por Fabi Bautista González
¿Qué significa ser mujer? Recuerdos, emociones y pensamientos se entrelazan, evocando en imágenes y palabras lo que cada una ha construido para sí. Las contradicciones no se hacen esperar, el peso de la balanza oscila siempre entre el deber ser —expectativas e ideales inalcanzables que la sociedad ha impuesto cual condena, destino trazado antes de nacer— y el ser para nosotras mismas: definirnos, sentirnos y pensarnos mujeres a partir de nuestros propios deseos, anhelos y significados.
La académica francesa Simone de Beauvoir teorizaba sobre el segundo sexo, la escritora mexicana Rosario Castellanos criticó con elocuencia el eterno femenino, la poeta chilena Teresa Wilms Montt denunciaba con audacia la violencia desbordada a partir del privilegio de ser mujer. Lo que quiero decir es que —en diversas épocas y espacios— académicas, teóricas, investigadoras y artistas han buscado destejer y examinar —desde su propia trinchera— lo que histórica, social y culturalmente ha implicado ser mujer.
La crítica feminista ya lo ha puesto sobre la mesa al conceptualizar la masculinidad hegemónica, paradigma bajo el cual hemos construido nuestra visión del mundo. Así, mientras el hombre representa la identidad “universal”, la condición de Sujeto, la mujer ha quedado relegada a ser su eterna mitad invisible (o, más bien, invisibilizada); la compañera sumisa y devota, la madre abnegada, la novia virginal, la penitente, la puta, la santa, en fin… la otredad.
Bajo el sistema patriarcal, reapropiarnos del discurso o bien, construir un discurso propio a partir de la identidad y subjetividad femeninas implica —entre tantas otras vertientes— redefinir y cuestionar lo femenino, la feminidad y las condiciones que se han instruido como inherentes e inamovibles a cada género. Así, en este cúmulo de resignificaciones, de reconstruirnos y representarnos simbólicamente, la obra de María Luisa Bombal se constituye como reveladora al reflejar la condición de la mujer en una época marcada por una serie de estrictas convenciones sociales donde el ser una escritora representaba por sí mismo una transgresión.
Así, ante la imperante mirada y crítica masculinas, las autoras se hicieron de diversos recursos para atravesar el mundo con sus palabras. La lectura a la cual los invitó hoy no es la excepción. En el cuento “El árbol”, publicado en 1939, la escritora chilena crea una atmósfera marcada por la naturaleza, la experiencia sensorial y la musicalidad para presentarnos a quien será nuestra protagonista:
Brígida era la menor de seis niñas, todas diferentes de carácter. Cuando el padre llegaba por fin a su sexta hija, lo hacía tan perplejo y agotado por las cinco primeras que prefería simplificarse el día declarándola retardada.
Desde un primer momento, Brígida queda relegada en el plano familiar bajo la etiqueta de “retardada”. En tanto nadie esperaba más de ella, la protagonista toma lo que la sociedad le dicta sin cuestionarlo, interiorizando una serie de normas y convenciones sociales las cuales le enseñaron que su único objetivo en la vida debía materializarse en el matrimonio y el tener hijos. No importaba el no tener aspiraciones personales o estar alienada socialmente, mientras desempeñara el rol de buena esposa su papel estaría cumpliéndose:
“No voy a luchar más, es inútil. Déjenla. Si no quiere estudiar, que no estudie. Si le gusta pasarse en la cocina, oyendo cuentos de ánimas, allá ella. Si le gustan las muñecas a los dieciséis años, que juegue”. Y Brígida había conservado sus muñecas y permanecido totalmente ignorante.
