en ese contexto. 

En Latinoamérica, las escritoras también dejaron que sus obras fueran un vehículo de crítica a la sociedad a partir de lo que estaban viviendo, rompiendo con sus escritos paradigmas, como lo fue en el caso de Julieta Campos, cubana residente en México, quien posee una de las trayectorias literarias más prolíficas, siendo novelista, cuentista, ensayista, dramaturga y cronista de viaje, en su original obra responde a ideas sobre identidad, su concepción personal del arte y la escritura. Otro caso similar es el de Inés Arredondo, quien pese a su escasa obra, consiguió ser un parte aguas en la literatura escrita por mujeres, rompiendo paradigmas y poniendo sobre la mesa temas como el aborto, el incesto, las relaciones, entre otros temas que logrón ser una crítica a la moral de una sociedad de consideraba hipocrita. 

Finalmente, entre la moral católica y la censura del sistema, la escritura, al igual que otras formas de arte, logró salir adelante pese a que el panorama se veía tan desalentador como el progreso de la sociedad; El papel de las escritoras consistió en aquel entonces en ser resistencia y ruptura de lo que anteriormente se estaba produciendo, las mujeres a través de su escritura llegaron a ponerle nombre a las cosas que nadie enunciaba en medio de un sistema con ideologías tan rígidas que controlaban hasta sus relaciones íntimas. En estas mujeres, la escritura funcionó como acto de resistencia activa que llega a hasta nuestros días, pues no es gratuito que sigamos hoy discutiendo los temas sobre los que ellas escribieron; ellas nos dejan como lección su obra desde donde existieron y resistieron. 




Daniela Zizumbo Tovar. 

Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UAEMex. Ha colaborado con artículos y crónicas en medios digitales a nivel nacional e internacional. También, ha participado en coloquios y congresos con ponencias sobre feminismo y arte, además se ha presentado en eventos en el Estado de México con lectura de creación propia. Además de las letras, tiene interés en las artes visuales, por lo que se encuentra en preparación en esa línea artística. Apasionada de la fotografía, ha publicado fotos en fanzines internacionales con la temática de las mujeres en relación a los movimientos sociales y el punk. 

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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