La miscelánea: De Nada, Cadena de favores y la idea cambiar el futuro

por Fernanda Loé Gómez

Nada importa y por lo tanto no vale la pena hacer nada. Esa es la idea con la que Pierre Anthon comienza a afectar al resto de sus compañeros de clase en el libro Nada de Janne Taller. Esa idea también se aborda en la película Pay it forward o Cadena de favores, en español. Y eso mismo creo que ha pasado por nuestras mentes al menos una vez en la vida. Tal vez hasta se ha transformado debido a la pandemia. A lo mejor pensamos igual que Pierre Anthon o, por el contrario, el aislamiento le ha dado un giro a lo que creíamos del mundo y sobre todo de las relaciones que construimos con las personas con las que lo compartimos, así como con nosotros mismos. 

Empecemos hablando de Nada. Los personajes del libro nos llevan a cuestionarnos el presente y el futuro. ¿Qué es importante?, ¿Qué tiene un significado para mí?, ¿Qué tanto importan las cosas? Ellos, a la par de nosotros como lectores, se ven obligados a tratar de responder esas preguntas a partir del día en que Pierre Anthon se sube a un ciruelo y decide que ya no va hacer nada porque nada vale la pena y, por lo tanto, no tiene sentido. Los adultos del libro, son capaces de ignorarlo, como probablemente nosotros podemos hacerlo todos los días, sin embargo, los niños se enfurecen. 

Lo que dice Pierre Anthon afecta especialmente a los niños porque para ellos significa que, si nada importa, si nada tiene sentido, entonces no tienen un futuro, vivir no significa nada. Bajo esta presión intentan por todos los medios probarle lo contrario, ahí es cuando empiezan los verdaderos cuestionamientos internos. Para eso juntan muchos objetos preciados, sin embargo, no son suyos, son cosas que les prestaron otras personas y por lo tanto no tiene significado para ellos.  He aquí el primer golpe de realidad. Lo que para alguien más es un tesoro, para mí puede ser una baratija. El peso que le damos a los objetos, los hace convertirse en vasijas de recuerdos personales, pero eso no les agrega valor ante el mundo, sólo ante mí.

Es en este momento en el que se ven en la necesidad de ser sinceros. Lo que es importante para mí, es algo que me dolería perder. Bajo esta premisa y a manera de cadena, se empiezan a exigir cosas que saben que el otro aprecia. Sin embargo, el rencor no perdona, y cada nueva petición parece una venganza. La realidad es que así es la vida. Si tuviéramos la oportunidad de quitarle algo que realmente aprecia a esa persona que en algún momento nos trató mal o se burló de nosotros, ¿lo haríamos o lo dejaríamos pasar? Probablemente ya hasta estamos haciendo una lista mental de enemigos con sus respectivos tesoros a despojar. Y aunque creamos que los niños funcionan de diferente manera, la realidad es que son humanos y no son ajenos a emociones como el rencor, el enojo e incluso el odio.

Yo creo que por eso muchos relacionan este libro con El señor de las moscas de William Golding. En este pequeño mundo, los niños demuestran que las relaciones sociales funcionan muchas veces bajo el dicho “ojo por ojo”, lo cual desencadena un espiral de acciones que nunca termina. Además de que, entre ellos, al ser todos niños, las jerarquías funcionan diferente pues tienen la oportunidad de ellos mismos definir lo correcto e incorrecto.

Pensando así, cada petición se va haciendo más y más desmedida, cruzando líneas de las que no hay regreso. Una de estas es la solicitud de Oscarito, el hámster de una de las niñas. Ese es un paso que pone a prueba el carácter moral de todos, que aun sabiendo el probable final que va a tener Oscarito, lo consideran una petición justa al compararla con lo que cada uno ya perdió ante lo que ellos llaman “el montón de significado”. 

Y así continúan las peticiones de objetos que en mi opinión representan diferentes tipos de sacrificios y de valores. Solicitan una alfombra de rezos (que además ocasiona una golpiza casi mortal), un telescopio comprado con los ahorros de toda la vida, el pelo azul de una de ellas, la “inocencia” de otra, el cadáver de un difunto hermano de uno de ellos, un cristo robado, etc.

La cumbre es cuando piden la cabeza de una perrita que ellos mismos van a matar y el dedo de uno de uno de sus compañeros, que obviamente tienen que cortarle entre ellos. Cada petición va llena de más resentimiento que la anterior y sin embargo todas parecen justificadas. La propia protagonista, que tuvo que entregar unas sandalias azules nuevas, cree que su pérdida es la misma a la del dedo de su amigo, por ejemplo. Se justifican entre ellos recordándose lo crueles que fueron cuando cada uno tuvo su turno. Siempre teniendo en mente que la motivación final es demostrarle a Pierre Anthon que han juntado una pila de significado, que vale la pena para todos lo que han sacrificado y que, por lo tanto, el futuro es posible.

El libro nos lleva a cuestionarnos hasta donde estamos dispuestos a llegar con tal de demostrar que no estamos perdidos en la nada. Los niños toman la decisión de vender el “montón de significado”, que en un inicio era basura para la prensa pero que de pronto, por una crítica artística positiva, se convierte en la mayor pieza de arte de la historia. Por lo tanto, se llevan con él la identidad, la religión, la personalidad, la integridad, el miedo, la fe, la patria, entre otras cosas depositadas ahí. Sin embargo, con eso se dan cuenta de que Pierre Anthon tuvo razón todo el tiempo. El montón de significado deja de serlo en el momento en que le asignan un precio, y con eso, un precio a sí mismos, a las cosas que sacrificaron, a lo que fueron capaces de hacer. 

