Anónima era mujer | Las anónimas, las desheredadas: Breve mapeo de artistas visuales y escritoras ocultas

Por Daniela Zizumbo Tovar 

Es un delito ser mujer y tener talento

María Izquierdo

Giovanni Bocaccio se equivocó cuando afirmó que el arte era algo ajeno a las mujeres, pues su sentencia misógina concluía con la “certeza” de que las mujeres no tenían talento para ser las creadoras. Bocaccio se equivocó, pero hemos tardado siglos en darnos cuenta de ello. 

A lo largo de la historia del arte, han existido artistas femeninas que fácilmente se podrían ubicar a la par de los artistas masculinos, incluso han existido artistas de mayor talento en las diferentes disciplinas de las Bellas Artes, pero la Historia las ha dejado de lado, ocultas  bajo el papel de musas, o en el caso de ponerlas como creadoras, las ha ocultado bajo la máscara del anonimato; como bien lo dijo Virginia Woolf: Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras ha escrito sin firmar, era a menudo una mujer.

Es una constante histórica que las mujeres se refugien bajo el nombre de Anónimo o bajo otro nombre ambiguo que pueda detonar la presencia masculina para firmar sus obras, esto debido a una negativa histórica hacia las mujeres, que eran relegadas a papeles de madres y esposas, con actividades que distaban mucho de fomentarles la creación artística de manera profesional, lo cierto es que las mujeres con el privilegio de acceder a la educación artística no tenían la oportunidad de crecer en ese ámbito, ni siquiera podían firmar bajo un nombre propio sus obras sin ser condenadas a un destino incierto por su talento. Y este no es un caso particular del Arte, esto tiene que ver con otras áreas sociales y científicas donde las mujeres han tenido que apagar su brillo porque el ambiente no les permite explotar su magnificencia. 

El anonimato le daba a las creadoras una forma de seguridad para que su trabajo no fuera prejuzgado y sus ideas fueran difundidas de manera más libre, así es como llegamos a encontrarnos con mujeres de gran talento que firmaban bajo nombres masculinos, o que simplemente no firmaban sus obras. La Historia del Arte se ha construido de manera androcéntrica, excluyendo, y en muchos casos borrando definitivamente, el nombre de las mujeres que han sido pioneras de muchas corrientes artísticas, movimientos y vanguardias. Desde Safo hasta J.K Rowling, las mujeres por siglos han sido ocultadas, excluidas, sus ideas han sido usurpadas y ellas han sido desheredadas por el simple hecho de rebelarse contra el destino de ser musas y atreverse a ser las creadoras. 

Si nos proponemos mapear a algunas de las mujeres brillantes ocultas del arte, esas que no aparecen en los libros de Historia, podríamos comenzar en el siglo X, por la península ibérica donde vivió una monja que se dedicó a ser iluminadora de manuscritos, sus obras fueron firmadas con en nombre de Ende pintrix et Dei aiutrix (Ende, pintora y sierva de Dios); hoy la conocemos vagamente como la primera pintora registrada en España y Europa, aunque sus obras en su momento no fueron de tanta relevancia y su nombre quedó sepultado en el olvido. Tenemos el caso de otra monja que destacó en diversas áreas artísticas, que iban desde la composición musical hasta la pintura, su nombre era Hildegarda de Bingen, mujer extraordinaria que al día de hoy apenas logra el reconocimiento, luego de siglos de silencio. En Italia, como parte del barroco, Artemisa Gentileschi destacó por sus extraordinarias pinturas y llegó a ser reconocida en vida por su talento, aunque su historia estuvo llena de tormentos y humillaciones derivadas de un abuso sexual por parte de su mentor Agustino Tassi.  

La magnífica escultora Camille Claudel fue reducida a ser la amante y musa de Auguste Rodin, quien en varias ocasiones robaba las piezas esculpidas por ella y las presentaba como propias, opacando el talento de Camille. Algo similar ocurrió con la fotógrafa alemana Gerda Taro, quien ocupó el nombre de Robert Capa, y que no es reconocida al mismo nivel que su pareja sentimental Endre Ernö Friedmann, con quien compartía su seudónimo; juntos se encargaron de recorrer España fotografiando la Guerra Civil, luego de la muerte de ella en 1937, Friedmann se queda exclusivamente con el seudónimo y en la actualidad en los museos donde se encuentran exhibidas las fotografías de ambos sólo figura el nombre de él.  Otro caso de apropiación de obra sucedió con la artista Margaret Keane que fue testigo de cómo su esposo presentaba sus pinturas bajo su nombre y se llevaba el reconocimiento, mientras ella pintaba en las sombras del anonimato. 

Helma af Klint fue la pionera del arte abstracto, pintando mucho antes que Kadinsky, aunque no fue reconocida por ello hasta muchos años posteriores a su muerte. Carmen Mondragón, a quien comúnmente conocemos como  Nahui Ollin, no tiene el mismo reconocimiento como artista que su pareja Dr. Alt, ella se quedó en el plano de musa y modelo, sin ser contemplada como lo que fue, una gran pintora y escritora. Alma Reville sacrificó su carrera en el cine para que Alfred Hitchock, su esposo, lograra el éxito mientras ella estaba en las sombras como la asistente de dirección, escribiendo guiones junto con él y dando su visto bueno para tomas de las icónicas películas de Hitchcock, sin llevarse el reconocimiento merecido.

