Yo nací libre: El desengaño del “amor romántico” en El Quijote

por María Fernanda González Lozada

Durante años la tradición literaria ha dejado de lado a las mujeres y las ha situado en un entorno sumamente machista, no solamente como escritoras, también como personajes, por ello es común encontrarse con textos en donde, casi siempre, aparecen como: “la esposa”, “la hija”, “la hermana”, “la musa”, “la madre”, “la artesana”, entre otras denominaciones que se les da debido a los roles que les son impuestos por el hecho de haber nacido mujeres. Otra de las muchas problemáticas que las aqueja dentro y fuera del marco literario es el “amor romántico”, que durante largo tiempo las ha mantenido bajo la subordinación patriarcal. Sin embargo, desde hace algún tiempo surge la necesidad de cuestionarse los estereotipos de género y con ello la idea de reconocerse como seres libres y autónomos, con la determinación individual de elegir a quien amar.

Con base a lo anterior, las manifestaciones literarias comienzan a poner a las mujeres como protagonistas, esto podemos notarlo en textos contemporáneos, sin embargo, existen obras anteriores en las que se empieza a reflejar la idea de la liberación femenina. Es el caso de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, si bien fue muy popular dentro de la tradición caballeresca y por la variedad de temas que toca, asimismo, causa una importante relevancia debido a las figuras femeninas que Cervantes presenta a lo largo de su obra, especialmente el personaje de la pastora Marcela, ya que enmarca una disidencia entre las relaciones de poder que son ejercidas por parte de los hombres en contra de las mujeres y que erróneamente se le ha denominado “amor”.

Si bien Don Quijote es el personaje principal de tan notable obra, en esta ocasión es crucial resaltar el papel de la pastora Marcela –no solo como un personaje secundario, sino como una mujer dispuesta a romper con los estereotipos patriarcales–, quien toma un protagonismo fundamental en el capítulo XIV que lleva por título: “Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucesos”. Marcela representa la libertad e independencia femenina en un ambiente en que la mujer no es libre, así que se revela ante las injustas críticas que recibe por parte de otros pastores, pues al inicio de este capítulo se presenta una canción escrita por Grisóstomo que escribe antes de morir, en la cual expresa su tristeza a causa de que Marcela no cede a sus juicios amorosos, razón por la que los amigos del difunto la culpan de la muerte y desdicha del mismo.

Marcela se presenta al funeral del pastor, momento en el que Ambrosio la recibe con  estas crueles palabras, a manera de ejercer presión social contra la pastora: 

-¿Vienes a ver, por ventura, ¡oh fiero basilisco de estas montañas!, si con tu presencia vierten sangre las heridas de este miserable a quien tu crueldad quitó la vida? ¿O vienes a ufanarte en las crueles hazañas de tu condición? ¿O a ver desde esa altura, como otro despiadado Nero, el incendio de su abrasada Roma? ¿O a pisar arrogante este desdichado cadáver, como la ingrata hija al de su padre Tarquino? Dinos presto a lo que vienes o qué es aquello de que más gustas, que, por saber yo que los pensamientos de Grisóstomo jamás dejaron de obedecerte en vida, haré que, aun él muerto, te obedezcan los de todos aquellos que se llamaron sus amigos. (El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 125).

Por lo que Marcela responde de una manera firme y asertiva  que denota la búsqueda de su derecho a decidir a quién amar, se muestra en el texto: “[…] mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama.” (125). Con estas palabras la pastora se permite contradecir los razonamientos masculinos, que durante largo tiempo fueron naturalizados, así mismo, muestra su firmeza ante la idea de no estar obligada a corresponderle a un hombre sólo por su condición de mujer, incluso ella misma cuestiona la necedad de obligarla a amar de la siguiente manera: “¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien?” (126), si ella sabe que el amor, cuando es verdadero, es voluntario y no obligado.

Resulta sumamente relevante cómo apuesta por el amor sin ataduras, principalmente al tener en cuenta la época, ya que en ese entonces el modelo que se considera correcto es el de la mujer sumisa que depende de su esposo y vive para él y sus hijos, sin poder ponerse a ella misma como prioridad. Incluso Marcela refleja su independencia económica de la siguiente manera: “Yo, como sabéis, tengo riquezas propias, y no codicio las ajenas […]” (127). Es así como la pastora deja claro su afán de vivir sola, sin la necesidad de nadie y menos de un hombre, declara su poder de decidir sobre lo que a ella le hace feliz y enfatiza, en cada momento, la libertad que le pertenece, así se lee en el texto: “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos.” (126).

Marcela se muestra extraordinariamente adelantada para su época, decidida a liberarse del yugo masculino, por lo que prefiere estar sola sin un hombre que la obligue a comportarse como la mujer tradicional que tiene que casarse cuando este la desea, pues prefiere vivir su vida que permanecer bajo las exigencias de un marido al que no quiere. Sin embargo, la pastora no solamente busca demostrar la libertad que le corresponde, sino que también, con su discurso, deja claro que es una persona sumamente inteligente y con una gran capacidad argumentativa, con esto rompe la idea de que la mujer es ignorante frente al hombre.

Cervantes da gran importancia al sentido de justicia y libertad, así que decide personificarlo en las mujeres que presenta en su novela, ya que Marcela no es la única que se libera de las imponencias masculinas dentro de la obra. El autor trata una serie de temas relacionados con la novela pastoril, por ello introduce una diversidad de personajes femeninos en la narración, las cuales reflejan actitudes que provocan una ruptura con las órdenes morales del momento, pues son mujeres que no se encuentran en relación con los preceptos femeninos de la sociedad tradicional.

Finalmente, cabe resaltar que Marcela es una mujer que se declara completamente en contra del amor cortés que, hasta ese momento, se considera correcto. Ese látigo patriarcal que ha sometido y lastimado a muchas mujeres a lo largo de la historia. Es muy importante tener presente el discurso de Marcela, que si bien es un personaje ficticio, su enseñanza marca una apertura a la independencia  femenina, no solo dentro del contexto literario, sino también en la realidad machista en la que, como mujeres, vivimos. Poco a poco hemos conseguido desprendernos del ideal masculino, pero aún queda un camino muy largo por recorrer.

1 Amor romántico en un contexto coloquial, ya que, en una instancia más objetiva y especializada, se denomina  amor cortés, sin embargo dicho término ya no es tan común.

 2V. Woolf, Virginia. A room of One´s Own.

Bibliografía

De Cervantes, Miguel. “Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, con otros no esperados sucesos”. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Francisco Rico, ed. España: Alfaguara, 2004. 119-129.


María Fernanda González Lozada

Soy María Fernanda, me gusta mi segundo nombre porque significa “mujer valiente”, no sé si realmente lo soy. De lo que estoy segura es que me gusta soñar y crear, por eso escribo. Me crié en el llamado “Valle de las calaveras”, más conocido como Zumpango. A mi corta edad de 21 años me ha costado definirme como “alguien”, creo que ese siempre fue mi error, querer ser alguien, pero para evitar confusiones, digamos que me identifico con cualquier manifestación artística y con el feminismo. Estudiante de la licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana, nuestra “casa abierta al tiempo”. Estoy hecha de mujeres valientes, capaces de
soñar y crear realidades extraordinarias.

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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