La realidad es que cuando leí este libro muchas de las declaraciones que hace Pierre Anthon me llevaron a pensar como él. A pesar de que por mi personalidad le doy valor sentimental hasta a las cucharas, pocas cosas entrarían en el “montón de significado” y tal vez, como los niños, las vendería a un museo por la necesidad de reconocimiento que creo que todos tenemos, aunque sea en lo profundo de nuestra personalidad. Sin embargo, no sé sí sería capaz de cortar un dedo matar a un perrito por demostrar que la vida vale la pena y el futuro es prometedor.

Ese sopesar entre qué es más importante, si cortar un dedo o no tener futuro, por lo menos a mí me asusta. De esas acciones uno ya no puede deshacerse y aunque se pruebe lo necesario, ¿a qué costo se logró? ¿vale la pena después de saber de qué fui capaz con tal de lograrlo? Aunque hay otras opciones, por lo tanto, me parece buena idea contrarrestar esto hablando de una película que plantea que podemos cambiar al mundo, por lo menos en nuestro entorno inmediato. 

Cadena de favores es una película estrenada en 2000. Protagonizada por Haley Joel Osment, Helen Hunt y Kevin Stacey y dirigida por Mimi Leder pero basada en un libro de Catherine Ryan. La cinta habla de Trevor (Joel Osment, que también protagonizó Sexto sentido), un niño que decide iniciar con una cadena de favores como resultado de una atarea asignada por su profesor (Kevin Stacey) en la que les solicita pensar en una idea para cambiar al mundo y ponerla en marcha. La realidad es que Trevor tiene un ambiente familiar no muy ameno pues su madre (Helen Hunt) es alcohólica y tiene una relación complicada con su ex novio que la maltrata y que no quiere al niño. 

La idea de Trevor es hacer un favor a tres personas para que ellos a su vez hagan tres favores y así se inicie una cadena de ayuda. Sin embargo, su plan no marcha como desea ya que la realidad es que muchos tienen problemas que él no puede resolver. Trata de ayudar a un vagabundo alcohólico y este regresa al vicio, luego trata de ayudar a su mamá emparejándola con su profesor para que ella no regrese con su novio abusivo y finalmente, trata de ayudar a su amigo cuando es golpeado por otros chicos que lo molestaban, cosa que concluye trágicamente. 

Esta película yo la vi por primera vez de manera obligatoria como parte de una tarea que me dejaron en secundaria y no me gustó. Yo me identificaba con Trevor, quería que triunfara y que resolviera los problemas de las tres personas de su lista, pero, sobre todo, quería que su vida mejorara, que su mamá dejara de tomar y que encontrara el amor con su profesor porque el niño era una buena persona con el deseo de mejorar el mundo, para él y para los demás. Sin embargo, me dejó confundida, triste y hasta enojada. 

La realidad es que a pesar de que las cosas no salen como se esperaba, sí genera un impacto en los otros a pesar de su fracaso con la lista. A lo largo de la película se demuestra que Trevor logró esparcir esta semilla de ayuda ya que al final se presentan muchas personas en su casa demostrando que les importa. Aunque el resto sea triste, es reconfortante ver que no pasa desapercibido, que hay más personas que creen que ayudar vale la pena. Creo que es una perspectiva distinta a la de Nada de Janne Teller aunque también nos hace cuestionarnos sobre nuestros actos, creencias y valores.

Como comentario final sobre la película y relacionado al tema de nuestra relación con los otros, en su título original (Pay it forward) va señalado lo que implica llevar a cabo la cadena de favores. Necesitas hacer un favor confiando en que más que recibir algo a cambio inmediatamente, esa persona actuará de la misma forma con quien lo necesite en un futuro. Pagará la amabilidad o ayuda brindada, con ayuda o amabilidad hacia otro. Creo que eso requiere mucho de nosotros, puesto que siempre pensamos en recompensas directas como “si soy amable, me van a atender bien”, “si hago todo lo que quiere el jefe, me van a promover”, o hasta “si me porto bien me voy a ir al cielo”. 

Es en este punto en el que creo que se cruzan las ideas de las que hablé. Jean Pierre piensa que nada vale la pena y por lo tanto no hace nada. Trevor cree que puede hacer algo por alguien, que a su vez va a ayudar a un tercero, y así cambiar el mundo. Y aunque en las dos historias las cosas salen muy diferentes de lo que esperaban, ambos logran plantar una idea en los demás que los lleva a un cuestionamiento profundo del sentido de la vida y de nuestras acciones. Ya sea que vayamos inmediatamente a buscar el objeto que pondríamos en el montón de significado o que pensemos en una idea para cambiar al mundo desde nuestra trinchera, la verdadera importancia recae en ese deseo de buscar, de preguntarse, de poner a prueba la realidad. 

Es verdad que el resultado puede que no sea el que queríamos. Puede ser que lleguemos a la conclusión de que realmente el montón de significado dejó de tener valor para ellos al adquirir valor para los demás, o que pensemos que la cadena de favores va a terminar más rápido de lo que empezó cuando le toque su turno a un político, pero la realidad es que las preguntas que nos hacemos son igual de valiosas que las respuestas que pueden traernos. El intentar hace la diferencia entre lo que es y lo que puede ser, ya sea para bien o para mal.


Fernanda Loé Gómez


Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM.
Formó parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboró en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participó como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Es fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros.

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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