Textos híbridos

por Paula Fernández

Y volver, volver, volver…

Me prometí escribir cuando volvieras, sangre mía, y después de casi medio año llegaste cerca del mediodía.

Volviste sin declarar la guerra, volviste y abrazaste mi cuerpo desde dentro. No puedo ni volveré a sentirme sola así, y nos quiero, nos queremos mucho. Sé que estabas, pero quizá la niebla y los cuervos te asustaron, había flores que no conocías y quizá te sonrojaste tanto que no quisiste que te conocieran, te rehusaste a salir.

No estás desde que vi el mundo por primera vez ni estarás cuando me toque marchar, pero me alegro de volver a ser compañeras. Bienvenida de vuelta.

Aquí estamos, han pasado ya doce años desde que nos conocimos y aunque al principio hubo disgustos ahora hay amor, mucho amor. Rosas en la cama, rosas en la ropa como García Lorca solía decir, rosas en el corazón, rosas en esta declaración. Nos ha costado también sudor y lágrimas, pero después de todo este tiempo sigues tu curso. Bienvenida, rosa de mis entrañas, rosa de mi vida.


Llámame Bruja

El insomnio en diferentes fases de la luna, mi sangre casi siempre en luna nueva, la intuición adelantándose a besos y a despedidas.

Leer a los demás casi siempre es trabajo fácil, a veces depende de una mirada, su léxico o lo que defienden hasta tener el corazón en carne viva y en la tráquea. Leer la mano, en la geografía personal, aunque acorta distancias intensifica la vulnerabilidad: ¿cómo es que las historias que a veces guardamos en lo más profundo de nuestra alma se reflejan en unas líneas? Leer las cartas enfrenta paranoias con responsabilidades, pero voltear a verme sin ser la más indulgente o mi peor verdugo, en un punto intermedio, nunca ha sido un trabajo fácil.

Pero si me miro al espejo, hay un brillo en los ojos que nunca se va. Una fuerza invisible que me empuja hacia adelante, sueños tan vívidos que nunca lo parecieron. Alguna vez me dijeron que soy sabia, aunque a veces me siento limitada. Amo hacer mezclas con el propósito de aliviar los dolores corporales y emocionales.  Me llamo Bruja.

Desde que encontré las chispas en los besos y abrazos procuro reproducirlo, procuro que la otra persona también las sienta y quede con una sonrisa de satisfacción. Si escudriño entre mis recuerdos, todo es un jardín de numerosas coincidencias y me niego rotundamente a poner los ojos en blanco y decir que sólo son eso. Mi intuición se ha adelantado a mi raciocinio con cuatro años de distancia, a mi corazón por meses o semanas. Dos sortilegios cumplidos y medio…  Tú llámame Bruja.


Flujo de conciencia invernal

Haz de tu corazón roto un hogar para los pájaros. De tu corazón roto goteará la primera vez que te cantaron en tu cumpleaños.

Alguien cantó feliz al verte en el mar de luces de la ciudad neurótica, tu luz y tu sombra hinchan un corazón feliz, aún no te toca partir.

El mar te abraza

te promete

te devuelve. Y tu corazón volverá a abrazarte desde dentro por los siglos

de los siglos

de los siglos.


Es el verano más frío de mi vida

Es el verano más frío de mi vida porque nunca había pasado tanto tiempo en casa. Las dos semanas que pasé encerrada, a principios del invierno hace nueve años, se han visto superadas con creces. Sólo que en esta ocasión no me acompañan mis abuelos físicamente, el cuerpo me ha cambiado un poco, el pelo me ha crecido mucho y hay ocho patitas que se escuchan por el pasillo. 

Nos enfrentamos con una pandemia, y a pesar de que la humanidad ha vivido muchos sucesos nunca está preparado para vivir nada por primera vez, aunque los cielos azul eléctrico no dejan de sorprenderme. En México, el país donde empecé a echar mis segundas raíces, se muere de Covid-19 , Diabetes tipo 1 o 2 o bien por feminicidio. Estoy sentada en mi cama mientras contemplo las razones que ponen un alto a la existencia de mis semejantes. Son tiempos extraños para vivir, para soñar y planear. Todo cambió, aunque no puedo asegurar con cuántos grados. Hay personas que siento cerca gracias al teléfono y su cámara, otras por sus palabras. El ser humano se las ingenia para querer.

Los pensamientos obsesivos no visitan tan seguido, pero cuando lo hacen recurro a esencias, a falta de flores y plantas en mi habitación propia: Melisa, lavanda, manzanilla, menta, jengibre. Recurro a libros: novela y poesía. A veces, los remedios salen tan bien que me encierro en mí misma. Percibo lo externo sin interiorizar, pero vuelvo a escuchar mis latidos. Los únicos que se permanecen constantes, porque ahora hasta la respiración ha cambiado. Suspiro más porque añoro salir, y me recuerdo que es un privilegio no tener que hacerlo. No sé cuánta gente se quede tras su puerta, tras sus ventanas pero han salido más rosas; llueve con mayor intensidad y más de dos pájaros se han detenido en mi ventana.


Tengo el corazón en la tráquea

Tengo el corazón en la tráquea, no me deja respirar, la boca me sabe a sangre. Sube hasta los ojos y lloro las veces que me he quedado callada. Danzo de izquierda a derecha, del blanco al negro… Y puedo sacar lo que me ahoga o dejo que el peso me lleve al abismo.

¿Por qué callas, niña? ¿Por qué ahora sólo lloras y lloras y te conviertes en lluvia?

Madame Butterfly extiende sus alas de mariposa y me seca el llanto. Aún estoy a tiempo de hablar pero tengo mucho miedo.

¿Por qué callas, niña? ¿Por qué ahora sólo lloras y lloras y te conviertes en lluvia?

 Necesito que mi sangre se torne en mar para limpiarme, para limpiar mis ofensas, mis errores y lo deleznable que puedo ser cuando me siento sola o demasiado acompañada. Los rayos comienzan a electrificar mis huesos y pienso en mi condición de mortal, quien por lo tanto herra pero no se justifica.

Sé que de callar me hundiré esta vez para siempre, y siento lentamente cómo el corazón se posiciona directamente sobre la tráquea.




Paula Fernández Villanueva

Nacida en 1996 y egresada de la carrera en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa, Paula ha publicado en la revistas Bricolage. Revista de Estudiantes de Antropología Social y Geografía Humana (UAM-I) y Evohé: Revista Cultural (USC). Ha participado dos veces en el Coloquio Nacional Efraín Huerta.

 Le gusta escribir cartas a destinatarios fantasma, prosa y escritos híbridos más que otra cosa. Admiradora ferviente de Federico García Lorca, se considera a sí misma lorquiana aunque también guarda especial cariño a autores como Rosario Castellanos, Safo, Sor Juana, Omar Khayyam y José Emilio Pacheco.

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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