En la literatura tenemos muchos ejemplos de mujeres brillantes que tuvieron que ocultar sus nombres, ya sea bajo un “Anónimo” o en seudonimo,  como es el ejemplo de la autora de la primera novela moderna de la historia que, contrario a lo que se piensa, no fue escrita por un hombre, sino por una mujer japonesa llamada Murasaki Shikibu (aunque no sé sabe aún si este era su verdadero nombre) quien escribió Genji Monogatari, también traducido como La historia de Genji, considerado hoy como un clásico de la literatura japonesa. 

En Inglaterra durante el siglo XVIII tres mujeres se dedicaban a escribir bajo los seudónimos de Currer, Ellis y Acton Bell, detrás de esos nombres estaba la trinidad de las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne, autoras de Jane Eyre, Crumbres borrascosas y Agnes Grey, libros que son referentes actuales en la literatura universal. Ni Jane Austen se salvó de las sombras, en vida ella no firmó ningún libro y en sus publicaciones sólo se mencionaba que pertenecían a la autora de la novela anteriormente publicada. Mary Ann Evans escribió obras que son consideradas como lo mejor de la literatura inglesa y tuvo que ocultar su nombre bajo el seudónimo de George Eliot para evitar que su trabajo fuera desdeñado y prejuzgado por el hecho proceder de la pluma de una mujer. 

En España, la escritora Concepción Arenal tuvo que disfrazarse de hombre para poder asistir a la universidad; como colaboradora en el periodico La Iberia nunca firmó ninguno de sus artículos, para que no se supiera que era mujer, tiempo después fue despedida del periodioco por una ley que exigía la firma obligatoria en artículos con temática religiosa, política y filosófica. Del mismo modo, también en España, Matilde Cherner se ocultaría bajo el nombre de Rafael Luna para ejercer la escritura periodística y novelística donde hacía fuertes críticas sociales a temas tabú como la prostitución. 

La polémica francesa Aurore Dupin, de familia de clase alta que tanto revuelo había causando por su manera de vestir y por sus aventuras amorosas (cosa prohibida para las señoritas de la época), firmó sus obras bajo el nombre de George Sand, teniendo una prolífica carrera como escritora oculta donde destacan libros imperdibles como Un invierno en Mallorca. 

En todo el mundo se habla de la grandeza del escritor F. Scott Fitzgerald, pero poco se ha mencionado como novelista a Zelda Fitzgerald, su compañera de vida; Ella era más ágil y rápida a la hora de escribir, terminando libros completos en pocas semanas, siendo que él tardaba meses en terminar sus obras, se sospecha que Scott Fitzgerald ocupó fragmentos del diario íntimo de Zelda para sus novelas, además de negarle los créditos en obras que habían escrito juntos. En México sucedería algo similar con el matrimonio Garro-Paz, el talento de Elena Garro rebasaría el de Paz, de modo que él se sintió opacado y terminó por eliminar parte de las obras escritas por ella, además de que a su separación, Paz se encargaría de cerrarle las puertas del mundo editorial en México para que le fuera difícil seguir publicando… 

Podríamos continuar mencionando ejemplos, pero las páginas en blanco no nos alcanzan para nombrar a todas las aristas ocultas de la Historia. Cuando creemos que estas cosas ya no ocurren en el arte, llegan a nuestros oídos nuevos casos de artistas de siglos pasados que hoy se descubre que en realidad eran mujeres, o nos enteramos de que las editoriales aún se niegan a revisar manuscritos de autoras femeninas. Casi todos los días, nos enteramos de una nueva usurpación de obras, despidos injustificados para las mujeres en talleres artísticos, como fue el caso de la pintora japonesa Fumiko Negishi, quien hace unos años demandó al pintor Antonio de Felipe por despedirla de su taller, además ella asegura que el pintor le robó más de 200 obras de su autoría, que a lo largo de los años fueron vendidas bajo el nombre de él, sin darle crédito a ella. 

Aún nos encontramos con espacios, como museos, aun segregados donde las artistas ocupan apenas un 10% de participación total. En nuestro mapeo de mujeres brillantes, se pierden nombres que jamás tendrán el reconocimiento, ya sea por la destrucción de sus obras, la usurpación o el anonimato al que fueron condenadas. 

Por hoy, finalizamos el mapeo con nosotras, en dos papeles principales: como admiradoras y como creadoras; nuestro papel como admiradoras del arte es el de rescatarlas, comentarlas, difundirlas, reivindicarlas y regresarles lo que les fue robado a nuestras artistas. Mientras como creadoras nuestro papel es seguir demostrando que Bocaccio estaba equivocado, que el espíritu creador anida en lo más profundo de nosotras; nos toca salir a escribir, pintar, fotografiar, componer, lo que por siglos no nos fue permitido, lo que por siglos nos fue negado, para que algún día deje de ser delito ser mujer y tener talento. 

Fotografía de Daniela Zizumbo

Daniela Zizumbo Tovar. 

Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UAEMex. Ha colaborado con artículos y crónicas en medios digitales a nivel nacional e internacional. También, ha participado en coloquios y congresos con ponencias sobre feminismo y arte, además se ha presentado en eventos en el Estado de México con lectura de creación propia. Además de las letras, tiene interés en las artes visuales, por lo que se encuentra en preparación en esa línea artística. Apasionada de la fotografía, ha publicado fotos en fanzines internacionales con la temática de las mujeres en relación a los movimientos sociales y el punk. 


Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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