En un primer momento, la pasividad parece dominar al personaje. Sin embargo, sería un error de nuestra parte el hacer una lectura y juzgar a la protagonista a través de la mirada contemporánea. Es cierto que Brígida se presenta ante el lector como un personaje dócil cuyas aspiraciones se materializan en la unión conyugal con Luis, quien es amigo de su padre. En su lugar, debemos insertarnos en el contexto sociohistórico de la época, donde:
El matrimonio aparece como un espacio social y también material donde ella desarrollará su vida como mujer dedicada a lo doméstico y a los hijos, donde se relacionará con el otro sexo, donde su vida adquirirá un sentido socialmente reconocido. (Valdés, 1998, p. 86)
Si bien el matrimonio significaba quizás su único escape: “Por eso se había casado con él. Porque al lado de aquel hombre solemne y taciturno no se sentía culpable de ser tal cual era: tonta, juguetona y perezosa.”, éste no le trae la felicidad anhelada. Por el contrario, se siente sola y ajena a un hombre del cual conoce poco, si no es que nada. Su marido, Luis, cumple con el rol de esposo como proveedor, sin embargo, es esto lo único que aporta a la relación entre ambos. El lazo que los une es más una convención social que una relación afectiva:
Sí, ahora que han pasado tantos años comprende que no se había casado con Luis por amor;
[…]
¿Por qué te has casado conmigo?
—Porque tienes ojos de venadito asustado —contestaba él y la besaba.
[…]
Inconscientemente él se apartaba de ella para dormir, y ella inconscientemente, durante la noche entera, perseguía el hombro de su marido, buscaba su aliento, trataba de vivir bajo su aliento, como una planta encerrada y sedienta que alarga sus ramas en busca de un clima propicio.
Atrapada simbólicamente en los confines de su hogar —la mujer relegada al espacio privado— sin amigos o familia con la cual conversar o establecer otro tipo de vínculos, el escape de Brígida se suscita en su imaginario, a través del gomero que observa desde la ventana en su cuarto de vestir:
¡Qué calor hacía siempre en el dormitorio por las mañanas! ¡Y qué luz cruda! Aquí, en cambio, en el cuarto de vestir, hasta la vista descansaba, se refrescaba. Las cretonas desvaídas, el árbol que desenvolvía sombras como de agua agitada y fría por las paredes, los espejos que doblaban el follaje y se ahuecaban en un bosque infinito y verde.
A lo largo de todo el cuento se halla presente la dicotomía mujer—naturaleza, misma que nos refleja —en última instancia— la liberación de nuestra protagonista. Cuando el gomero es derribado, Brígida confronta lo que hasta ese momento ha sido su vida: la insatisfacción en un matrimonio con un hombre al que no ama, el vacío y la soledad que albergaban su cuerpo, su resignación a la infelicidad. Lo anterior representa un momento coyuntural pues, despojándose de aquella inercia que hasta entonces la había caracterizado, toma la decisión de abandonar a Luis y lo que habría sido su hogar.
Y es que, de manera sutil, María Luisa Bombal nos afronta con un personaje que logra rebelarse a su tiempo. Su fortaleza reside en confrontar su realidad y tener el coraje de buscar una vida para sí. “El árbol” se presenta ante nosotras con una narrativa donde tradición y transgresión se entretejen para reconstruir lo femenino desde la intimidad. Al igual que Brígida, reapropiarnos de nuestro espacio y tiempo, sea desde la literatura, las artes o la vida misma, es hallar la libertad en un mundo que constantemente nos dicta quiénes debemos ser.
Puede que la verdadera felicidad esté en la convicción de que se ha perdido irremediablemente la felicidad. Entonces empezamos a movernos por la vida sin esperanzas ni miedos, capaces de gozar por fin todos los pequeños goces, que son los más perdurables.
Referencias bibliográficas
Bianco, P. (2002). Dicotomías narrativas en «El árbol» de María Luisa Bombal. Acta literaria, (27), 77-89. https://dx.doi.org/10.4067/S0717—68482002002700007Bombal, María L. (1939). El árbol. Ciudad Seva. https://ciudadseva.com/texto/el-arbol-bombal/

Fabi Bautista González (Veracruz, Méx.)
Poeta y traductora. Pasante de Lingüística y Literatura Hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Su obra fue incluida en la antología internacional 100 mujeres poetas (2019) por parte de Nueve Editores. Ha publicado traducciones de feminismo y literatura femenina en la revista Círculo de Poesía. Actualmente escribe la columna “Meditación en el umbral”, espacio de análisis fílmico y literario desde la perspectiva de género para Tríada Primate, plataforma digital de poesía y humanidades.
